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Cuando las manos se adormecen

Cuando las manos se adormecen

Una sensación persistente de hormigueo, adormecimiento o ardor en las manos es síntoma habitual del Síndrome del Túnel Carpiano, que suele darse en personas que utilizan en exceso las extremidades superiores para trabajar.

TEXTO. FRANCISCO GALINDO. fOTO. el litoral.

El túnel carpiano es un corredor localizado en la cara anterior de la muñeca y tiene un papel muy importante en la movilización de la mano. Por ese corredor discurren numerosos tendones y terminaciones nerviosas, siendo el más importante el nervio mediano.

Si por cualquier circunstancia ese nervio que discurre por la zona central del corredor es sometido a determinadas formas de presión aparecerá el Síndrome del Túnel Carpiano (STC), una patología que constituye un motivo muy frecuente de consulta tanto en atención primaria como especializada.

CAUSAS FRECUENTES

Según la doctora Carmen Campos López, neurofisióloga clínica del hospital Viamed Los Manzanos, de Logroño (Rioja, al norte de España), “se trata de la neuropatía de atrapamiento más frecuente, que afecta al 10 por ciento de la población general, y es tres veces más frecuente en mujeres entre los 40 y los 60 años”.

“Aunque suele iniciarse en la mano dominante, acaba siendo bilateral en la mayoría de los casos”, agrega la experta.

Sobre las circunstancias que favorecen la aparición del STC, Campos López enumera los movimientos repetitivos, “especialmente los de flexo-extensión de la muñeca, habituales en tareas laborales que implican la flexión y extensión forzadas de las muñecas, empleo de mucha fuerza manual, uso de herramientas vibrátiles o presión persistente sobre muñeca o base de la palma, ensamblaje, costura, limpieza, empleados de carnicerías o pescaderías y peluqueros”, por ejemplo. Existen también causas patológicas previas determinantes, como algunas enfermedades de los huesos o de las articulaciones, como la artritis reumatoide, o fracturas mal tratadas de muñeca.

Por último los cambios hormonales, como el hipotiroidismo, la menopausia, el embarazo y la diabetes tipo II, están relacionadas en numerosos casos con la aparición del STC.

SÍNTOMAS

Los síntomas más habituales son dolor, hormigueo y entumecimiento, que al principio se manifiestan sólo por la noche o al adoptar determinadas posturas. Con posterioridad, si el STC no se trata a tiempo, aparecerá debilidad y atrofia de algunos músculos de la mano, así como torpeza al manipular objetos.

Campos López indica que en el abordaje del STC existen tres líneas de actuación: el tratamiento etiológico -ir al origen de la dolencia-, el conservador (férulas en posición neutra, esteroides orales, etc.) y el quirúrgico.

El tratamiento etiológico consiste en una serie de pautas correctoras que pueden aliviar el síndrome. Por ejemplo, se recomienda al afectado que cuando se acuesta procure descansar el brazo sobre almohadas. También se logra el alivio en muchos casos evitando usar la mano demasiado.

A los profesionales a los que no les queda más remedio que el ejercicio manual intenso y continuado se les invita a buscar una nueva manera de usar la mano usando una herramienta diferente.

El tratamiento etiológico recomienda, por último, que se evite doblar las muñecas hacia abajo durante períodos de tiempo largo.

OPERACIÓN “SENCILLA”

Si las dos primeras opciones del tratamiento fallan o son descartadas por el especialista, el afectado por el síndrome deberá someterse a una operación que la cirugía, en general, califica de “sencilla y ambulatoria”.

La intervención, que no suele durar más de quince minutos y se realiza con anestesia local, consiste en una pequeña incisión en la muñeca afectada para localizar el nervio mediano dañado y liberarlo de todo su recorrido por el túnel carpiano para que ceda la compresión a la que se ha visto sometido.

Una vez localizado el nervio, se secciona un ligamento que recubre a éste y se procede a su liberación. Concluido el proceso quirúrgico, se sutura la herida y se venda la muñeca.

Pocos minutos después, el paciente suele irse a su casa para seguir la recuperación si bien se le recomienda que mantenga el brazo en alto en las horas siguientes, con la ayuda de un cabestrillo. También es muy importante que el operado no deje de mover los dedos de la mano, incluido el pulgar, y que en ningún caso flexione la muñeca. Una vez que la anestesia deja de hacer efecto, sobrevienen las molestias típicas del recién operado que se mitigan con calmantes orales.



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