Juan Cruz analiza la envidia como

el gran vicio de los escritores

Ana Mendoza

(EFE)

A lo largo de cuarenta años, el periodista y editor español Juan Cruz ha comprobado que a los escritores los mueve “la pasión y la vocación”, pero, “sobre todo, los mueve el ego”, ese que inunda su nuevo libro, “Egos revueltos”, porque “la envidia es uno de los grandes defectos del universo literario.

“Este libro no es un ajuste de cuentas, está escrito con nobleza. Mi propósito no ha sido levantar heridas, sino cicatrizarlas”, aseguró Cruz al presentar el ensayo con el que ganó el Premio Comillas 2009 de Memorias, por haber sabido recrear el lado más humano y creativo de los protagonistas de la vida literaria hispanoamericana y europea de las últimas décadas.

“Egos revueltos”, que acaba de publicar Tusquets, contiene el perfil de los innumerables escritores a los que Juan Cruz ha tratado en su doble faceta de periodista y editor, y refleja también su pasión por la literatura y por su oficio. Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Susan Sontag, Günter Grass, Jorge Semprún, Ernesto Sábato, Francisco Ayala, Severo Sarduy o Camilo José Cela son algunos de los escritores que evoca Cruz en su libro, escrito “a saltos, porque así funciona la memoria.

“Este libro explica mi vida”, dice Juan Cruz, quien actualmente ejerce como adjunto a la dirección en el diario El País y que fue director de la editorial Alfaguara entre 1992 y 1998.

El autor dedica buena parte de “Egos revueltos” a escritores que ya fallecieron. “Yo pertenezco a una generación que ha despedido a otra que fue muy importante: la generación de Ayala, Octavio Paz, Borges, Cortázar, Cabrera Infante, Onetti, Ángel González o Benedetti”.

El título del libro se le ocurrió al autor de “Retrato de un hombre desnudo” y “Ojalá octubre” en un viaje que hizo a Chile en 1994. En Isla Negra, donde fueron a ver la casa de Pablo Neruda -“acaso uno de los egos más grandiosos que dio la historia de la literatura”-, coincidió con la chilena Marcela Serrano, el español Arturo Pérez-Reverte y el editor Carlos E. Ossa.

A la hora de comer, Marcela Serrano se llevó un buen disgusto cuando comprobó que no había limones para aderezar el pescado y, a grito pelado, le decía a su editor: “¡Carlos, no hay limones!”. Los limones dieron mucho de sí en la conversación y en un momento dado surgió la frase: “Los escritores desayunan egos revueltos”, que a todos hizo reír, incluida la escritora.

En su faceta de editor, Juan Cruz ha visto egos de todo tipo, pero quizá “el mayor” que ha conocido es el de Cela, Premio Nobel de Literatura, “porque no tenía contrafuertes. Su entorno lo adulaba constantemente, le reía las gracias y eso a él le encantaba”. Sin embargo, el autor de “La colmena” era “un hombre muy solitario y mucho más sentimental y vulnerable de lo que parecía. Era un tímido y vencía su timidez con arrogancia. Pero no era una arrogancia envasada al vacío, porque era un gran escritor”, afirma Cruz.

Quien también tenía “egos muy abundantes y muy revueltos” era Octavio Paz. “Paz no era un hombre humilde, y no consideraba oportuno ocultar su grandeza con la falsa modestia”. Hablaba “con la seguridad de un maestro” y su inmensa cultura y su sabiduría estaban fuera de dudas, pero “tenía una decidida tendencia a creer que como él había pocos más en la historia del siglo XX”.

El escritor uruguayo Mario Benedetti pasaba por humilde, pero tenía “un ego irritable: se mantenía en suspenso, hasta que una chispa lo encendía”.

Y lo mismo le sucedía a Onetti -una de las personas a las que más admiraba Juan Cruz-, por mucho que su carácter invitara a pensar lo contrario.

Jorge Luis Borges fue “uno de los hombres menos pedantes” que tuvo la suerte de conocer Cruz, y uno de los más grandes, recuerda el escritor en esa “memoria personal” que es “Egos revueltos”, una obra en la que queda patente también la inmensa admiración que sintió siempre por Cabrera Infante.

José Donoso tenía “el ego más refinado y el más literario” de cuantos ha conocido Cruz, y Ernesto Sábato se comportaba, en sus frecuentes visitas a España, “como un modesto-inmodesto”.

Juan Cruz analiza la envidia como el gran vicio de los escritores

Juan Cruz, que como periodista conoció a los más célebres escritores hispanoamericanos de las últimas décadas, no deja títere con cabeza al analizar el egocentrismo que impera en el universo literario. Apenas se salva Jorge Luis Borges. Los peores: Cela, Neruda y Benedetti.

Foto: EFE