Voz del folklore

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Efraín Colombo

El cantautor folklórico rafaelino integró la delegación provincial santafesina en Cosquín, hace dos años, donde acompañó a Orlando Vera Cruz en su “Crónica cantada a Estanislao”. Este año volvió al escenario coscoíno con show propio y vivió el comienzo de lo que siente “un sueño cumplido”.

TEXTOS. FLORENCIA ARRI. FOTO. GENTILEZA PRODUCCIÓN.

DERECHO DE PISO. “Conocí el folklore gracias a Julián Ratti, mi tío, quien me regaló una guitarra cuando era chico. Vivíamos en Rafaela, donde empecé a tomar clases y a acercarme a una poesía que no sabía lo que representaba, como la de Mario Vecchioli, que Julián interpreta y transforma en canciones. En las reuniones familiares había que pagar derecho de piso: mi abuelo cantaba, mi mamá también, y a Orlando, mi viejo, le decían ‘el músico’ porque cantaba y silbaba todo el día. Así fue como de a poco me gané un lugar en las reuniones familiares, en las fiestas y hasta en la Escuela Cristóbal Colón, donde en todos los actos tenía una curiosidad por la guitarra y me proponía para actuar. Tenía ocho años cuando formamos el Dúo Girasol con mi prima hermana, Florencia Ratti, con quien canté por catorce años y recorrí toda la región. Al ser tan chico creo que no era conciente de lo que cantábamos, la cabeza pensante era la de mi tío Julián. Hoy, al escuchar esos discos, veo que el dúo dejó plasmada una obra en canciones. Todas esas cosas hoy me hacen decir que al canto que uno lleva adentro viene de hace tiempo”.

DESARRAIGO. “Cuando terminé la secundaria, mi objetivo era estudiar música en el Instituto Superior de Música (ISM); pero a los 17 no me sentía suficientemente preparado. Me quedé un año más en Rafaela y estudié con dos profesores de la Escuela Municipal de Música Remo Pignoni, en la que nací y a la que me gustaría volver en algún momento de mi vida. Ese año aprendí muchísimas cosas. Fue gracias a un maestro, Manuel Marina, que nació en mí la idea de venir a a estudiar a Santa Fe. Al año siguiente rendí libre los tres primeros años de preparación del ISM e ingresé a la carrera Licenciatura en Música con orientación en Guitarra donde comencé otra página de mi vida”.

GRANDEZA. “En el ISM conocí a grandes amigos que hoy forman parte de la banda y encontré grandes músicos que son también grandes personas: Néstor Ausqui, Elina Goldsack, Guillermo Álvarez, Edgardo Blumberg. Sostenerme en ellos, en su calidez humana, me ayudó a quedarme. Son profesores que saben lo que te están diciendo porque lo viven. Recuerdo un día en que estaba armando algo con Julio Barreto, un músico paranaense, y con Ramiro Viale; y mientras ensayábamos en el viejo edificio del ISM se acercó Néstor Ausqui y preguntó con humildad si podía tocar el bombo... me acuerdo que me puse nervioso por la grandeza humana que había detrás de su ofrecimiento. Al llegar el recital, aquél primero como solista, en el afiche de El Solar de las Artes figuraba ‘Néstor Ausqui en bombo’. Es una de las cosas más hermosas que pude vivir al lado de Néstor Ausqui y por la cual hoy me siento en deuda. A partir de ese momento comenzamos a hilvanar una amistad casi de padre e hijo, con él y su esposa Nenuchi. Néstor es un pilar que sostiene a muchos gurises que vienen del interior. El desarraigo duele menos cuando te encontrás con personas como él, con su apertura humana y musical. Nombro a Néstor porque lo siento como un pilar, tal vez si no lo hubiese conocido me hubiera vuelto a Rafaela porque no me gustaba lo que estaba viviendo, porque al estudiar hay muchas cosas que tienden a alejarte de tu esencia, de uno mismo, de lo que uno trae”.

ESENCIA. “Traje todo lo que plasmé en mi primer disco: la historia con mi familia, el canto con mi abuelo, esa forma de cantar e interpretar, de tocar el instrumento, de enriquecerlo. Un modo más sensible, otra velocidad de vida distinta a la de ciudad. Por eso el título del disco, ‘De la esencia al canto’, de la ciudad a la ciudad más grande. Puedo volar, pero si lo hago sabiendo de dónde partí siento que es mejor el vuelo, es mejor todo; porque no te desprendés nunca. Para mí, esa sensibilidad viene de lo que uno aprendió de niño, de joven, y me llena. A todo lo relaciono con el título del disco, ‘De la esencia al canto’, porque todo se relaciona con la historia, con mi historia. Vengo de un lugar con una música, con una identidad y con su gente; desde ese lugar me puedo expresar. Una premisa en mi vida es no alejarme de mi lugar para poder decir lo que siento, de esa forma me voy a proyectar más claramente. Estoy en la búsqueda, por supuesto, desde mi raíz que es Rafaela, mi barrio que es Guillermo Lehmann, el lugar donde comencé a cantar. Amo cantar, por medio del canto trato de expresar lo que siento y lo que pienso sobre el lugar donde vivo”.

CANTO. “En este disco hay muchas cosas que me representan y saldan deudas de toda mi vida. Me siento con más ganas de decir; todo está presente al cantar una canción. Para mí, las catorce que integran el disco son el desenredo de una madeja que existía en mi pensamiento. El disco significa mucho para mí porque su realización requirió tiempo, ensayo, vida, silencio, soledad, paciencia y locura... muchas cosas. Me siento en búsqueda por ser un transmisor de pensamientos, un intérprete de ideas, por crecer cada día más para poder conocer al otro y poder conversar. Todo eso forma parte del gran sueño de llegar a la gente, de la trascendencia que pueda llegar a tener lo que uno piensa de la vida que vive. Más allá de que a una fiesta van todos a aplaudir y a divertirse -y que yo también lo hago-, amo esta forma de decir, quizás no es tan popular pero tiene una dirección. Como dice Facundo Cabral, ‘si a las coplas no las canta el pueblo coplas no son’; éso es lo lindo: cuando el pensamiento se hace eco en la gente y no se sabe a quién pertenece; cuando las ideas trascienden más allá de los hombres”.

UN PADRE DEL CAMINO. “Otra de las personas que conocí en Santa Fe es Orlando ‘el Negro País’ Vera Cruz, como le digo yo. Llegando a su rancho, en Sauce Viejo, empecé mi búsqueda interior. Ahí comencé otra etapa, se me abrieron los ojos de otra manera, pude observar otras cosas. Orlando me hizo conocer muchas cosas, como la Crónica cantada a Estanislao, algo que me marcó muchísimo. Haber formado parte de una delegación provincial en Cosquín junto a él fue un orgullo, tanto como conocer al Brigadier López y su historia, su ideología, su visión política, sus porqué. Orlando me acercó a su historia y a la poesía de Julio Migno, al caballo, al pájaro y el árbol, la soledad y el silencio. Lo siento un padre del camino, que me ha enseñado a ver muchas cosas. Con él discutimos, hablamos y aprendemos; es una gran persona que me enseñó muchas cosas sin que yo le pida nada”.

De nacimiento

Efraín David Colombo nació en Rafaela, un 9 de Julio. Tiene 25 años y se define como “un intérprete de las cosas que fui aprendiendo, y que me permiten proyectarme para poder escribir y cantar”.

En Cosquín

Hace dos años integró la delegación provincial santafesina que se presentó en Cosquín, donde acompañó a Orlando Vera Cruz en su “Crónica cantada a Estanislao”. Este año, por primera vez, presentó su show solista en la novena luna coscoína. Allí cosechó aplausos con temas de su primer disco, “De la esencia al canto”. “Lo viví como un sueño cumplido. A partir de este sueño, que forma parte de esa utopía que por más que caminamos siempre está lejos, voy a poder proyectar muchas cosas. A diferencia de otros, llegué a Cosquín sin un certamen previo, por eso sentí que el desafío fue mucho más grande: no fui con ningún estandarte más que el ‘amo lo que hago’. Eso, para mí, ya fue un premio. Si tiene que comenzar a girar esa rueda comenzarán a aparecer personas y oportunidades -algo que ya está sucediendo-, que abrirán puertas a otros escenarios”.