La sequía en Margarita
La sequía en Margarita
Lagunas secas y cultivos en crisis
En el 2008 sólo llovió la mitad del promedio histórico. Los productores sufren fuertes pérdidas en sus cosechas y en el estado corporal de sus animales, que luego impactan en la actividad económica de su pueblo.
Gastón Neffen y Juan Manuel Fernández
El productor Hugo Romagnoli se pasa el día arriba de la camioneta. Va de un lado para al otro en sus 680 hectáreas y en las más de 1.000 que le arrienda a su padre. ¿Qué hace? Reparte rollos entre sus vacas —porque hay muy pocas pasturas—, revisa el estado de sus aguadas y consulta con veterinarios e ingenieros agrónomos.
“La situación es crítica, por eso no descuido el campo un minuto. La sequía te obliga a tomar decisiones difíciles todos los días”, cuenta Romagnoli a Campolitoral. Y también te hace gastar mucha plata. Para que no se muera su plantel de 300 vacas de cria este productor “invierte” 600 pesos por día. Con eso compra tres rollos y algunas bolsas de alimento balanceado.
Cada vez que se acerca a sus animales, las vacas comienzan a balar —como ladran los perros y maúllan los gatos cuando piden comida—. “Es que se acostumbraron a que les traiga los rollos”, explica, mientras se acomoda el sombrero de paja.
Romagnoli hace este esfuerzo económico porque no se resigna a perder tres décadas de trabajo genético en su rodeo brangus. Los productores que no consiguen financiación no tienen otra que ver morir sus vacas. “En el distrito Margarita perdimos 5.000 animales”, estima Livio Krumbein, presidente comunal de esta localidad.
El padre de Alcides Wozniak, productor ganadero y transportista, tomó una decisión drástica. “Mi viejo juntó toda su hacienda en 6 camiones jaula y la vendió, dice que así por lo menos no gasta más”. Wozniak hijo decidió seguir adelante. Tiene un campo en los Bajos Submeridionales (sobre la ruta 98) y día por medio carga un camión cisterna para llevarle agua a sus vacas. “Lo hago personalmente y es un esfuerzo bárbaro. Lo aguanto económicamente porque el camión es mío, pero los que tienen que pagar el flete están al límite de sus recursos”.
La actividad comercial de Margarita (5.000 habitantes) está sintiendo la falta de agua. Según los datos del INTA Calchaqui aquí llovieron 600 milímetros durante todo el 2008, cuando lo normal son 1.200. “Es que la economía del pueblo se mueve 100 por ciento con el campo”, precisa Krumbein. Un buen termómetro para medir la recesión es el bar de la estación de servicio sobre la ruta 11, un lugar por el que pasan todos.
El concesionario Miguel “Rito” Fernández cuenta que los productores no tienen respiro. “Ellos siempre venían a la tardecita a comer una picada, o a tomar un café. Ahora nada. Están todo el tiempo apurados llevando rollos y agua a la hacienda”, asegura.
También confirma que el transporte de granos está paralizado, otra importante fuente de ingresos para su negocio. “Los camiones no vienen más a la noche”, destaca. En este momento, las cuentas de Fernández cierran por el movimiento de las vacaciones. Pero en estos meses tuvo que ajustarse bastante. Se quedó con menos empleados y cada vez duerme menos para cubrir esos turnos.
“Girasol rodillero”
Los negocios de Margarita también dependen de los ingresos que generan los granos. “Acá se perdieron cinco cosechas al hilo”, apunta Néstor Paduán, perito clasificador de la Cooperativa Agrícola Mixta de Margarita.
La soja del 2008 fue afectada en su etapa final por la falta de lluvias. Después fracasó el trigo, el sorgo y el girasol. “Esperabamos 30.000 toneladas de este cultivo y vamos a cosechar 6.000”, precisa Paduán. En los lotes que están cerca del pueblo, los plantas de girasol apenas llegan a las rodillas y están quemadas y secas. El maíz
Lo que puede pasar con la soja todavía es una incógnita. Las plantas son muy chicas y están muy lejos de cubrir el surco. “Pero si hay buenas precipitaciones el estado del cultivo todavía puede mejorar”, opina el ingeniero agrónomo Germán Pogliani, que asesora a los chacareros de esta región.
En Margarita cuando los cultivos fracasan, la gente se queda sin plata. “Los productores tienen fuertes deudas y no compran nada, acá todo se mueve cuando llueve”, explica Paduan. Es que compraron a crédito los insumos para las cosechas que arruinó la sequía. Además muchos aún están pagando las cuotas de los tractores, sembradoras y cosechadoras.
“La cadena comercial está quebrada”, insiste Krumbein. Los cultivos no rindieron los suficiente para pagar los arrendamientos, los ganaderos tienen menos efectivo para los sueldos de los peones y los camioneros no viajan. “En mi negocio de electrodomésticos no se vende nada”, agrega el presidente comunal, quien cree que si el agua no vuelve muchos negocios tendrán que cerrar.
Lo mismo piensa Paduán. “Esto recién comienza, todavía se están usando los ahorros. En marzo se agrava la crisis”, concluye.
Es todo lo que hay. Estos son los últimos charcos de agua de uno de los arroyos de la laguna El Palmar
Foto: Juan manuel fernández
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Las última mojarras
La Laguna El Palmar (40 kilómetros al oeste de Margarita) ahora es un inmenso desierto de polvo. En los pocos charcos que quedan sólo resisten algunos chajás —todos amontonados—, el resto de los flamencos y las garzas “volaron”. Los peces se murieron todos. Las últimas mojarras están en una aguada de Hugo Romagnoli. “Las rescató mi hija y acá sobreviven”, cuenta.
La presión de la sequía afecta a toda la fauna silvestre. Cuando Campolitoral viajaba hacia el palmar un auto se había quedado en una zanja por esquivar un puma. “Se los ve mucho más porque tienen hambre y sed, igual que los guasunchos (ciervos)”, dice Romagnoli.