Política y periodismo

El periodismo tiene tantos vicios y defectos como las personas que lo ejercen, pero no cabe duda de que la Argentina sería mucho peor si se apagaran las voces y se cegaran los textos que día a día informan sobre lo que sucede, exponen los hechos, critican a las autoridades y sirven de canales para que la ciudadanía se exprese.

Apuntes de política provincial

Alfonsín y el tiempo interior

La muerte del doctor Raúl Alfonsín era un hecho esperable. Podía ocurrir horas antes u horas después, según el tiempo que mide el reloj, pero las señales de su deterioro físico marcaban el advenimiento de un final.

Al margen de la crónica

Poderoso el chiquitín

Aedes aegypti no fue arquitecto de Ramsés II, ni lugarteniente de ningún otro faraón. Es apenas un mosquito; aunque no cualquier mosquito sino uno especial, que tiene el lomo que parece dibujado por Courreges, el diseñador que-...

De domingo a domingo

Paradigmas de diálogo y de consenso

El Papa eligió el mejor de los calificativos para contextualizar la figura de Raúl Alfonsín. “Era un hombre de concordia”, dijo, y esa sencilla definición que no lo endiosa ni esconde sus poco felices actos de gobierno, tampoco desecha el resto de sus virtudes. La sencillez del marco que usó Benedicto XVI para caracterizar su vida política ha contribuido a bajarlo del altar de “padre” de una democracia en el que muchos han querido mostrarlo, una evidente exageración que no debería esconder su rol de emblema emergente de un proceso de muchos años, en el cual muchos más hicieron lo suyo y que desembocó en 1983 en una instancia crucial de la historia argentina, en la que Alfonsín venció al peronismo casi sobre la línea de llegada. Con sus palabras, el Papa lo engrandece desde un valor que solía tener una altísima ponderación, ya que conlleva una gran capacidad de negociación, lo que supone saber encauzar las posiciones a través del diálogo aunque, como en su caso, sin resignar firmeza o el puño crispado.

ANOTACIONES AL MARGEN

El pasado, la furia

San Agustín de Hipona, en las “Confesiones” (397-398), subraya que, en la noción del tiempo humano, se impone como rasgo central la consideración del presente: “(...) quizás sería mejor decir que los tiempos son el presente del pasado, el presente del presente, y el presente del futuro” (...) “... el presente del pasado es la memoria, el presente del presente es la intuición, el presente del futuro es la espera...”.