Trazos que abren nuevos caminos

Dio sus primeros pasos en El Litoral y, a fuerza de talento y persistencia, se ganó un lugar de prestigio a nivel nacional. Recientemente ganó el primer premio en la Bienal de Caricatura de Tenerife.

TEXTOS. NATALIA PANDOLFO. FOTOS. GENTILEZA DEL AUTOR Y EL LITORAL.

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Hugo Chávez.

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La obra ganadora del certamen: un óleo que representa a Rafael Nadal como Marte, dentro de una pintura caricaturizada de Velázquez.

“Me pregunto: ¿seré muy viejo para soñar con trabajar en Pixar?”, dice, a sus 41 años, Luis Gaspardo. “No -me apuro a contestar yo, por las dudas-. Quizás sea viejo para trabajar en Pixar, pero para soñar, no creo que nunca sea uno viejo”, se responde. Al lado del comentario del blog, una ilustración inspirada en Toy Story grafica la idea con vuelo poético.

Su obra artística es capaz de reunir a Maradona con Velázquez, a Al Pacino con Eduardo Duhalde, a John Lennon con Messi. A principios de este año ganó el primer puesto de la Bienal de Caricatura y Dibujo Humorístico de Tenerife, España, gracias a un óleo que representa al tenista Rafael Nadal como Marte, caracterizado al estilo del pintor Velázquez.

“Es bastante difícil llegar al primer puesto, porque los premios son interesantes, y eso hace que haya mucha participación y excelente calidad”, dice el dibujante, que en materia de tesón parece competir con el dibujado, elegido hace poco como mejor deportista de 2010. “Obviamente, para mí Nadal es un guerrero, un gladiador moderno. Y me pareció que Velázquez daba el marco ideal para contar esto”, agrega el autor.

El certamen de caricaturas, convocado por el Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, es uno de los mejores dotados económicamente en la actualidad.

Nacido en Santa Fe, Luis se recibió de técnico químico por aquel ruego universal de los padres de clase media hacia los hijos. Pero su “ser alguien en la vida” llegó por el lado de la ilustración, a la que se volcó en 1985.

Desde entonces pasó por distintos medios y llegó a tocar el cielo con las manos cuando trabajó en la revista Humor, aquella vieja usina de genios. También dibujó para El Gráfico, Billiken, Clarín, Caras y Caretas, Rolling Stones y siguen firmas. Actualmente publica en La Nación y en la revista española Don Balón. Además está dando algunos pasos en el ámbito de la pintura y la escultura.

CON LAS MANOS SUCIAS

Una respuesta lo pinta de cuerpo entero. “Cine, deporte, política: ¿hay algún tema que te inspire más que otro a la hora de crear?”: “De lo que nombrás, prefiero el cine, sin dudas. Lo que más me piden es política y deporte, pero como en la política hay mucho de actuación y en el fútbol hay tanta simulación y más dramatismo que en un culebrón, los límites están un poco difusos. ¿Dónde se puede decir que termina el cine y empieza el fútbol? ¿Y dónde termina el fútbol y empieza la política? En todo caso, son preferencias. Pero la inspiración no debe esperarse, me parece. Hay que trabajar con lo que uno puede en la situación en la que está. Y si la inspiración decide hacerte una visita, que te encuentre trabajando”, resume, parafraseando a Picasso.

Si bien la caricatura que envió a Tenerife le demandó “ensuciarse las manos”, Luis en general trabaja con la herramienta digital como soporte. “En la revista Humor, en la primera época, pintaba casi toda la revista con acuarelas, ya que los humoristas enviaban sus dibujos en blanco y negro. Pero hacia 1996, aproximadamente, se impuso la computadora y el estilo de ilustración más simple. Eso me obligó a replantearme el estilo”, cuenta.

Había tenido una experiencia previa de incorporar photoshop, casi como un juego, con Marcelo Soler, todavía en su época de El Litoral. “Me puse a probar y pronto me pareció que había surgido un estilo. Y empecé a sentirme cómodo con eso”, relata, como si dibujara con palabras los trazos de su historia. “Ahora hay muchos que pintan así; pero en esa época era algo totalmente nuevo”.

Radicado desde hace quince años en Buenos Aires, hace unos diez que trabaja casi exclusivamente para España. Por su cabeza deambulan varios proyectos: “Hacer un libro, incorporar esculturas a las cosas que vendo a través de mi blog y empezar a producir un material propio, independiente de lo que me van pidiendo”, enumera.

“Hay artistas de la ilustración, como Ciruelo, por darte un ejemplo, que se dedican a preparar un libro y una exposición anualmente, exclusivamente con temas personales. Han creado un mundo de imágenes y símbolos entre los que se sienten a gusto y han conseguido que mucha gente se interesara por esos mundos y espere esas periódicas producciones. Ése es el escenario en el que me gustaría estar en algún tiempo”, confiesa. Mientras garabatea proyectos, sigue soñando con que algún día Pixar le cumpla el sueño del pibe.

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Lionel Messi.

Otros tiempos

“En realidad no hablo mucho: creo que por eso dibujo”, dice Luis. Y asegura que no recuerda cuándo empezó a dibujar, porque en realidad no sabe si alguna vez empezó: el dibujo estuvo desde siempre.

La sonrisa generosa, asegura que aprendió a maquillar la timidez cuando se las vio cara a cara con Buenos Aires.

“Pasaron tantas cosas en estos años que ya ni me acuerdo”, dice. En el curriculum se mezcla el inevitable trabajo en cartelería y folletería, con las inolvidables experiencias en los grandes medios.

“Trabajar en un diario te enseña mucho. Te obliga a concretar, a terminar tus dibujos, porque es muy difícil abandonar un dibujo en un punto. Yo no terminaría nunca un dibujo: soy muy detallista y obsesivo”, admite.

Luis trabajó en El Litoral en dos períodos: de los 19 a los 21 años y de los 23 a los 25. “De la primera etapa el recuerdo que tengo es el de mi timidez casi incorregible, de la obligación de relacionarme con periodistas, colegas humoristas y de reemplazar (de algún modo) a Hugo Seri, que había hecho un trabajo excelente. Todo eso me costó muchísimo, pero me dio el oficio que sólo un trabajo diario con horario de entrega te puede dar. E inicié mi relación con Fabián Izquierdo y con Kovacevic, el Kova”, recuerda.

“El segundo período con ellos fue realmente muy divertido. Ya un poco más desinhibido, y siempre en trío, trabajábamos las ideas con mucha buena onda y generosidad. Sobre todo de parte de ellos hacia mí, ya que yo de humorista no tenía nada y tuve que ir aprendiendo sobre la marcha”, cuenta.

“Fue un período muy divertido, y hacíamos (amparados en nuestro rol de humoristas) cosas por las que nos hubieran podido echar de cualquier otra empresa. Así que debo dar gracias al diario por el permiso y la libertad que nos dio entonces. Lo pasamos realmente bien y el trabajo que hacíamos era muy bueno. Nos potenciábamos mutuamente”.

“Luego recuerdo y extraño jugar al fútbol con los periodistas y algunos compañeros de la parte de máquinas. Me costó mucho conseguir en Buenos Aires integrarme a un grupo con el que jugar al fútbol. De haber sabido que aquél iba a ser el último grupo estable con el que me juntaría a jugar, hubiera tratado de hacerlo mejor, muchachos... Quizás hasta hubiese probado correr, para variar...”.

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El autor, visto por él mismo.

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Velázquez: “El triunfo de Baco” (“Los borrachos”).