CULTURA
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EL ESCRITORIO, CON LA PRIMERA MÁQUINA CON QUE EMPEZÓ A ESCRIBIR ANTES DE USAR LA COMPUTADORA.
Vivir para escribir
Cristina Bajo escribió durante 30 años pero recién publica desde 1995.Su último libro “Elogio de la cocina” es un homenaje a su provincia, a sus gustos e infancia, y se disfruta con todos los sentidos.TEXTOS. NANCY BALZA. FOTOS. DAVID JUÁREZ.
¿Cuántos matices se pierden en un intercambio virtual? Para quienes gustan de una charla cara a cara, la oportunidad de repreguntar, de interpretar gestos, de representar silencios, de incluir paréntesis para las risas. La tecnología pone nuevas reglas a las comunicaciones, pero acorta distancias. Y así ocurrió con la escritora Cristina Bajo con quien Nosotros dialogó a pesar de los casi 350 kilómetros que separan a esta ciudad de su Córdoba natal.
Flamante autora de “Elogio de la cocina”, pero conocida y reconocida por una intensa producción literaria, esta mujer que escribe desde siempre aunque publica desde hace poco, definida por “El País” (España) como “la nueva gran dama de la literatura argentina”, distinguida como “La Mujer del Año” por la legislatura de su provincia, y merecedora de otros premios y reconocimientos, sigue sumando proyectos y confirmando que lo suyo es la escritura a la que define como “una pasión, un hobby y una necesidad”.
“No es fácil ser cordobés, porque nacimos de una desobediencia, porque nos castigaron con una injusticia y porque nuestros fundadores eran algo raros: traían más libros que armas”, escribió alguna vez Cristina Bajo para acercar a los lectores una pincelada de su aldea, la misma que retrata en sus obras y que no cambia por otra.
De su territorio y de la vida que transcurrió entre las sierras se nutren sus obras y también el libro que la llevó una vez más a las tapas de los suplementos literarios y a presentaciones en distintos puntos del país. “Elogio de la cocina no es sólo un libro de recetas, es un libro de memorias que conviven con esas recetas. Pero, esencialmente, es el libro dedicado a mi madre, a su pasión por la vida, a su disfrute del arte y la lectura. Y por haber hecho de mi infancia un tiempo inolvidable”, cuenta la autora de “Como vivido cien veces”, “En tiempos de Laura Osorio”, “La trama del pasado”, “Sierva de Dios, ama de la muerte” -relanzado como “El jardín de los venenos” y que le valió el premio especial Ricardo Rojas- y “Tú, que te escondes”, entre otros títulos.
Pero antes de publicar su primer libro en Ediciones del Boulevard -creada en 1995 a ese efecto-, fue maestra rural, se casó, tuvo dos hijos, abrió una librería, diseñó ropa artesanal, recogió animales abandonados, plantó árboles y siguió escribiendo, tal cual reseña una breve biografía que alcanza para acercarse a su universo. De una u otra manera, el resto se cuela en sus obras.
UNA VOCACIÓN ANUNCIADA
- ¿Cómo comenzó a escribir?
- La hora que más disfrutaba en clase era la de Redacción, además de Lectura. Iba al colegio de monjas de Unquillo y una de mis maestras, la Hermana Esther, notó mi habilidad y como mis hermanos y yo estábamos medio pupilos, al terminar con los deberes me daba ejercicios de escritura. En casa tenía un cuaderno donde anotaba frases, cosas que me llamaban la atención, versos e historias para contar a mis hermanos, además de los libros que quería que mis padres me compraran.
- ¿En qué se inspiraba?
- En las películas que veíamos en el cine Municipal y en los libros que mamá nos leía al atardecer, en la cocina de la vieja casa de Cabana. Por eso, cuando elogio la cocina, no me refiero sólo al arte de cocinar, sino también al lugar en que se come, donde transcurre gran parte de nuestra vida. En la cocina, mis padres, durante la cena, nos hablaban de su infancia y de nuestros abuelos, de viejas películas y animales que nunca llegamos a conocer, como el perro que me cuidaba en el cochecito, bajo un árbol, en el jardín de la casa en que nací. Esas historias, que aún recuerdo, motivaron este libro.
- ¿Se podría decir que pinta su aldea, aunque sea en otra época?
- Si, y sin proponérmelo, he pintado el mundo, un mundo más perdurable de lo que suponemos: personas que tienen la mitad de mi edad, que han crecido en otras provincias -Corrientes, Salta, Neuquén- me han escrito, emocionadas, porque mi libro les recordaba su infancia o la de sus padres.
MUCHAS LECTURAS
- Una de sus pasiones es la escritura e intuyo que otra es la cocina, ¿logró unir ambas en su último libro?
- Hay algo sensual en la escritura y en el cocinar: las palabras, los sentimientos, los recuerdos, los sabores, los colores, los aromas; algunos lectores dicen que en mis novelas sienten los olores. Hay páginas memorables relacionadas con el acto de comer, como cuando Marguerite Yourcenar, en su Adriano, habla del sabor de la carne asada, sangrante, ingerida después de la batalla, del vino áspero, de las especias llegadas de un Oriente más civilizado que el Imperio. Otros novelistas han convertido a sus personajes en perfectos cocineros, como Vázquez Montalbán y Rex Stoutt.
- ¿Cómo imagina que se lee su último libro? ¿Como un texto de cocina o como literatura?
- Creo que Elogio de la Cocina presenta varias lecturas: como memorias de una época, lo que lo acerca a la narrativa, o un compendio de recetas que se entrecruzan, sin que me lo hubiera propuesto, con autores universales: Tolstoi y el Lomo a la Karenina; el té de Lewis Carroll, el pavo de Dickens, el cocktail de “Mujercitas”, la India de Kipling y las salsas agridulces, las novelas históricas españolas con la receta de Aves a la Montiño, los celtas y las almendras, el pan en la poesía de Gabriela Mistral. Y uniendo memorias, recetas y epígrafes, la pintura. Las ilustraciones y el diseño del libro son sumamente atractivos.
EL LUGAR PROPIO
- ¿Cómo es el lugar en el que escribe?
- Mi escritorio es una pieza no muy grande, alta, bien iluminada. Tiene bibliotecas en cuatro de sus cinco paredes con obras de consulta: enciclopedias, libros de arte, diccionarios, mitología, varios de Historia Argentina, biografías, arquitectura colonial, geografía, agronomía y otros temas. Colecciono también novelas históricas argentinas y sudamericanas del siglo XIX que me traen mis amigos de sus viajes. Y poesía, que me gusta citar.
Para contener el resto de mis libros, hay estanterías y bibliotecas en todas las habitaciones, hasta en la cocina.
- ¿Cuáles son sus momentos preferidos para escribir?
- La noche, cuando todos duermen, no suena el teléfono ni el timbre y ya terminé con mis tareas: cuidar las plantas y mis animales. Suelo acostarme al amanecer, pero no me duermo sin haber leído unas páginas.
- ¿Qué lee cuando no está frente a la máquina? ¿Qué materiales recomienda?
- Me gusta leer de todo, pero mis preferidos son los policiales, que me obligan a capear las trampas del autor. Ahora estoy leyendo “Los hombres que no amaban a las mujeres”, de Stieg Larsson. Tiene unas páginas tediosas al principio, sobre corrupción empresaria, qué leí por arriba. El resto atrapa. Para misterios antiguos, “Cicuta al anochecer”, de Peter Tremayne. Saliendo del género, recomendaría “El último encuentro”, de Sándor Márai; los de la Némirovsky y “África”, de H. Lanvers, un libro excelente, de viajes y experiencias. Y no nos olvidemos de leer novelas románticas, que levantan el ánimo.
ESCRIBIR, UNA NECESIDAD
- ¿Qué opina cuando se dice, genéricamente, que la gente no lee?
- Si no se leyera no tendríamos tantas grandes librerías ni editoriales con producción para llenarlas. Quizás los jóvenes estén quedando algo atrás porque Internet los fascina, pero he notado que los chicos y los adolescentes se sienten atraídos por los libros. Harry Potter y los Hobbits, en esa comunión maravillosa de libro+imaginación+ilustración+ película, tienen mucho que ver. No creo que la situación sea catastrófica. En casi todo el país, aún en pueblos pequeños, se están abriendo Ferias del Libro que reúnen mucho público, lo que es muy alentador.
- ¿Qué es para usted la escritura?
- Alrededor de los once años comprendí que “cuando fuera grande” quería ser escritora. Nunca cambié de opinión. Estoy trabajando en la continuación de “La trama del pasado”, tengo una novela policial empezada, quiero seleccionar una antología de cuentos de terror para jóvenes, otro de leyendas infantiles y un proyecto a varios años de un libro de cocina criolla. En fin, tengo la cabeza llena de ideas, porque escribir es, para mí, pasión, hobby y necesidad. Creo, como Erich María Remarque que, si uno puede vivir sin escribir, no debería escribir.
ENTRELÍNEAS
“En la cocina, mis padres, durante la cena, nos hablaban de su infancia y de nuestros abuelos, de viejas películas y animales que nunca llegamos a conocer, como el perro que me cuidaba en el cochecito, bajo un árbol, en el jardín de la casa en que nací”.
Cristina Bajo, escritora.

PORTADA DE SU ÚLTIMO LIBRO, “ELOGIO DE LA COCINA”.

EN SU CASA DE CÓRDOBA.
LA PATRIA CHICA
-¿Qué significa Córdoba en su vida?
- Suelo decir que Córdoba es mi patria. Me enorgullece su pasado en cuanto a educación, a la templanza de sus jueces en épocas en que se condenaba a la gente por sus rarezas, y porque el cordobés era laborioso en siglos en que eso no era lo usual. Lo que Córdoba es hoy me resulta difícil de asimilar, pero siempre queda la montaña, sus villas escondidas y la gente del campo que se levanta, cuando aún es noche, a trabajar.
- ¿Pensó alguna vez mudarse a Buenos Aires para tener un contacto más directo con las editoriales y el público?
- Una vez me lo propusieron, pero no podría vivir lejos de las sierras, de mi familia, de mis gatos y de mis amigos.

LA COCINA, EL ESPACIO QUE HOMENAJEA EN SU LIBRO.