Mañana son la elecciones

Luego de 17 años, el socialismo

puede volver al gobierno francés

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Los adversarios. Francois Hollande y su pareja Valerie Tierweiler en la última recorrida de la campaña previa a las elecciones de mañana. La ventaja del socialista no borró la sonrisa de circunstancia de Nicolas Sarkozy, a quien la encuestas ya lo dan como perdedor. Foto: Agencia EFE

Al cierre de la campaña electoral, previa a la segunda vuelta, Francois Hollande mantenía, aunque más acotada, la ventaja sobre Nicolas Sarkozy, que va por la reelección.

 

Agencia EFE

El candidato socialista a la Presidencia de Francia, François Hollande, terminó ayer la campaña para la segunda vuelta de los comicios de mañana como favorito, aunque los últimos sondeos indican que la distancia con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, se ha reducido.

El conservador Sarkozy insistió en las horas previas al final de la campaña oficial, a medianoche del viernes, que el destino de la jefatura del Estado se jugará el día 6 “en el filo de la navaja”, en alusión al margen que les separa a ambos en la intención de voto reflejada en las últimas encuestas.

La encuesta publicada por la revista Paris Match mantiene en cabeza a Hollande, que en la primera vuelta del 22 de abril alcanzó el 28,63 % de los votos frente al 27,18 % de Sarkozy. Ese sondeo da a Hollande un respaldo del 52 por ciento, frente al 48 por ciento al presidente francés.

Esos cuatro puntos de diferencia suponen la menor distancia que ese sondeo diario otorga al candidato conservador, aunque se hizo antes del debate televisado del pasado miércoles y del anuncio del centrista François Bayrou, antiguo aliado de Sarkozy, de que votará por el socialista.

Otros cuatro sondeos publicados en las últimas horas también confirmaron la ventaja del socialista, aunque con Sarzkoy tras él a menor distancia que en los precedentes: Hollande alcanzaría un 53,5 % en el mejor de los casos y el conservador un 47,5 % también en su mejor resultado.

Por eso, Hollande quiso presentarse en su última intervención televisada, en Canal Plus y menos de cinco horas antes del cierre de la campaña, como “preocupado” por esa preferencia que le dan los sondeos. “Me preocupan en ambos casos: si son malos, porque deprimirán a los electores potenciales, y me preocupan si son buenos porque puedo pensar que pueden desmotivar. Así que solo tengo un llamamiento: vótenme”, resumió.

Por su parte, Sarkozy aseguraba en otra cadena de televisión y a la misma hora, que “cada voto va a contar” para derrotar a su rival. “Los sondeos no son lo que cuenta, sino lo que van a decidir los franceses”, subrayó Sarkozy.

“Hay una diferencia entre François Hollande y yo y es que él no tiene el peso del país sobre sus espaldas. ¿Cree usted que yo, como presidente de la República, del G20, del G8, podía meter a Francia en campaña electoral durante un año? Era absolutamente imposible. Tengo un deber de Estado”, dijo Sarkozy cuando se le preguntó por el tiempo que ha hecho campaña.

Por su parte, Hollande aseguró en sus últimos mensajes al electorado que no trató con el centrista Bayrou sobre el inesperado apoyo que éste le lanzó.

“No hablé con él”, declaró Hollande, quien aseguró que “no hubo negociaciones sobre la constitución de no sé qué alianzas”, en respuesta a las conjeturas sobre un posible acuerdo entre los dos políticos que circulan en los medios franceses desde que se conoció la opción del líder del MoDem, derrotado en la primera vuelta.

En cuanto al reto de gobernar Francia, Hollande aseguró que la izquierda “sabe gobernar y lo ha demostrado” y dijo que, desde el punto de vista moral, “la gente le pide más a la izquierda que a la derecha”.

Esta humildad de enunciados no impidió que Hollande hiciera un llamamiento a los franceses para que el domingo le otorguen una confianza suficiente, lo que denominó una “victoria amplia”.

“Deseo una mayoría amplia. Les digo a los franceses que si deben hacer una elección que lo hagan masivamente, que le den al ganador todas las capacidades y medios de actuar. Que no hagan un ganador ajustado”, aseguró en la radio RTL.

Hollande se mostró confiado en esa victoria cuando señaló que no tiene decidido el nombre del primer ministro que nombrará si vence y dijo que espera a conocer “la amplitud del triunfo” para decidirse.

Sarkozy, por su parte, echó mano de su agenda como jefe de Estado durante cinco años y, por medio de las redes sociales, difundió los mensajes que, entre otros, le enviaron con su apoyo líderes internacionales como la canciller federal alemana, Angela Merkel, o el presidente estadounidense, Barack Obama.

El presidente francés, una vez más, en lo que se había convertido ya en letanía casi diaria, advirtió a los votantes que, de elegir a Hollande, el futuro que les espera es “a la española”, es decir, un país con las dificultades económicas del país vecino como consecuencia de gobiernos socialistas.

/// análisis

 

Los errores se pagan

Ansgar Haase (DPA)

Es posible que los socialistas franceses tengan que poner pronto a enfriar el champán. Si las encuestas no se equivocan, tras casi dos décadas el presidente de Francia volverá a ser de su signo político. Su candidato, Francois Hollande, parte como favorito para la segunda ronda de las elecciones y el domingo podría suponer el fin de 17 años de gobierno conservador.

El último socialista en ocupar el Elíseo fue Francois Mitterrand. Después llegaron 12 años de Jacques Chirac a los que siguieron cinco más de Nicolas Sarkozy.

El actual presidente podría enfrentarse a la mayor debacle de su carrera. Según todas las encuestas, en las últimas cinco semanas Sarkozy no consiguió recuperar la confianza de la mayoría de los franceses. Muchos de los que le ayudaron a llegar al poder en 2007 parecen estar profundamente decepcionados.

Y no les faltan razones. Francia salió de la crisis peor parada que Alemania, el desempleo registra la tasa más elevada de los últimos diez años y Sarkozy no pudo cumplir con su promesa de hace cinco años de generar un mayor poder adquisitivo. Un balance “desastroso”, según Hollande.

Unido a todo ello, con sus actuaciones arrogantes Sarkozy ofrece aún más flancos de ataque. El candidato del UMP ya era conocido por su gusto por el lujo antes de que se le acusara de haber aceptado ilegalmente dinero de la multimillonaria heredera de L’Oréal, Liliane Bettencourt, para financiar su campaña de 2007. Y muchos todavía recuerdan escándalos como el de su hijo Jean, quien en 2009 -y con apenas experiencia- accedió a un alto puesto en una empresa pública.

Hollande supo sacar partido a todo ello en los últimos meses. Durante semanas viajó por todo el país y habló con los ciudadanos para convencerles de que sería un presidente compasivo y con los pies en el suelo. Tras el debate televisivo del miércoles, la mayoría de los encuestados le consideraron más convincente, íntegro y simpático que a Sarkozy.

Son muchos los franceses que confían en el socialista para equilibrar las desigualdades sociales y creen que comprenderá sus preocupaciones y necesidades. “El presidente que seré se parecerá al candidato que soy: respetuoso, conciliador, un candidato normal para una presidencia normal al servicio de la República”, prometió Hollande.

Si pierde, Sarkozy tendrá que escuchar numerosos reproches, pues en el pasado ya hubo indicios de lo que estaba ocurriendo. Una de las advertencias más serias llegó hace dos años por parte del Defensor del Pueblo, Paul Delevoye. “Se ha abierto una brecha entre los ciudadanos y el Estado. Percibo una sociedad que se fragmenta”, dijo entonces.

En los últimos tiempos, las malas lenguas apuntaron además que con su reelección Sarkozy pretendía alejar posibles problemas con la Justicia. Uno de sus asesores se enfrenta a una demanda judicial por el caso Bettencourt y últimamente aumentaron los rumores de que Sarkozy también podría haber aceptado donaciones ilegales para su campaña de 2007 procedentes de Libia. Pero el presidente sólo podría ser interrogado una vez que concluya su mandato puesto que ahora goza de inmunidad, salvo para casos de alta traición.

De ganar mañana, Hollande no tendrá mucho tiempo para ocuparse de los escándalos de Sarkozy. El socialista ya anunció que si llega al Elíseo jurará el cargo el 15 de mayo. Inmediatamente después le esperarían sus primeras citas internacionales: las cumbres del G8 y de la OTAN, ambas en Chicago a partir del 18 de este mes.