Llegan cartas

 

Crisis mundial y mercado inmobiliario local

 

 

 

Alberto Bottai. Presidente Centro Inmobiliario Computado.

Señores directores: Nosotros los argentinos no estamos estrechamente conectados con esta crisis. (Creo que la nuestra se debe al conflicto con el campo y la sequía). Y sobre todo, no estamos conectados con los precios de los inmuebles, prácticamente la generadora de esta crisis en el exterior.

Por este motivo, debemos separar cuidadosamente lo distinto del mercado europeo y norteamericano, donde se vivió otra realidad en relación con los créditos para viviendas que eran de fácil obtención, a veces por la totalidad de la compra y a tantos años que hacía que la cuota resultara accesible a toda persona y donde no se exigían requisitos importantes. En otras palabras, le prestaron a quienes no podían devolverlos.

Y esto hizo que en Europa y en los EE.UU. los precios crecieran, por esa facilidad para que las personas compren, a cuatro o cinco veces los valores de la Argentina. En Japón, al final de los años 80, se otorgaron créditos a cien años. Sí, leyó bien, créditos a cien años; se los llamaba créditos de las tres generaciones. Esto se produjo en la época en que Alfonsín vendió nuestra embajada en Japón. La crisis que sobrevino después, de la cual Japón todavía no se recuperó totalmente, poco afectó al resto de los países que no entraron esa burbuja de precios.

Muy distinto es el caso de la Argentina, donde los escasos créditos se otorgaron a pocos con ingresos suficientes para devolverlos.

Por esta situación, los precios de nuestros inmuebles no se desinflan, porque nunca se inflaron, más allá de la devaluación de las monedas fuertes como el dólar.

Y a propósito de la devaluación de las monedas fuertes. ¿Cómo están solucionando la crisis internacional los líderes mundiales? Con gran emisión. Fijémonos los miles de millones que liberaron Bush, Obama, y en Europa, Gordon Brown, Sarkozy, etc., que sin duda significa una devaluación en relación con la propiedad inmueble, porque papel moneda se puede emitir a voluntad, pero no se puede agrandar la superficie de la tierra. Si usted piensa que estas palabras son un cuento rosa de parte de un inmobiliario para que la gente se vuelque a la compra de propiedades, les dejo un dato comprobable para que puedan reflexionar: hace 25 años (1984) un departamento de un dormitorio costaba en promedio 6.000 dólares. Hoy cuesta aproximadamente 60.000. En otras palabras: superando las crisis ocurridas en estos años, los inmuebles subieron, en dólares, diez veces.