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Edición del Sábado 05 de setiembre de 2009

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Vista general de la estancia desde el portón de acceso.

Entre el molino y el tambo

En esta nueva entrega de Arquitectura Rural, historia, patrimonio, turismo, un recorrido por la Estancia “La Cabañita”, en Hipatia, del departamento Las Colonias.

textos ARQ. CRISTINA S. GALETTI / fotos gentileza Ing. Miguel Ferroni

José Weber, el abuelo, llega a la Argentina en 1878, a la edad de 20 años. De origen austríaco, fue el primer molinero diplomado que llegó al país. Desde Buenos Aires se dirige a las Colonias Esperanza y San Carlos en busca de trabajo, donde ya había varios molinos funcionando, entre ellos los del Sr. Klaus.

Al no conseguir el trabajo que esperaba, retorna a Buenos Aires, donde entabla relación, alrededor de 1880, con el Ingeniero Striker y, juntos comienzan a trabajar en el diseño e instalación de molinos.

Se casa con Ana Aguer, de origen vasco-francés, que había llegado al país para desempeñarse como institutriz de los hijos de una familia propietaria de un molino que José, con posterioridad, termina comprando ya que había alcanzado una buena posición económica a partir de su trabajo con Striker.

Contar con esta holganza económica le permite a José enviar a sus hijos Ambrosio, nacido en 1890 y Augusto, nacido en 1892, que habían realizado su instrucción primaria en el país, a completar su formación secundaria en Alemania, más precisamente, en Sttutgard. Allí, Ambrosio, cursa una terminalidad de carácter administrativo contable y Augusto, apasionado por el trabajo rural, cursa sus estudios en la Escuela Agrotécnica de Sttutgard.

Al regresar al país, Ambrosio trabaja junto a su padre en la administración del Molino Central Norte, ubicado en el barrio de Almagro, en Buenos Aires. En este momento, José ya había formado una considerable fortuna y participaba activamente en otras actividades tales como la Bolsa de Comercio. Por entonces gran parte de la comercialización de frutos del país se desarrollaba en un edificio ubicado en la Plaza Miserere, en el actual barrio porteño de Once. A partir de la participación activa de José, se crea como entidad autónoma la Bolsa de Cereales, entidad que, en la década de 1930, adquiere un terreno y construye su sede en Corrientes y Alem.

LOS INICIOS DEL TAMBO

En la primera década del siglo XX compran el Molino Angelita, en Esperanza. Para llevar adelante esta empresa, José convoca a un primo de su esposa Ana, residente en el País Vasco, Luis Aguer quien, durante años, se había capacitado en Europa respecto del manejo de la industria y conocía a la perfección el manejo de una planta de este tipo. Allí, en Esperanza, nacen sus hijos.

Con la incorporación de Luis, gerenciando el Molino Angelita, los Weber enfocan su atención a las otras empresas.

Augusto, siempre interesado por la producción rural, insiste ante su padre y su hermano para realizar la compra de campos, con la convicción de que esa inversión reportará beneficios a futuro. Es así que, en 1913, adquieren una fracción de una legua cuadrada (aproximadamente 2.500 has.), que ya poseía la parte principal de la casa, de cuyos propietarios no conocemos datos.

Luego de la compra se realizan trabajos de refacción y ampliación. Se incorporan, además de las comodidades disponibles en ese momento, las instalaciones necesarias para una correcta explotación que apuntaba, en sus inicios, al engorde de ganado. Éste se adquiría en el norte de la provincia para su posterior venta. Respecto de las tareas de administración de las empresas, se realizaba conjuntamente la de los dos molinos y la del campo.

La actividad tambera comenzó tímidamente. Al principio era una actividad extra, que se le permitía desarrollar a los puesteros, que realizaban el ordeñe de las vacas, “para hacerse de unos pesos extras”. Más tarde, los propietarios, comienzan a visualizar el futuro de la actividad. Es entonces que viajan a Alemania para capacitarse respecto del manejo de la industria. Para lograr los mejores resultados deciden importar animales de raza normanda y después incorporan holando, tratando de mejorar la calidad de la leche que se utilizaría para la manufactura de los productos de la empresa.

LA EMPRESA EVOLUCIONA

En 1930 se produce en el seno familiar una diferencia de criterios respecto de la explotación de los molinos y la lechería, actividad -esta última- que aparecía cada vez con mayor fuerza, como la más rentable. A partir de ese momento, Augusto, crea e instala treinta cremerías, además de generar un incremento en la producción ganadera de puros por cruza y por pedigree.

Así las cosas, una parte del Molino Angelita se reconvirtió en cremería. Debido a que la mayor parte de la producción se exportaba al Reino Unido, se resuelve contratar a un experto en la elaboración de manteca de origen inglés para realizar el asesoramiento en la fabricación del producto según el estilo de su país de origen (mantequilla salada). Este producto, por entonces, se envasaba en cajas de madera, forradas en el interior con papel “manteca”. Siguiendo con la evolución empresaria, continúan incorporando la elaboración de nuevos productos tales como la leche en polvo, por ejemplo, hasta 1955.

UNA NUEVA ETAPA

En 1955 se vende el Molino Angelita a la Unión Cooperativa de San Carlos, además de otras propiedades, para saldar deudas contraídas como garantes solidarios del Frigorífico Nelson, establecimiento donde eran enviados, para su faena, los novillos resultantes de las pariciones en los tambos, no solo de propiedad de la empresa familiar sino, también, de otros tambos que proveían a la planta.

En 1968 se vende la quesería a Estancias Santa Rosa. Ya para entonces, el Sr. Liliano Weber, quien había quedado al frente de la misma, había incorporado importantes obras de modernización y tecnificación en las instalaciones.

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Patio interior cubierto, una de las reformas realizadas.

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Una vista desde la casa hacia el ingreso.

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Fuente ubicada en el patio interior.

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Una imagen del comedor.

UNA ÉPOCA DE CAMBIOS

Entre 1928 y 1931 se realizan en la Estancia “La Cabañita” trabajos de refacción general y construcción de nuevas dependencias, tanto en el casco como en las instalaciones complementarias. Esta intervención tuvo como responsable al Arq. Armando Carena, de origen cordobés, quien también realizara, en esa época, el portal de ingreso y otras construcciones para la sede de la Sociedad Rural de Esperanza. Entre las nuevas incorporaciones edilicias, se construye un importante invernadero, para cuyo organización y manejo se contrata a un horticultor italiano, de apellido Simonetti.

La vida social de la estancia era importante y es aún recordada por muchos memoriosos habitantes de la zona. Recibía, en forma permanente, ilustres visitantes. Entre ellos, el famoso cantante lírico Beniamino Gigli y, en 1934, con motivo del Primer Congreso Eucarístico Nacional, al entonces Cardenal Secretario de Estado de S.S. Pío XI, S.E.R. Mons. Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII.

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El hogar, ubicado en la sala de estar.

 



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