Edición del Sábado 01 de agosto de 2009

Edición completa del día

Todas quisimos ser Patti Smith

Por Roberto Daniel Malatesta

“Sueño americano”, de María Teresa Andruetto. Caballo Negro Editora, Córdoba, 2009.

Esta historia habla de una decaída gloria y de vanidad (quizás no en el sentido más usual, sino vanidad en sentido bíblico, “anhelo de viento”) nos previene Patti Smith al inicio del libro. Patti Smith que nos mira en la foto desde la portada en donde, como un espejo, se reproducen símiles verificables en la distancia y en el tiempo.

Nos probamos en la foto y estamos en la historia, en la narrativa del verso, cuya técnica -nos dice desde la contratapa Jorge Aulicino- “no es el collage..., es la más ardua y más compleja. Es la del arte de narrar. Como quería Ezra Pound, no tiene imágenes que no puedan ser sometidas a examen”.

Pero el libro comienza mucho antes de la foto de Patti Smith, sobre la cual versa el primer poema, comienza con la nena que va por las calles del pueblo a sus lecciones de piano, que piensa que cuando sea grande será concertista y muerde la madera del piano como una premonición. La misma nena que al crecer irá asumiendo las máscaras de la época que le tocó atravesar, la “chica sixty / heavy, dark, con el saquito black y la remera”. Una mujer que concluye que en el sueño americano “no hay futuro ni tradición” que “ todo se funda / a cada instante y coloca en el centro / del mundo su deseo animal / de destrucción”. Con el tiempo, luego de andar descubre la verdad, el corazón podrido del sueño americano, luego de que -como todas las chicas de su época- quiso ser como Patti Smith, o pintora, o profesora de piano, o cantante de rock, hasta como la monja de Calcuta quiso ser, la que llora al hermano muerto, al marido muerto, a los amigos. Y todas las chicas de su edad volvieron al pueblo natal y vieron las ruinas del único cine al que iban los domingos por la tarde, y ellas son un poco la muchacha de Ucrania con su familia disgregada, limpiando los pisos del primer mundo.

Y así se narra el paseo de una mujer que se multiplica en otras que asumen el mismo traje, que se prueban el traje de Patti Smith, un libro de poemas que tal vez sea un solo y largo poema, y acierta Aulicino -desde la contratapa- al destacar un verso: “Las verdades no son sino antiguas metáforas”.



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