Vergüenza y orgullo
Vergüenza y orgullo
Según estimaciones de la Bolsa de Cereales, la próxima cosecha de trigo en la Argentina arrojará una paupérrima cifra de 7,5 millones de toneladas. Claroscuros que vienen del campo.
Federico Aguer
La cifra es la peor de los últimos 30 años, ya que tenemos que retrotraernos a la campaña 1976/1977, cuando la cosecha del cereal fue inferior, con 5,3 millones de toneladas. Luego de la siembra más escasa en 111 años, el retroceso significa un duro golpe para la producción y para el gobierno, quien se privará de los derechos de exportación vitales para las arcas del erario nacional con cifras que espantan: hablamos de 10 veces menos que hace tan sólo dos temporadas atrás.
El hecho, inédito en cualquier lugar del mundo, desnuda cabalmente la falta de interés por parte del gobierno nacional de aplicar una política productiva concreta que aliente la siembra del cereal que, junto con el maíz y el girasol, constituyen pilares básicos en la rotación necesaria para hacer más sustentable la agricultura.
Una vez más, el discurso apunta para un lado y los hechos para el otro. Según estimaciones privadas, en la zona centro-norte de la provincia de Santa Fe, el crecimiento del cultivo de la soja para la próxima campaña será cercano al 20 por ciento con respecto a las campañas anteriores. El “yuyo” sigue seduciendo a todos por la gran cantidad de ventajas que conlleva en el corto plazo. Sin embargo, los beneficios de hoy implican serios riesgos para el campo de mañana.
Esta semana, en Humboldt, la sede de Agricultores Federados Argentinos fue la sede de un evento clave para tomar conciencia de éste y otros temas, el cual reflejaremos en el próximo número de Campolitoral. Los especialistas del INTA Rafaela y Paraná advirtieron acerca de la gradual pérdida de nutrientes de nuestros campos y de la necesidad de aumentar la eficiencia, de aprovechar los efluentes del tambo para fertilizar, y de aumentar la precisión de nuestros planteos agrícolas. En una inolvidable jornada de sol, la familia de Humboldt mostró todo su historia, su presente y su futuro a un enorme número de visitantes de todo el país, ávidos de participar en semejante evento de capacitación.
Un hecho para avergonzarse -el primero- y otro para sentirse orgulloso -el último-. Cara y ceca de la realidad nacional.