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Destellos que cautivan, fuente de fascinación

Mujeres y hombres han gozado desde la antigüedad con la belleza y la posesión de los diamantes, dones de la tierra, símbolos de poder y ostentación.TEXTO. PROF. EDITH S. MIROZNIK GERMAN. FOTO. EL LITORAL.

Los diamantes simbolizan la búsqueda de la perfección, la voluntad, el triunfo, la firmeza y la rectitud. Proceden del magma volcánico formado en el manto de la tierra, entre 100 y 200 kilómetros por debajo de la superficie terrestre.

La naturaleza nos ha regalado estas escasas y excepcionales piedras, nacidas desde la fuerza y las altas temperaturas del interior de la corteza terrestre. Están formadas por átomos de carbono puro dispuestos en forma cúbica, característica que les aporta su extraordinaria dureza.

Un diamante cautiva por sus destellos. La belleza de su resplandor se debe a que posee un alto índice de refracción de la luz y un gran poder dispersivo: al penetrar, los rayos de luz sufren innumerables reflexiones interiores y la luz blanca se dispersa, regresando al exterior convertida en un abanico de múltiples colores, antes de ser transportados al suelo.

El grado de la belleza del iris del diamante depende, en gran medida, del tallado y pulido de la pieza. Aunque naturalmente los diamantes tienen sus propios destellos, éstos pueden ser mejorados y multiplicados bajo la mano paciente de un lapidario experto.

Es la sustancia natural más dura, más rara y más densa conocida por el hombre y han constituido una fuente de fascinación desde el año 800 a.C., momento en que fueron presentadas por primera vez a la realeza en India. En aquella época los indúes creían que los diamantes se creaban cuando los relámpagos caían en la roca y la península de aquel país fue la única productora de diamantes durante un asombroso período de 2.500 años.

El diamante llegó a Europa muy posiblemente en el tercer siglo antes de nuestra era, quizás como consecuencia de los viajes de Alejandro Magno, que provocaron un enorme intercambio entre los puertos del Mar Rojo y los de la Costa de Malabar, en la India.

Fue en Brujas, concretamente, donde se inventó el arte de pulir los diamantes, allá por el siglo XV, gracias al orfebre local Lodewijk van Berguem.

La fabrica de diamantes Gassan en Ámsterdam, fue la primera que funcionó con vapor en 1880.

Belleza sin defectos

En Amberes está el Centro Mundial del Diamante, y en todo el mundo se utilizan términos como “Calidad de Amberes” y “Corte Amberes”, que no significan otra cosa que el proceso perfecto y la belleza sin defectos de estos diamantes.

Podemos mencionar el diamante azul que formó parte de la dote que Felipe IV regaló en 1664 a su hija Margarita Teresa, figura central de “Las Meninas”, de Velásquez. El pintor sevillano retrató la joya en algunos cuadros de la infanta Margarita Teresa.

Se trata de un diamante especial, originario de la India, de 35,56 quilates. Su tamaño, pureza y color azul hace historia entre los coleccionistas y amantes de las joyas, pero también es conocida y codiciada por los historiadores. La realeza ha lucido esta gema desde el siglo XVII.

El Koh-I-Noor, del tamaño de un pulgar, es la joya más conocida del mundo antiguo. Fue encontrado en la India hace más de cinco mil años y hoy adorna la corona de la Reina Isabel de Inglaterra.

Fuego y brillo

Los diamantes tienen tres cualidades extraordinarias: poseen la cualidad de reflejar la luz. Cuando se corta, recoge la luz dentro de sí mismo, emitiéndola en una lluvia de fuego y brillantez. Es la única piedra mineral compuesta por un solo e inalterado elemento, por lo cual es la piedra preciosa más pura. Es la sustancia más dura conocida sobre la tierra. El acero no puede cortarlo, el único material que lo corta es otro diamante.

Muchas personas creen que un brillante y un diamante son dos cosas distintas, cuando en realidad es la misma, el diamante es el mineral en la forma bruta y tiene varias formas de cortarse (lapidarse), la talla brillante es la más popular, que tiene forma redondeada. También existen otro tipo de tallas como: marquesa, corte esmeralda, princesa, cuadrada o carré, en forma de corazón, de pera, oval o triangular.

Los diamantes continúan siendo un enigma sin resolver, lo que les hace tan atractivos a lo largo de los siglos, la gente ha llegado incluso a morir por ellos.

En la actualidad, los diamantes siguen siendo muy apreciados, su consumo va en aumento, y a su valor estético y ornamental montados en una joya como anillos, aros y colgantes, se las considera una inversión segura. Si un diamante es para siempre una joya con cientos de ellos es un desafío a la eternidad.