EDITORIAL
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Las decisiones del Papa sobre los obispos lefebvristas
Existe un amplio consenso en admitir que las decisiones tomadas por el Papa Benedicto XVI respecto del levantamiento de la excomunión a cuatro obispos lefebvristas fueron inoportunas y generaron para el Vaticano complicaciones políticas, en más de un caso inéditas. El cardenal Lehmann, una de las autoridades eclesiásticas más reconocidas de Europa por su sabiduría y experiencia, habló de un Papa mal asesorado, una manera sutil o diplomática de señalar el error cometido por el Sumo Pontífice.
Otra autoridad de la Iglesia señaló que, más allá del contenido de las decisiones, no se eligió el momento oportuno para darlas a conocer. Sin apartarse de los buenos modales que dicta la diplomacia vaticana, un grupo de prestigiados teólogos alemanes reafirmó la trascendencia del Concilio Vaticano II y la imprudencia que significa levantar las sanciones a quienes se rebelaron hasta el cisma por desconocer y renegar públicamente de sus enunciados.
En estos días, preocupado por las consecuencias de sus decisiones, el Papa exigió a los sacerdotes lefebvristas que se retractaran de las declaraciones en las que negaron la magnitud del Holocausto. Conviene recordar que las últimas declaraciones del obispo Richard Williamson, que vive en la Argentina, fueron dichas después de que le fuera levantada la excomunión.
El Papa Benedicto XVI ha condenado de manera explícita a través de sus declaraciones y escritos al Holocausto y a los nazis. Pero lo que se discute en estos momentos —discusión secular porque no tiene que ver con un dogma de fe, sino con un hecho histórico— es la gravedad de una decisión que permite la inclusión en la Iglesia Católica de personas que niegan los crímenes desatados por los nazis contra los judíos, o que consideran que estos últimos eran merecedores de actos aberrantes.
Las reacciones de la canciller alemana, Angela Merkel, pusieron en evidencia las consecuencias políticas de la decisión del Papa. Merkel se expresó con términos muy claros porque a nadie se le escapa que los alemanes son particularmente sensibles al tema del genocidio judío. Protestante y de filiación política conservadora, la mandataria recordó las posiciones del Estado en el tema, señaló que la negación del Holocausto en Alemania es un delito y, con mucha discreción, recordó que el Papa es alemán y no debería desconocer estas cuestiones.
Desde el punto de vista estrictamente religioso, daría la impresión de que la estrategia del Papa es reintegrar al seno de la Iglesia Católica a las “ovejas que abandonaron el rebaño”. Atendiendo a los resultados de esta estrategia, al impacto que tuvo en la opinión pública, incluidos jefes de Estados, dirigentes de otras religiones y dignatarios de la propia Iglesia Católica, todo hace pensar que, más allá de los contenidos de esa resolución, los resultados han generado más conflictos y contratiempos que armonías y reconciliaciones.