Crónica política

No nos aguardan buenos tiempos

Rogelio Alaniz

El mes de enero no anuncia buenas noticias. El fantasma de la crisis financiera ha iniciado el desembarco en nuestras playas y sus consecuencias pueden apreciarse sin necesidad de ser expertos en economía. Crisis como las que ahora nos amenazan, llegan como las catástrofes naturales. Responsabilizar al gobierno sería tan injusto como responsabilizarlo por la sequía. Los Kirchner son políticos y no magos, por más que en algunas ocasiones han pretendido presentarse como soberanos iluminados por ese don.

Los gobiernos no suelen ser culpables de las crisis, pero son responsables de su administración. A los Kirchner no se les puede imputar que no llueva, pero sí se les debe exigir que den respuestas adecuadas a la emergencia. En definitiva, los gobiernos no son responsables de algunas desgracias que nos caen del cielo, pero deben actuar responsablemente cuando las circunstancias lo exigen.

Para afrontar los malos tiempos, hacen falta dos cosas: ideas y prestigio. Ninguna de esas dos virtudes adornan hoy a los Kirchner. Las ideas -si es que alguna vez las tuvieron- las han perdido hace tiempo y el prestigio se les evaporó el año pasado cuando se enfrentaron con el campo y fueron derrotados en toda la línea. Un gobierno en medio de la tormenta, sin ideas y sin prestigio, está mal herido o algo peor. Los primeros que perciben esa sensación no son los opositores, sino los propios peronistas que en estos temas tienen el olfato fino y sensible de los lobos que, a kilómetros de distancia, perciben el olor de una presa que agoniza en la soledad espectral de la estepa.

El dato más elocuente de que “algo podrido se huele en Dinamarca” lo da el hecho, por demás singular, de que ya han empezado a hablar de las candidaturas, no para 2009 sino para 2011. Dicho con otras palabras: los peronistas preparan su propia sucesión, y mientras algunos se acicalan, otros se pintan la cara para asistir a los próximos funerales.

Los peronistas preparan su propia sucesión, y la candidatura de Reutemann se orienta en ese rumbo. La singularidad de la política criolla se manifiesta en que el oficialismo se presenta como una alternativa de sí mismo mientras que a la oposición le cuesta definir candidaturas, alianzas y programas, es decir, todo lo que hace falta para pretender ser una alternativa al peronismo.

Cuando en el futuro los historiadores escriban sobre la huelga del campo en 2008, es probable que manifiesten su asombro por la torpeza de un gobierno que siempre se jactó de su pragmatismo y no se le ocurrió nada mejor que ponerse principista a la hora de enfrentar al sector social más moderno y extendido de nuestra burguesía nacional. En cuatro meses, el gobierno de los Kirchner dilapidó el capital político acumulado durante cuatro años. Su ceguera ideológica y su percepción autoritaria del poder provocaron la hazaña.

Conversando con amigos recordaba que en 1988 Alfonsín había sufrido trece paros generalas promovidos por la CGT y auspiciados por el peronismo. Hoy se sabe que esos paros generales eran conspirativos y facciosos, pero entonces más de uno creía que el peronismo estaba protagonizando una gesta nacional y popular contra un gobierno “gorila”.

El peronismo se habituó a hacerle huelgas a los gobiernos que no son de su signo, pero no están dispuestos a aceptar que les suceda algo parecido. Concretamente, los Kirchner en el poder no fueron capaces de soportar un solo paro. Un mínimo de flexibilidad, de muñeca política, hubiera impedido la catástrofe. Los peronistas no están acostumbrados a que las corporaciones se les rebelen, y cuando ello ocurrió, reaccionaron de la peor manera: con desplantes, con violencia, con mamarrachos, y no perdieron el poder en esos días, porque la oposición no tuvo actitudes destituyentes -para emplear el vocabulario de los muchachos de Carta Abierta-. Y, por sobre todas las cosas, porque Cleto Cobos los protegió con su voto no positivo. Hoy a nadie escapa que si la famosa resolución 125 hubiera sido aprobada en el Congreso, los días de la señora Cristina hubiesen sido críticos porque el campo y sus aliados no hubieran estado dispuestos a perder en una rosca parlamentaria lo que habían ganado en la calle y en el corazón de la gente.

Curiosamente, el único planteo de destitución que se conoció en esos días lo propició Néstor Kirchner, el mismo que incendiaba las tribunas llamando a luchar contra la oligarquía y los comandos civiles. Hoy, desde las usinas del poder, se acepta que él presionó a su esposa para que renunciara y que sólo la intervención providencial de algunos ministros con dos dedos de frente impidió que se consumara la maniobra destituyente, denunciada por Carta Abierta con su habitual perspicacia.

Los mismos adversarios de aquellos meses son los que ahora se están alineando para enfrentar a un gobierno que, en términos pugilísticos, está contra las cuerdas. Los chacareros no han respetado el mes de vacaciones por la sencilla razón que la gente del campo por lo general no tiene vacaciones, mucho menos en tiempos de crisis. No soy un experto en cuestiones campesinas, pero vivo en la pampa gringa, viajo y miro y esa simple relación con el paisaje es la que me permite apreciar que en el campo se invierte y se trabaja, se invierte con creatividad y se trabaja duro.

Es en esta pampa gringa, como la calificara el historiador Ezequiel Gallo en su célebre libro, donde se logró la experiencia social más moderna, igualitaria y progresista de la Argentina. La combinación de inmigrantes, cultura de trabajo y reparto democrático de la tierra, dio lugar a pueblos y ciudades integrados y prósperos, en el pasado y en el presente.

No se exagera cuando se dice que en los últimos años la gran revolución económica en la Argentina se ha producido en el campo. A este complejo universo productivo de intereses, generación de recursos, modernización tecnológica y recursos naturales -la base real de un capitalismo agrario y democrático en la Argentina-, el gobierno nacional ha pretendido reducirlo al eslogan de “oligarquía terrateniente”. La consigna pretendió movilizar a la sociedad en contra del campo bajo el supuesto de que se trataba de piquetes de la abundancia, pero los hechos demostraron que la minoría eran ellos y que las mayorías nacionales, en los pueblos y ciudades, estaban con el campo.

La estrategia de los Kirchner hoy no es diferente a la del año pasado. Particularmente el señor Néstor sigue pensando que trata con enemigos y como las autoprofecías tarde o temprano se cumplen, hoy es posible que, efectivamente, los productores rurales recojan el guante y se asuman como enemigos de un gobierno que los ha tratado como tales.

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Protestas. Los chacareros volvieron a las rutas porque la ausencia de una política agropecuaria y la sequía extraordinaria se combinan para hacer estragos y comprometer su sobrevivencia.

Foto: El Litoral