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Silvina Bullrich, una semblanza - Opinión Opinión

Silvina Bullrich, una semblanza

Antonio Las Heras (*)

Escribió unos cincuenta libros. La mayoría novelas. Fue habitual que sus títulos resultaran best Sellers. “Los burgueses” vendió 60.000 ejemplares. “Te acordarás de Taormina” quizás su novela más autobiográfica e íntima agotó 37.000 ejemplares en un año. Sumado el conjunto, superó el millón de ejemplares vendidos. Entre los sesenta y ochenta del siglo pasado, sus lectores esperaban, ávidos, “el nuevo libro” sobre el cual solía dejar caer algunos datos en las entrevistas que con frecuencia le hacían. Gráfica, radio y televisión no le fueron ajenas. Asombraba. Escribió, por ejemplo, una novela que transcurre íntegra mientras un novel periodista se empeña en hacer funcionar el grabador portátil (“a casete”) para concretar el diálogo con su entrevistado; a la sazón un escritor. Los lectores, una y otra vez, entreveían en esas novelas referencias directas a las vivencias sentimientos y pensamientos de la autora quien, junto a Marta Lynch y Beatriz Guido, irrumpió en la literatura argentina cuando era un territorio reservado a varones.

Frontal, concreta, precisa, nunca le importó ser “políticamente correcta”. Así fue Silvina Bullrich. Nació el 4 de octubre de 1915. De adolescente, la revista Atlántida publicó algunos de sus poemas. Entabló una gran amistad con Manuel Mujica Lainez quien la relacionó con Borges, Bioy Casares, Estela Canto, Victoria y Silvina Ocampo. Hizo traducciones importantes, como las de Graham Greene y Simone de Beauvoir. Ella misma fue traducida a varios idiomas. En 1961, obtuvo el primer Premio Municipal por “Un momento muy largo” y “El hechicero.” En 1972, el segundo Premio Nacional a la prosa imaginativa del trienio 1969-1971. En 1982, recibió de Francia país al que visitara reiteradamente desde niña las “Palmas Académicas”. De acuerdo con sus declaraciones, dedicaba ocho horas diarias al trabajo de escritor siguiendo un plan que le permitía publicar un título cada año. La Nación, La Prensa y La Gaceta la tuvieron como colaboradora. Con 30 años de edad, trabajó junto a Jorge Luis Borges en una antología: “El Compadrito.”

Sus libros aparecían hacia fin de año. Eran lectura obligada en vacaciones. Igual que Beatriz Guido, escribía sobre situaciones de vida de la alta burguesía, exhibiendo las dolorosas, tristes y fragmentadas formas en que ésta se rompía y disolvía dando lugar a nuevas conformaciones.

Fue una de las primeras mujeres que ejerció la escritura como profesión; esto es: tuvo en claro que por su trabajo debían pagarle con dinero. No con elogios, ni ramos de flores, ni invitaciones a comer. Derechos de autor por sus libros, pagos por columnas periodísticas y honorarios por conferencias eran su fuente de ingresos. Cuando advirtió que aumentaban las solicitudes para que accediera a diálogos periodísticos, no tuvo empacho en fijar un caché. Pero siempre hubo un límite en su vida. Nada aceptaba que cercenara su libertad. “Me gusta el dinero y las cosas que da el dinero, pero no soy capaz de sacrificar por él un ápice de mi independencia”. Eso lo supieron los hombres que la amaron.

Aunque pareciera dicho hoy, lo cierto es que Bullrich expresaba hace cuarenta años: “Esto está cada vez peor, estamos al borde del caos, espero que alguien se atreva a decirlo... El caos, no hay otra palabra, yo por si acaso, se lo digo confidencialmente, he mandado a EE.UU. toda mi fortuna, lo poco que tengo, claro está... Por eso yo ni un peso coloco en el país”. Empero su generosidad siempre fue manifiesta. Un ejemplo es el dinero que donó a la Sociedad Argentina de Escritores (Sade) para un premio de novela al cual sólo podían participar escritoras. También expresó: “Cada vez me siento mejor en estas tierras y menos a gusto en el extranjero. Me duele demasiado que nos ignoren, que nos menosprecien, que nos juzguen, sin siquiera nos dan la oportunidad de defendernos... Mi ciudad, sus casas, el cementerio de la Recoleta... Sobre todo esto, está cimentada mi vida y mi obra. Por Buenos Aires y para Buenos Aires escribo mis memorias. Para toda la Argentina quizás...”.

“Hay escritores afirmó para una elite, otros para escritores y otros para la posteridad. Yo he sido una escritora para mis lectores contemporáneos. Sé que no voy a perdurar en la literatura, mi éxito es un éxito del presente”.

Falleció en el Hospital Cantonal de Ginebra (Suiza) en 1990. El mismo donde agonizó Borges.

(*) Escritor; actual consejero titular de la Fundación El Libro y miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade).

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Silvina Bullrich era frontal, concreta, precisa y nunca le importó ser “políticamente correcta”.

Foto: Archivo El Litoral



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