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Sucesos
Edición del Viernes 03 de julio de 2009

La sombra que dejó el incendio

El fuego que persigue a los Tello

José Luis Pagés

jpagés@ellitoral

Es Omar Alcides Tello el hombre de 26 años de edad que está bajo sospecha, detenido y a disposición de la Justicia, por el incendio que en el Chaqueño se cobró la vida de una niña la madrugada del 30 de junio.

Omar Alcides -huésped de la cárcel de Coronda entre 2001 y 2002 por ilícitos contra la propiedad- es tío de la pequeña víctima, como también lo es de otra menor abusada sexualmente, delito que su hermana le atribuyó oportunamente.

Precisamente Adriana Tello sostiene públicamente que la quemazón que además de terminar con la vida de su pequeña Anair puso en serio riesgo la integridad de otros siete niños que dormían junto a ella, fue la consumación de una venganza muchas veces prometida por su hermano.

Ahora, el incendio que compromete a Omar Alcides ilumina de modo extraño el oscuro escenario donde tres hermanitos de 2, 4 y 5 años de edad perecieron carbonizados el 3 de noviembre de 2003. Aquellos niños muertos en una casilla del barrio San José también se apellidaban Tello.

Entonces el siniestro se atribuyó a la fatalidad, a un accidente. Supuestamente el fuego se originó al quemarse el cableado eléctrico entre las tirantería y las chapas del techo, de cartón embreado. No obstante los padres de los niños, Roxana Mendieta y Manuel Tello, -el hermano mayor de Omar Alcides-, entendieron que si la casilla ardió como una antorcha fue porque medió una mano asesina.

No obstante las dudas que podrían insinuarse sobre el menor de los Tello, los padres de aquellas desgraciadas criaturas parecen pensar todavía que el responsable de tamaña atrocidad fue un vecino del barrio San José, pero lo cierto es que -al decir de la madre de Anair-, el sumario policial nunca progresó porque nunca nadie investigó nada.

En 2003 los hermanitos Tello, del barrio San José, murieron abrasados por las llamas de un incendio cuando sus padres llevaron a uno de ellos a consulta médica. Ahora, seis años después, Anair murió quemada cuando Adriana, su madre, dejó la casilla donde dormían sus siete hijitos, además de una amiga y un hijo de aquella también, para acudir a una consulta médica.

La noticia de aquella tragedia que este diario anunció con gran despliegue en la edición del 3 de noviembre de 2003, pasó al olvido y si acaso el incendio no tuvo un origen accidental, el responsable permanece impune, todavía. Mientras tanto, los sobrevivientes de la tragedia nunca olvidaron aquel día.

Lo único cierto por el momento es que Adriana Tello junto a seis de sus hijos espera la respuesta solidaria de los vecinos de la ciudad y también de la sensibilidad de los funcionarios de gobierno.

Adriana y los chicos sólo quedaron con lo puesto, al punto que anoche no tuvieron otro recurso que dormir en el suelo. La mujer espera que quienes puedan ayudarla lo hagan cuanto antes y, como su destino ahora es errante, ofrece su teléfono a quienes intenten localizarla. El 156 312064, es su número.

 

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En 2003 un incendio acabó con la vida de tres primitos de Anair Tello, la nena muerta el último miércoles en idénticas circunstancias. Un tío bajo sospecha, sigue preso.

Foto: El Litoral



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