Preso en la alcaidía de San Cristóbal
El principal sospechoso niega
haber matado a Elvira Ramallo
Hasta el momento sólo algunos testimonios y su terrible pasado asocian al presidiario Robledo con la espantosa muerte de la meretriz.
José Luis Pagés
El principal y único sospechoso detenido en el marco de la investigación policial relacionada con el brutal asesinato del que fue víctima Elvira Ramallo (36), permanece alojado en la alcaidía de la Jefatura de San Cristóbal a disposición del Dr. Aldo Precerutti.
Hugo Robledo, el hombre apresado en el domicilio del barrio Ré que compartía junto con su actual compañera la tarde del lunes 14, negaría insistentemente su responsabilidad en el tremendo suceso que mantiene en vilo a los vecinos de Ceres.
Pero mientras Robledo niega, se sabe que la policía santafesina trabaja afanosamente para presentarlo en la Justicia con pruebas sólidas, porque hasta ahora no tiene contra él más que algunos testimonios comprometedores, además del conocimiento de su siniestro pasado.
El hombre detenido por su presunta participación en el atroz crimen consumado en las primeras horas del lunes, a la vera de la Ruta 34, habría sido visto por una de las amigas de la víctima, cuando circulaba en bicicleta, próximo al sector donde Elvira esperaba a sus ocasionales clientes.
Con motivo de esa revelación, los agentes de Homicidios y efectivos de la Seccional 2a. llegaron hasta Robledo, un hombre conocido por el sadismo que puso en evidencia en 2002, cuando fue preso por vejar y quemar en sus partes íntimas a su propia compañera, con intención de convertirla en su pupila.
La mujer que entonces se negó a que Robledo la convirtiera en objeto comercial estuvo al borde la muerte, pero la asistencia que médicos y enfermeros le prodigaron en el hospital Cullen de nuestra ciudad le salvó la vida.
Por aquel grave delito y otros de menor cuantía Hugo Robledo fue condenado a prisión por “abuso sexual gravemente ultrajante” y privado de la libertad pagó parte de su culpa en la Unidad Penitenciaria de Santa Felicia y últimamente lo hacía en la misma alcaidía donde está nuevamente alojado ahora, después de gozar por unos días de la libertad condicional.
Elvira Ramallo quien era meretriz y trabajaba en los caminos para sostener a sus numerosos y pequeños vástagos estaba junto a sus compañeras a la vera de la Ruta 34 cuando el domingo 13 desapareció a la hora del crepúsculo.
El cuerpo sin vida de la infortunada mujer sería encontrado a las 7.30 del lunes 14 por un perro que liberado del encierro por los empleados de una planta industrial corrió a un terreno baldío donde su instinto le decía que algo terrible había ocurrido durante la noche.
Elvira tanto pudo haber muerto a causa de los golpes que le destrozaron el cráneo como por el corte profundo que le seccionó la garganta, pero otros detalles espeluznantes son reveladores del sadismo y el grado de perversidad con que actuó el asesino.
Además de otras lesiones contuso cortantes en distintas partes, en el cuerpo de Elvira mostraba un extenso tajo superficial que iba desde el pubis hasta el pecho y también, a modo de remate de la faena macabra: su rostro despellejado.




