Estanislao Giménez Corte
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“El Hombre.... está poseído por la tecnología, y es totalmente ilusorio que la podemos dominar”. Bruno Latour (1)
Resulta inconcebible para mucha gente pensarse, hoy, sin la posibilidad de un acceso irrestricto, libre y a altas velocidades a Internet, la red de redes, si se permite la voz superlativa. Efectivamente, por primera vez en la historia, el uso/consumo de Internet se hace, cada vez más, a expensas del consumo televisivo. Esto, en buen romance, no significa otra cosa que: nunca la TV había “perdido” audiencia a manos de otro medio de comunicación masivo. Hasta ahora. Internet, parece entonces, más temprano que tarde, sacará a la TV de su lugar privilegiado en los hábitos de los consumidores. Si es que ello no ha sucedido ya.
Resulta inconcebible pensarse sin la posibilidad de acceso a ese maravilloso medio/herramienta/soporte y, sin embargo, hace poco menos de quince años, circa 1995, su conocimiento y extensión en los hogares era casi nula, cuando no una rareza. En los casos en los que existía una conexión, además, por lo general, la lentitud del servicio y la complejidad para establecer felizmente una conexión hacía que, más que una ventaja o una posibilidad real de acceso, se tratase de una engorrosa forma de comunicación y de información que a muy pocos satisfacía.
Sí podemos, aunque de forma un poco arbitraria, situar el comienzo de la popularización de la web en 1995. Estamos transitando, grosso modo, los primeros tres lustros desde el comienzo de un fenómeno social y cultural que produjo fenómenos adyacentes o parasitarios y que supuso y supone, en buena medida, pequeñas y grandes revoluciones en el universo de los medios y en los hábitos de los individuos.
PREGUNTAS E HIPÓTESIS
La reflexión a favor y en contra del aludido fenómeno ha poblado publicaciones más o menos especializadas en estos últimos años. Los interrogantes que supone, también. Veamos algunos:
1/ ¿Supone la popularización de Internet una nueva compuerta evolutiva? (2). No lo sabemos aún con certeza. Una compuerta evolutiva define básicamente una innovación tecnológico-social no prevista, que de todos modos sucede y produce una ventaja adaptativa del género humano. El ejemplo más claro (o el más importante) lo representa la aparición de la escritura, y el paso del estado oral a la posibilidad concreta de intercambiar información, primeramente en la forma de sonidos. De allí a la abstracción de conceptos, la historia de la humanidad acusa recibo de esas “implosiones” que modifican el panorama, y suponen asimismo la entrada en una nueva era. La escritura, el lenguaje, la sociedad, “no se inventaron una vez, sino muchas veces; no hay un punto inicial, hay muchos”, señala Piscitelli (3). Si la web puede considerarse a estas alturas es una cuestión que no habremos de responder por lo pronto.
2/ Lo que parece perfilarse como un rasgo evidente de las muchas consecuencias que inferimos a partir de la aparición (y como una característica paradigmática de la era digital), es su carácter bipolar de inclusión/exclusión. Dicho de otra forma: ¿es ya uno de los elementos democratizadores más impactantes de la historia (como lo fue la imprenta, fenómeno con el que se la compara permanentemente) (4) o, como señalan los menos optimistas, será una nueva “barrera” de exclusión -tecnológica, económica-? En “Sólo los paranoides sobreviven”, Andrew Groove (5) considera a Internet un punto de inflexión estratégica que supone la revisión del mundo informático en su totalidad. La cuestión de la brecha digital, empero, está pendiente.
3/ Si asumimos que la información es uno de los “bienes” más preciados de estos tiempos, y que el acceso a las tecnologías de la información es un verdadero “capital”, es importante detenernos en los flujos indicadores de esas tecnologías en los próximos
plazos y analizar de qué forma éstos influirán en enormes sectores de la población. Al día de hoy se sostiene que la web, como “medio de los medios” o como meta-medio, representa una urgente necesidad, de hecho, de modificación del mapa de los medios masivos de comunicación. Y ha generado, en estos quince años, un reacomodamiento de los medios tradicionales en relación con la red. Internet -sostienen numerosos autores- hace posible, concretamente, la postulación de la existencia de una aldea global elaborada por Mc Luhan (6), en una noción sumamente difundida pero igualmente criticada. Aldea global es un oxímoron (7) que no pocos autores han cuestionado severamente (entre ellos: Eco, 1986; Ford, 1994) o reelaborado, en especial bajo la idea de glocalización (Beck; 1992).
4/ Los conceptos de distancia, de frontera e incluso de tiempo (las características de instantaneidad vulneran o reformulan el tiempo que lleva enviar una información), y, de algún modo, el de Estado-nación, adquieren nuevas posibilidades de lecturas o interpretaciones novedosas.
5/ Como lo consigna el mencionado Grove, el crecimiento masivo de la red se potenció no sólo por la cadena de usuarios personales sino por la aparición de la posibilidad de generar negocios, a pesar de ser en sus comienzos un espacio de características anárquicas y de algún modo incontrolable por medio de normativas.
6/ Alguna vez Abraham Moles esgrimió el concepto de opulencia comunicacional (1975). Una posible lectura es que tenemos acceso a más productos culturales o información de lo que estamos en condiciones de consumir. En este contexto, éste adquiere un nuevo significado. Pese a los buscadores y a la agrupación por temáticas afines (los motores de búsqueda cumplen una función esencial), la cantidad exorbitante de información circulante es un ejemplo de la imposibilidad de abarcar los datos y puede observarse, en un juego intertextual, como un caso de opulencia informativa.
LA BIBLIOTECA PERMANECERÁ...
Así como la metáfora de la red es perfecta para la descripción de los “paquetes” o archivos o páginas ligadas por los hipervínculos o hipertextos -fenómeno que entre otras cosas implica la difusión de la lectura no lineal o los recorridos aleatorios de la información-, la noción tradicional de la biblioteca infinita, divulgada por Borges en “La biblioteca de Babel” (1941), reconoce en ese ideal milenario un “lugar/no lugar” donde se concentrara el conocimiento del mundo, sólo que con la enorme diferencia de la virtualidad. “Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta”, escribió el autor argentino más universal de todos los tiempos. Todo en la web parece desmesurado, inasible, inabarcable, interminable. ¿Qué es lo que vendrá? Parecería que no alcanzan la imaginación ni los sueños febriles de la mejor ciencia ficción para ensayar una hipótesis.
1.- Latour, B. “De la mediación técnica: filosofía, sociología, genealogía”. En “Sociología Simétrica”, de Miquel Domenech y Francisco Javier Tirado (comps). Editorial Gedisa (1998).
2.- Piscitelli, Alejandro: “Ciberculturas” (1995), Paidós.
3.- Piscitelli, A. Op. Cit.
4.- Chartier, R y G. Cavallo “Historia de la lectura en el mundo occidental”, Paidós (2001).
5.- Grove, A. “Sólo los paranoides sobreviven”. Editorial Gedisa (1998.)
6.- McLuhan, Marshall. 1968.
7.- Oxímoron: Figura Retórica. Contradicción u oposición de términos en una misma expresión que genera una lectura segunda o metafórica. Ej. “tensa calma/sol negro”.
En 1969, se creó el primer enlace entre las universidades de Ucla y Stanford, por medio de una línea telefónica conmutada, dando origen a la noción de red interconectada. Foto: ARCHIVO