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Prevenir sin dramatizar
No hay recetas para transitar este período cuando el cuidado personal se impone a la recreación. Aún así, es posible reflexionar acerca de este momento.TEXTO. REVISTA NOSOTROS. FOTO. N. GALLEGOS.
A esta altura, chicos y chicas de todos los niveles escolares estarán iniciando formalmente el período de vacaciones de invierno que, para muchos, será prácticamente una continuidad respecto de los días anteriores, porque la recomendación del distanciamiento social sigue vigente.
La propagación del virus de la Gripe A H1N1 motivó que a fines de junio se cierren los establecimientos educativos, y la decisión -que se fundó en la necesidad de evitar que se multipliquen los contagios- puso a prueba la organización de las instituciones y de más de una familia. En realidad, la suspensión de clases ya era un hecho antes de que la decisión sea anunciada de manera oficial: aulas con menos de la mitad de los alumnos y un alto ausentismo por precaución, temor o resfrío declarado, anticipaban la medida.
Sin la rutina y la contención -en conjunto o por separado, según el caso- que supone asistir a la escuela, los chicos debieron quedarse en casa. Y la decisión abrió la puerta a interrogantes de compleja respuesta: ¿cómo lograr que mantengan lazos con sus amistades sin sumar riesgos? ¿Hasta qué punto es posible que se atrasen en los estudios si no concurren a clases? ¿Cómo transcurrir este período sin el auxilio que representan actividades recreativas que ahora están suspendidas?
LAZOS Y REFERENTES
Para las psicopedagogas Alejandra Ferrero, María Alejandra Vassallo y María Ercilia Torrás Roig la respuesta a estos interrogantes está “en cada uno, en el caso por caso, en cómo resuelve el tema cada institución”. Entonces, “habrá escuelas que pueden mantener un nexo con sus alumnos por Internet y otras que no cuentan con ese recurso”.
Precisamente en aquellos sectores más humildes, donde el acceso a la tecnología es escaso, la escuela representa mucho más que un lugar de aprendizaje: “la vulnerabilidad se suma a la vulnerabilidad” . Lo mismo ocurre con los comedores escolares, el lazo con el docente y con la institución. “Allí es importante, más que la pérdida de días de clases, el referente que supone la escuela”, sintetizan las profesionales.
En cuanto a los vínculos, opinan que “esos lazos se pueden sostener: la tecnología puede ayudar, el chat, el teléfono, los mensajes de texto”, siempre que se cuente -una vez más- con esa alternativa. Y si no, encontrarán la forma. Pero el lazo no es contagioso”, coinciden las profesionales que integran la comisión directiva del Colegio de Psicopedagogos. En todo caso, el riesgo pasa porque exista un diagnóstico de la enfermedad.
“Nadie se va a arriesgar y va a ser un ingenuo, frente a un diagnóstico de la enfermedad -apuntan-; por otra parte, hay algo de lo incierto que genera miedo. Hay cuidados que están recomendados para todos, y precauciones que habrá que tomar que son aquellas que transmiten las autoridades sanitarias: lavarse las manos, por ejemplo, o quizá tener más precaución con aquellas personas cercanas que tienen factores de riesgo”.
NI OPTIMISMO NI CATÁSTROFE
En este escenario “es importante no ceder paso a un espíritu catastrófico. Un mensaje para transmitir es, sin pecar de exageradamente optimistas, que la catástrofe no es la única posibilidad de porvenir. Este es un trabajo a hacer entre los adultos y en las instituciones, porque entre lo que no se sabe y lo incierto, los chicos están en el medio”.
En medio del temor y el estigma que parece recaer en aquel que se enfermó o que se convierte en un “caso sospechoso”, están los chicos “que perciben la desconfianza que caracteriza a nuestra sociedad y que se exacerba de manera periódica, ahora con la Gripe A”. Entonces, sin perder de vista que existen medidas sanitarias que debe atender toda la población, es importante “desdramatizar”.
En estas circunstancias “se ponen a prueba todos los aprendizajes, también los de higiene y cuidados personales, que van más allá de la Gripe A”. Pero, además, es una buena oportunidad para reflexionar acerca de “quiénes están sacando ventaja de ésto”.
Convencidas de que “no hay recetas para sobrellevar situaciones que escapan de lo cotidiano, consideran que “mientras se atienden las recomendaciones sanitarias, es posible seguir con otras estrategias: no dramatizar, ser hábiles y no quedarnos sólo con el discurso hegemónico”.