“Biutiful”

Catástrofe total, sufrimiento garantizado

Catástrofe total, sufrimiento garantizado

Javier Bardem. en el papel de un hombre destruido que no puede ya con nada, en la película dirigida por Alejandro González Iñárritu.

Foto: Agencia EFE

Por Laura Osti

 

“Biutiful” es la primera película de Alejandro González Iñárritu luego del ruidoso divorcio de su ex guionista Guillermo Arriaga, con quien compartió sus títulos anteriores: “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”.

En esta nueva etapa, Iñárritu eligió como acompañantes en el guión a dos argentinos, Armando Bo y Nicolás Giacobone, y también convocó a Gustavo Santaolalla para la banda sonora.

La película reúne además a actores de diverso origen, aunque el que más se destaca, obviamente, es el protagonista, Javier Bardem, quien si bien no es el mejor del elenco, sí es por lejos el más famoso y taquillero. Pero hay que decir que en el terreno actoral está muy bien acompañado por un reparto de fuste, aunque no de renombre. Hay argentinos, españoles, africanos, mexicanos, de todo un poco.

La historia es el problema, por decirlo de algún modo, o quizás la manera de contarla, lo que sea, “Biutiful” no satisface, no alcanza ni la calidad dramática de las tres películas que corresponden a la etapa del matrimonio González Iñárritu-Arriaga, ni tampoco la potencia estética.

En “Biutiful” observamos un relato recargado, por momentos desprolijo y en varias ocasiones, ininteligible, literalmente (no se entiende lo que dice Javier Bardem cuando cuchichea, y para colmo, lo hace a menudo).

Pero el asunto más difícil de roer es la anécdota, que es dura, durísima. La cámara se ensaña, podríamos decir, con el personaje principal y su interminable rosario de desventuras, al punto de que no hay ni un momento de pausa, ni siquiera para tomar un poco de aire. Pilla a Uxbal, un hombre de unos cuarenta años, en el peor momento de su vida y lo persigue prácticamente “a garrotazos” hasta quitarle el último aliento vital. ¿Era necesaria tanta crueldad?

Se trata de un hombre que sobrevive en los suburbios de Barcelona, donde se concentran la inmigración ilegal, los negocios turbios, la droga, la prostitución y un sinfín de calamidades que suelen aportar algún dinero rápido pero que se termina pagando a un precio muy alto.

Uxbal está a cargo de sus dos hijos pequeños, porque la mamá de los niños sufre un trastorno bipolar, además de otras patologías, como adicciones y conductas inapropiadas, que la inhabilitan para el rol de madre. Pero además, se ocupa de hacer de intermediario entre los inmigrantes ilegales y la policía local, lo que significa administrar coimas y otros asuntillos fuera de la ley. Pero también se entera de que padece un cáncer terminal y que no le queda mucho tiempo de vida. Y por si fuera poco, los grupos de inmigrantes a los que regentea son diezmados por situaciones catastróficas imposibles de remontar.

Fractura moral

Uxbal tiene que lidiar con todo eso y con la angustia que devora su alma, su fracaso como hombre, como padre, la falta de afecto y de un lugar tranquilo y seguro para mantener una familia. Bardem interpreta bien esa fractura moral a la que está sometido el personaje, quien por un lado hace negocios con lo más sórdido de la sociedad y por otro, intenta cumplir con los mandatos tradicionales que hasta los más oscuros delincuentes añoran en lo más recóndito de su ser: una vida respetable y normal.

El estilo para contar todo esto es un tanto caótico, por momentos estridente y hasta molesto, como acentuando todavía más el peso agobiante de la historia en sí misma. Sin concesiones ni atenuantes, la vida no da respiro ni salida al protagonista, quien sólo parece encontrar un atisbo de experiencia trascendente comunicando con los muertos, como si los realizadores quisieran decir que Uxbal pertenece más a la muerte que al mundo de los vivos.

Triste, desgarradora, abrumadora, un mazazo, sólo recomendable para masoquistas militantes.

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BUENA

“Biutiful”

Idem, México/España, 2010. Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guión: Alejandro González Iñárritu, Armando Bo y Nicolás Giacobone. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Gustavo Santaolalla. Intérpretes: Javier Bardem, Maricel Alvarez, Hanaa Bouchaib, Guillermo Estrella, Eduard Fernández, Cheikh Ndiaye y Diaryatou Daff. Duración 148 min. Se exhibe en el América.