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Edición del Sábado 04 de julio de 2009

Hoy se cumplen 75 años de su muerte

Marie Curie, una mente prodigiosa

Dos veces ganadora del Premio Nobel, sus trabajos sobre la radiactividad fueron decisivos para el desarrollo de la física nuclear. Dueña de una inclaudicable fuerza de voluntad, alcanzó los más altos reconocimientos científicos sin renunciar a las responsabilidades que imponía la vida familiar y la crianza de sus hijas.

Carmen Rodríguez

Agencia EFE

Premio Nobel de Física y de Química, resuelta, altruista y la mujer que más ha influido en el mundo de la ciencia con el descubrimiento del radio, que le acabó costando la vida, Marie Curie fue una mente privilegiada y una mujer prodigiosa de cuya muerte se cumplen mañana 75 años.

La primera mujer en obtener un Premio Nobel; la primera persona en lograr dos veces ese reconocimiento; la primera mujer en doctorarse en Francia y en lograr una cátedra en la Sorbona de París y, por supuesto, la primera de su promoción en la carrera de Física.

Sus trabajos sobre la radiactividad ampliaron los conocimientos de la física nuclear y descubrió dos nuevos elementos químicos, el radio y el polonio, lo que abrió la puerta a una nueva era de la medicina con grandes avances en el tratamiento del cáncer.

Hace sólo unos días, Curie fue votada como la mujer que más ha influido en el mundo de la ciencia, según una encuesta de New Scientist entre personas de la comunidad científica.

Marie era tenaz, austera e independiente, una mujer de fuerza inagotable que alcanzó los más altos reconocimientos científicos y sacó adelante una familia sin plantearse nunca renunciar a ninguna de sus facetas.

Nacida en Varsovia en 1867, hija de un profesor de física y de una pianista, Marja Sklodowska soñaba con una carrera científica y acabó llegando a la Universidad de la Sorbona de París en 1891, donde cualquier minuto que no dedicara a libros era un minuto perdido, según la biografía que escribió una de sus dos hijas, Eva.

Con escasos recursos y la ciencia como única pasión, ni el amor ni el matrimonio figuraban entre sus proyectos, pero ambos llegaron a los 26 años, al conocer a Pierre Curie, profesor en la Escuela de Física, quien no dudó en dejar de lado su carrera para apoyar la de su esposa.

Tras licenciarse en Física y Matemáticas, su gran aventura comenzó en 1897 cuando acometió el doctorado y se interesó por un descubrimiento de Antoine Becquerel, una sales de uranio que emitían espontáneamente rayos de naturaleza desconocida: la radiactividad.

Sobre esa base, el matrimonio lanzó una hipótesis sobre la existencia de un nuevo elemento químico y se dedicó sin descanso a sus investigaciones en un mísero laboratorio, compaginándolas con la enseñanza para poder comer, años que recordarían como los mejores de su vida en común.

En 1898, anunciaron el descubrimiento del polonio y, posteriormente, Marie Curie desarrolló métodos para separar y aislar un segundo elemento químico, hasta que en 1902 presentaron al mundo el radio en estado puro.

Las posibilidades comerciales del radio sirvieron para que el matrimonio diera una muestra de su altruismo, al publicar sus investigaciones, incluido el proceso de purificación, con lo que renunciaron a patentarlo y a lograr así pingües beneficios, pues sería contrario “al espíritu científico”.

Los reconocimientos a su trabajo empezaron a llegar, a pesar de que huían de la fama. La Academia de Ciencias de Estocolmo anunció que el Premio Nobel de Física de 1903 se dividiría entre Becquerel y Marie y Pierre Curie, por sus descubrimientos sobre con la radiactividad.

Pero la vida de Marie dio un vuelco en 1906 con la muerte prematura de Pierre bajo las ruedas de un carro, y aunque no renunció a seguir adelante, sí lo hizo a una pensión vitalicia del Estado: “Soy joven todavía y capaz de ganarme mi vida y la de mis hijas”.

Y demostró por segunda vez su increíble inteligencia y capacidad de trabajo, al recibir en 1911 el Premio Nobel de Química, por sus trabajos en el campo de la radiactividad. Con la llegada de la I Guerra Mundial, y a bordo del “Petit Curie”, Marie y su hija Irene, de 18 años, recorrieron los frentes aliados con material radiológico móvil para ayudar a los heridos, porque “la mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones”.

La Sorbona y el Instituto Pasteur fundaron en 1909 el Instituto Curie del Radio, formado por un laboratorio de radiactividad, dirigido por Marie, y otro de investigaciones biológicas y tratamiento del cáncer.

Pero 35 años de exposición a la radiactividad le acabaron pasando una dura factura: una anemia aplásica, que señaló a su gran descubrimiento, el radio, como responsable de su muerte en 1934, a los 66 años.

Aunque desde 1995 sus restos y los de su marido reposan en el Panteón de París, Marie fue primero enterrada en el cementerio de Sceaux, junto a uno de los amores de su vida: Pierre. El otro fue la ciencia.

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Su trabajo

Marie y Pierre Curie estudiaron los materiales radiactivos, en particular el uranio en forma de pechblenda o uranitita, que tenía la curiosa propiedad de ser más radiactiva que el uranio que se extraía de ella. La explicación lógica fue suponer que la pechblenda contenía trozos de algún elemento mucho más radiactivo que el uranio.

También descubren que el torio podía producir radioactividad. Tras varios años de trabajo constante, a través de la concentración de varias clases de pechblenda, aislaron dos nuevos elementos químicos. El primero, en 1898, fue nombrado como polonio en referencia al país nativo de Marie. Polonia había sido dividida en el siglo XVIII entre Rusia, Prusia y Austria, y la esperanza de Sklodowska-Curie fue nombrarlo al elemento con su país nativo para atraer la atención hacia su pérdida de independencia. El polonio fue el primer elemento químico nombrado por razones políticas, y el otro, el radio debido a su intensa radiactividad. Siempre trabajaron en estos años en un cobertizo y Pierre era el encargado de suministrar todos los medios y artilugios para que Marie trabajara. Pierre tenía temporadas de gran fatiga que incluso le obligaba a reposar en cama, además de que los dos sufren quemaduras y llagas producidas por sus peligrosos trabajos radiactivos.

Poco después, Marie obtuvo un gramo de cloruro de radio, lo que consiguió al tener que manipular hasta ocho toneladas de pechblenda. En 1902, presentan el resultado y los invitan a todos los sitios, a todas las cenas y reuniones, lo que les lleva a la fama. Los científicos les mandaban cartas y los estadounidenses les pedían que dieran a conocer todos sus descubrimientos. Tanto Pierre como Marie aceptan y prestan todas sus investigaciones sin querer lucrarse de ello mediante patentes, un hecho que es aplaudido por todo el mundo.

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En su laboratorio de París, primero con su esposo Pierre y después sola, Marie Curie, trabajó sin descanso hasta poco antes de su muerte, en 1934, a los 66 años. Sus restos reposan desde 1995 en el Panteón de la República, en la capital francesa.

Foto: Archivo El Litoral

/// EL DATO

La hija también

Irene Joliot-Curie, hija de Pierre y Marie, también se dedicó a la Física y Química y también fue galardonada con el premio Nobel de Química de 1935. Había nacido en París en 1897 y murió en la misma ciudad en 1956 a consecuencia de una leucemia, resultante de una sobreexposición a la radiación en el curso de su trabajo, tal como había sucedido con su madre. Junto a su marido, Frederic Joliot, realizó investigaciones en el campo de la química nuclear, buscando la estructura del átomo, en particular en la estructura y proyección del núcleo y que fue fundamental para el posterior descubrimiento del neutrón en 1934, año en el cual consiguieron producir artificialmente elementos radiactivos. Por las simpatías de Irene con el Partido Comunista, fue obligada a renunciar a la Comisión Francesa de Energía Atómica, en 1951.



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