AVANCE CIENTÍFICO, VACÍO LEGAL

Selección de embriones: una decisión que genera polémica

El caso de Santiago Kemmerer, el chiquito de San Vicente, plantea un debate ético: para curarlo de su leucemia, sus padres recurrirán a una técnica que permite elegir, fecundación in vitro mediante, un pre-embrión compatible que luego sea capaz de donarle sus células. A falta de legislación, la decisión de qué hacer con los pre-embriones que no se utilizan queda a criterio de cada pareja.

NATALIA PANDOLFO

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Seguramente quien escribió aquello de que es un soplo la vida no imaginó que, medio siglo después, la frase tendría aplicaciones empíricas tan concretas.

Hace tres meses, la historia de Javier trepó a las tapas de los diarios del mundo: fue un bebé concebido especialmente para que las células de su cordón umbilical pudieran curar a su hermano, Andrés, de 7 años. Javier nació en España en octubre de 2008; en marzo siguiente los médicos anunciaban que el proceso había sido “un éxito”.

Más cerca, en San Vicente -a 100 km de Santa Fe-, pocos días atrás se conoció un caso parecido, aunque la historia recién está en su etapa embrionaria, si vale la metáfora. Los papás de Santiago Kemmerer, enfermo de leucemia mieloide aguda, decidieron que recurrirán a la misma técnica para que su hijo se cure.

El método se llama diagnóstico genético preimplantatorio y consiste en extraer óvulos de la madre, fertilizarlos y obtener una serie de pre-embriones, de los cuales se elige el genéticamente compatible con el chico enfermo. Luego es colocado en el útero materno, para dar lugar al hermano de cuyo cordón umbilical se extraerán las células madre a implantar.

La técnica es conflictiva por las implicancias éticas que supone. Descontando que es inadmisible juzgar a un padre en estado de desesperación, las preguntas se inscriben en el ámbito de la comunidad en general, y de la científica en particular: ¿Qué ocurre con los pre-embriones que no son seleccionados? ¿A partir de qué momento se puede hablar de vida humana? ¿Qué implicancias tendrá, en la constitución de la psiquis del niño nacido a través de esta técnica, el hecho de saber cuál fue su origen?

En la práctica, el vacío legal abre un amplio abanico de posibilidades. Los médicos admiten que, por ejemplo, la decisión de qué hacer con los pre-embriones (o embriones, hay toda una discusión en torno de este término) que no se utilizan, queda en manos de los padres. Desde la bioética, cada planteo pone frente a las narices más preguntas que respuestas.

SERVICIOS

La adopción, la congelación o el descarte son algunos de los caminos posibles para los pre-embriones no seleccionados. Desde el punto de vista de una pareja que pelea desesperadamente por la vida de un hijo, el razonamiento es: “se trata de pre-embriones. Entre la fecundación del óvulo y el implante en el útero, pasan sólo seis días. La ley considera persona a partir del día número catorce. El pre-embrión no es vida humana”. Así lo explican Sergio y Yanina, los padres de Santi. Parados en este punto del complejo mapa, ellos afirman que eliminarían los pre-embriones no compatibles.

Desde el Instituto Fecunditas de Capital Federal, el primero que desarrolló esta técnica en Argentina, el Dr. Roberto Cocco sostiene que, teniendo en cuenta que no existe legislación, “hay que respetar la autonomía de los pacientes a rajatabla. Ellos pagan por el servicio, y no para que les impongan condiciones. Suena fuerte, pero el huevo fecundado clivado (dividido) no es un sujeto de derecho: a lo sumo, tiene la potencialidad de terminar en un nacido, siempre que se encuentre en un útero”.

“No hay que confundir fecundación con concepción: Vélez Sarsfield, cuando escribió en el Código Civil “respetar la vida desde la concepción’, seguramente se refería a la primera falta menstrual, es decir, a los 14 días de la fecundación, día en que comienza la verdadera diferenciación embrionaria”, interpreta el médico. El Fecunditas realiza PGD desde 1999: actualmente atienden unos 50 casos anuales. “Santiago seguramente se beneficiará si naciera un hermano histocompatible. La posibilidad de que ello ocurra depende fundamentalmente de la fertilidad de la pareja. Desde lo teórico, lo esperado es que tres de cada 16 pre-embriones sean histocompatibles. Cuantos más pre-embriones, más posibilidades de obtener los histocompatibles”, dice el profesional.

Para Silvia Brussino, licenciada en Filosofía, magister en Bioética y docente investigadora de la UNL, el acertijo no es tan simple de resolver. Su reflexión parte de una base inflexible: “En ningún momento se trata de juzgar la actitud de los padres. Como ser humano, como madre, no sé cómo procedería si me tocara atravesar esa situación. Hay que correr la discusión de ese lugar: esos padres tienen ya el gravísimo problema de un hijo enfermo, como para cargar además con el enjuiciamiento colectivo. Pero como sociedad, es necesario plantear el debate”.

LAS PALABRAS Y LAS COSAS

Despejado ese punto, la profesional sostiene que “toda vez que se unen gametas femeninas y masculinas, se está generando vida. ¿Quién tiene derecho a decidir sobre esas incipientes vidas? Son tan lábiles, tan fáciles de destruir: es una gota de alcohol y se terminó. Pero tenemos que saber que ahí hay vida”.

Los otros destinos -la criopreservación, por ejemplo- presentan un recorrido bastante enmarañado: “En el mundo entero hay gravísimos problemas con los bancos de embriones: hoy una familia te dice que los quiere preservar, que en el futuro los va a ir implantando... Y después, la vida los lleva por otros rumbos, y nunca más”, explica Silvia.

E insiste con la cuestión del lenguaje. “Es vida humana, sin ambigüedades. Yo no quisiera que esto se interprete como una traba moral, pero no podemos hacer todo tan light, o edulcorar la realidad de modo que no se note de qué estamos hablando”.

— El suyo es un discurso científico, pero se toca en varios puntos con el de la Iglesia católica.

— Y en otros no. Yo no estoy de acuerdo con la Iglesia en muchos temas, pero hay cuestiones que fueron abordadas incluso por la Unesco: ¿de qué hablamos cuando hablamos de la dignidad del ser humano? Si convertimos esto en un eufemismo del cual nos podemos correr cuando queremos, creo que nos estamos equivocando.

Hace un par de años, la bibliografía específica reportaba como una remota posibilidad el hecho de que un bebé a la carta pudiera curar a un hermanito, cuando no había donantes compatibles en la familia. Hoy ya es parte de la discusión. La línea se va corriendo, y yo creo que no está mal, pero en la medida en que no eludamos nuestra responsabilidad como sociedad, y fundamentalmente, la competencia en esto de los que más saben.

NOTICIA DE UN ÉXITO

¿El embrión es un ser humano? ¿Desde qué momento? Éste es uno de los ejes que definen el punto de partida de la discusión. “La selección embrionaria se hace en los primeros tres días. Hasta el día 14, cuando se produce la anidación en el útero, se habla de pre-embrión. De todos modos, es un nombre controvertido: todas las denominaciones son convenciones. Hay quienes dicen que el término pre-embrión connota que no se trata de vida humana, sino una masa de células en la cual es posible intervenir o experimentar”, define Brussino.

Para ella, desde el punto de vista de la bioética “hay muchas cuestiones en juego, y no existe una única perspectiva: los casos no tienen nunca una sola mirada. Esta técnica se presenta como algo inocuo, como una alternativa más: tenemos que saber que no es tan así. Hay una gran cantidad de implicaciones, un alto grado de conflictos éticos. En este caso, estamos hablando de buscar la vida de una persona no por su valor en sí misma, sino como medio para otro fin”.

Otra cuestión es la de los riesgos: en este punto, el Dr. Cocco insiste en que “en la etapa pre-embrionaria, el efecto sobre las células es del todo o nada: no hay posibilidades de malformaciones congénitas. Los resultados en casi 5.000 nacidos biopsiados en etapa pre-embrionaria lo avalan”. Brussino no coincide: “Existen distintas opiniones respecto de las consecuencias que podría traer esta técnica para ese futuro ser humano: hay una línea científica que plantea que las pruebas que se practican para ver si es compatible podrían acarrear dificultades posteriores, inclusive malformaciones, en el individuo”.

“El caso de España fue pionero, y los medios -y los médicos-, en ese momento, usaron el calificativo “exitoso’ para definirlo. Lo que se le ofrece a las familias que atraviesan estos problemas es una técnica que se presenta casi como infalible. Pero hay un alto grado de fracasos”, asegura la profesional.

“Personalmente creo que tendría que haber una situación muy excepcional para acudir a esta aplicación. Hay que tener cuidado y evaluar muy bien el caso. Debería haber un debate social: hasta dónde estamos dispuestos a llegar, con todas las connotaciones y a la luz de los verdaderos resultados”, afirma la especialista.

EL VIOLENTO OFICIO DE DISCERNIR

Cuando su hijo era pequeño, Silvia Brussino intentó una prueba casera: le preguntó cómo se sentiría si hubiera sido creado para salvar a un hermano. Si fuera, como se los denomina, un “bebé medicamento”. La respuesta fue tan simple como implacable: “Por un lado, me haría muy bien poder ayudarlo. Pero por el otro... no me gustaría nada, porque no me quisieron a mí: quisieron salvarlo a él”, dijo el chico, con su inocencia como arma.

El razonamiento pone sobre la mesa otro conflicto ético: ¿Qué ocurre, desde el punto de vista emocional, con ese ser humano cuyo origen fue manipulado?

“Estamos determinando de antemano ciertos componentes de su identidad. No estoy diciendo que no tengamos que tener ningún tipo de intervención: creo que es necesario precisar dónde trazamos la raya. ¿Qué características serían no deseables? El término deseable es valorativo: ¿es no deseable tener un chico Down, por ejemplo?”, plantea Brussino.

— ¿Quién debería poner el límite, los profesionales?

— Está demostrado que los profesionales no tienen armas morales superiores a las del resto de la sociedad: éste es uno de los puntos que ha determinado el surgimiento de la bioética. La responsabilidad es de todos, y es un debate que socialmente nos debemos. Tenemos que acostumbrarnos a que en este tipo de discusiones no hay una única posición. Y lo más importante: no hay un ojo divino, un observador imparcial que pueda decirnos lo que tenemos que hacer. Debemos generar argumentos razonables, a través de nuestra propia capacidad de discernimiento.

Selección de embriones: una decisión que genera polémica

Javier Mariscal Puertas es el primer bebé de España que fue gestado para extraer sangre de su cordón umbilical, que luego fue transferida a su hermano de seis años, Andrés, quien sufría una anemia congénita severa. El caso fue presentado como “exitoso”. Foto: EFE

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Los papás de Santi aseguran que descartarán los pre-embriones que no sean compatibles, ya que la ley no los considera humanos.

Foto: GUILLERMO DI SALVATORE

A la orilla de la desesperanza

El caso de Santiago Kemmerer llegó a los medios porque los papás necesitaban el dinero para costear la intervención: diez mil dólares. En San Vicente, un pueblo de unos 6.500 habitantes, en poco menos de un mes se lograron reunir casi ocho mil.

Santi sufre de leucemia mieloide aguda: sus familiares se sometieron a las pruebas pertinentes, pero ninguno resultó histocompatible. Por eso sus papás decidieron buscar un hermanito cuya composición genética pudiera salvarlo. El argumento en el que se basan tiene como sostén la desesperación: “Convivimos con la idea de que en cualquier momento nuestro hijo puede estar al borde de la muerte. Tenemos un norte: salvar a Santi, y vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para lograrlo”, dicen Rubén y Yanina.

La cuenta que habilitaron para quienes quieran colaborar responde a los siguientes datos: Sergio Kemmerer, DNI: 18.200.287, Banco de la Nación Argentina, Caja de ahorro 3317/502/4125865, sucursal San Vicente; o Banco Credicoop, Cuenta Corriente 507097/1, sucursal San Vicente; o Yanina Nicola, DNI: 21.413.147, Nuevo Banco de Santa Fe. Caja de ahorro 2980/10, sucursal San Vicente.

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Los cordones umbilicales de los recién nacidos son utilizados para eventuales trasplantes. En el caso del PGD, se asegura que las células madre, por haber sido seleccionadas, serán compatibles con las del chico que se pretende curar. Foto: ARCHIVO EL LITORAL

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Para la magister en Bioética Silvia Brussino, la sociedad debe plantear el debate respecto de los límites de la ciencia aplicada a seres humanos.

Foto: LUIS CETRARO