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Opinión
Edición del Miércoles 07 de octubre de 2009

Opinión / Manuel Belgrano en su paso por Santa Fe

Manuel Belgrano en su paso por Santa Fe

Consejo Directivo del Instituto Belgraniano de Santa Fe

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Retrato de Manuel Belgrano, pintado en Londres en 1815, probablemente por Francois Casimir Carbonier.

Foto: Archivo El Litora

El Instituto Belgraniano de la ciudad de Santa Fe rinde un merecido homenaje de admiración y gratitud al prócer Manuel Belgrano, tan íntimamente vinculado con nuestra provincia de Santa Fe, en dos etapas de su vida: una la Expedición al Paraguay y otra, la creación de la Bandera.

En la primera etapa que hoy evocamos, nuestra ciudad tuvo el honor de albergarlo en su paso al frente del Ejército de la Expedición al Paraguay del 1º al 8 de octubre.

Santa Fe, desde los albores de la Revolución, conocía la personalidad de Belgrano, que encabezaba la lista de patriotas revolucionarios, y su actuación en los días de Mayo, formando parte de la Primera Junta de Gobierno.

Una de las principales decisiones del gobierno patrio fue disponer la Expedición al Paraguay, a cuyo frente se puso a Manuel Belgrano. El objetivo de la misma era conseguir la adhesión de esa provincia a la causa de la Revolución.

Mitre, el biógrafo eminente del General Manuel Belgrano, destaca las condiciones en que salía aquella expedición, escasa de efectivos, mal equipada y peor armada “confiando totalmente para su éxito, en el patrimonio de los pueblos del Litoral” y que éstos respondieran ampliamente a ese propósito.

La expedición, proveniente de San Nicolás el 1º de octubre estaba en Santo Tomé para luego entrar a Santa Fe, atravesando caminos en pésimo estado y con la caballería en condiciones desfavorables. La noticia de la proximidad del ejército de Belgrano quebró la calma habitual de la tranquila Santa Fe.

A su llegada, trató de evitar toda recepción, con esa modestia que es otra de sus grandes virtudes. Pero a pesar de ello y de las inclemencias del tiempo, la población volcada en las calles, tributó al ilustre visitante, un extraordinario recibimiento. Tal es así, que él mismo destaca en su carta al presidente de la Primera Junta que “a pesar de ser noche oscura y haber mucho barro, oyó vivas y aclamaciones del pueblo.

Los principales vecinos se reunieron en el Cabildo con el gobernador, resolviendo ir en busca del General y ofrecerle alojamiento acorde al alto grado que envestía, pero Belgrano rehusó el mismo.

“Estoy alojado, dice en su comunicación a Saavedra, en el convento de Santo Domingo, determinación que tomé para no causar gastos a ningún particular. El padre Fray Isidro Guerra y el fray José Grela, me hacen todo el honor y el servicio posible”.

Desde aquí comienza la ardua tarea de reorganizar su mal equipado ejército, pero a pesar de todos sus esfuerzos no puede apresurar la marcha de las tropas, porque pertrechos y municiones prometidos por el gobierno de Buenos Aires, no llegaban.

La ciudadanía que había exhibido su fervor patriótico, a pesar de su pobreza, se destacó por las generosidades de su contribuciones en ayuda del flamante general.

El cronista don Urbano de Iriondo señala cómo aún los más pobres no dejaban de contribuir con modestos aportes, al magro tesoro de la expedición y son conocidas las donaciones y ofrecimientos de don Francisco Antonio Candioti y de doña Gregoria Pérez de Denis, “la primera patricia argentina” entre otros, que pusieron a disposición de las armas de la patria, todo cuanto pudieran necesitar en aquella empresa de la libertad.

Santa Fe se desprendió, en acto digno de destacar, de sus blandengues con los que iría a la vanguardia el entonces bisoño Sargento Estanislao López, futuro paladín de la autonomía santafesina y Patriarca de la Federación.

Belgrano se sintió profundamente conmovido ante la actitud del pueblo de Santa Fe y escribe: “A los vecinos del municipio de Santa Fe: en el día de hoy, la generosidad de vuestros corazones, se ha manifestado en lo entregado para abastecer las tropas que marchan al Paraguay para llevar la antorcha que fuera encendida en Buenos Aires el 25 de Mayo. Os hicisteis presentes en la medida de vuestras posibilidades. Os he dado las gracias a cada uno de vosotros, pero para recuerdo perenne de vuestra entusiasta cooperación en esta Santa Causa y en uso de la representación que me ha sido concedida por las actuales autoridades, confiero a este Ayuntamiento el título de Noble. Para conocimiento de todo el vecindario, este bando será leído en la Plaza Mayor, convocando a los vecinos al son del tambor como es norma”.

El 8 de octubre al amanecer, pasaron para la bajada del Paraná, las tropas de la división que mandaba Juan Ramón Balcarce y posteriormente el mismo Belgrano, partía de Santa Fe.

Si bien la expedición al Paraguay fue un fracaso, desde el punto de vista militar, siempre se ha reconocido que Belgrano actuó con una competencia muy superior a la que era dable esperar de un militar improvisado y supo aprovechar la oportunidad para sembrar ideas de independencia que el tiempo hizo fructificar, retirándose con gloria de Asunción.

Proféticamente Belgrano expresó: “Jamás han podido existir los Estados, luego que la corrupción ha llegado, a pesar de las leyes. No hay nada más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios públicos, que el dinero y las riquezas. En sus últimas palabras presagiaba el futuro de los argentinos: “Pienso en la eternidad donde voy y en la tierra querida que dejo. Espero que los buenos ciudadanos trabajarán para remediar sus desgracias”.


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