“Una joven de casi 95”
“Una joven de casi 95”

María Ester Nardi
Lúcida, memoriosa y muy informada, tiene frescos los recuerdos de Villa Guillermina, una localidad signada por La Forestal, y con sus palabras va narrando una crónica de la época. Más que el paso del tiempo, las manos delatan sus años de pianista en el Conservatorio Santafesino, y la frase con que se define le da título a esta nota.
TEXTOS. NANCY BALZA. FOTO. GUILLERMO DI SALVATORE.
DESDE EL NORTE. “Nací en Villa Guillermina, en 1917. El primario lo hice allá y, como no había secundario, me vine a Santa Fe y también me recibí acá de Profesora de Música en el Conservatorio Santafesino. Pero a Villa Guillermina volvía en las vacaciones, y eran meses muy felices”.
LA FORESTAL. “Mi padre fue tesorero de La Forestal. Comenzó a los 18 años en Florencia, luego se cruzó a Villa Guillermina y ahí nacimos mis dos hermanas mayores y yo. Mis dos hermanos nacieron en Florencia. La Forestal era una empresa poderosa en Villa Guillermina; prácticamente era la dueña del norte de la provincia. Mi padre estaba en la parte administrativa. Pero estaba la fábrica que era muy grande, donde los obreros trabajaban en forma permanente: había turnos y no se paraba la actividad. Nos daban la casa de acuerdo a la categoría; no se pagaba el alquiler ni la luz. En esa época, Villa Guillermina era como una pequeña ciudad. Teníamos dos clubes, cancha de tenis, el pueblo estaba muy buen cuidado. La empresa era dueña de los obrajes y se decía que se explotaba a los hacheros y los peones, pero no lo viví porque mi padre era administrativo”.
LOS INGLESES. “Para los ingleses, nosotros éramos de segunda categoría. Se reunían en grupos en el almacén de ramos generales donde íbamos a comprar, pero no con dinero sino con una libreta donde se anotaba todo; lo que se gastaba, pasaba por la administración. Ellos se reunían allí y eran muy maleducados porque, cuando hay muchas personas, se tiene que hablar el idioma común que era el castellano. Pues ellos hablaban el inglés y no entendíamos nada. El pueblo no sabía inglés, ellos sabían el castellano pero no lo hablaban. Para mi eso significaba soberbia”.
LOS CLUBES. “En aquel entonces, en Villa Guillermina había dos clubes, uno pertenecía al sector de los administrativos y el otro era el club de los obreros. Mi papá era presidente del club de los obreros aunque perteneciera a los administrativos. Pero los obreros no eran socios del club social; iban al club Sportivo. Eran dos categorías. Nosotros podíamos ir a cualquiera de los dos clubes, pero los obreros sólo podían entrar al suyo”.
LA MÁS SIMPÁTICA. “En Villa Guillermina, los domingos a la mañana íbamos todos: familia, amigos, compañeros que nos encontrábamos en las vacaciones, al club. Bailábamos y se escribían los nombres de las chicas en pequeños papeles que se repartían para votar. Y salí elegida como la más simpática”.
EL DÍA DESPUÉS. “Cuando se fue la Forestal, el lugar se convirtió en un pueblo muerto. Los obreros empezaron a exigir sus derechos, era la época de Perón, pero la empresa ya se había llevado todo. Yo tuve un buen pasar, no me puedo quejar. Pero tuvieron que irse todos porque no había trabajo. Hubo gente joven que tuvo que emigrar y buscar trabajo en Santa Fe, en Reconquista, Resistencia, donde podían. Las personas mayores, ya jubiladas, se quedaron allí. ¿Dónde iban a ir?”
LA DOCENCIA. “Me recibí de Profesora de Música en el Conservatorio Santafesino y de bachiller en el Liceo Nacional de Señoritas. En mi familia paterna, todos pertenecían al magisterio. Otilia, la mujer que se casó con mi papá 5 años después de que falleció mi mamá, también. No me gustaba el magisterio porque veía que trabajaban mucho. Las maestras tenían que luchar para hacerles entender a los padres que primero estaba la educación, y después estaba el trabajo. Y así consiguieron mucho. La Forestal les dio el edificio a la provincia de la escuela fiscal Nº 510 donde Otilia fue docente y después directora”.
UNA EXPERIENCIA. “Cuando terminé el bachiller y el profesorado de Música me fui a Villa Guillermina, y Otilia me dijo: ‘La Forestal regaló un piano a la escuela estatal pero no hay profesora de Música’. Me aclaró que si aceptaba ocupar ese lugar, iba a tener que hacerlo ad honorem. No me importó porque no tenía nada para hacer: si no se pertenecía al magisterio, no había lugar para la mujer. Estuve ahí y con gran sorpresa, cuando terminó el año, me pagaron el tiempo que había trabajado aunque no había sido nombrada”.
EL FIN DE UNA ETAPA. “Después volví a Santa Fe, conocí a quien sería mi esposo y a los seis meses nos casamos. Había vivido los mejores tiempos de la adolescencia, de las compañeras del Liceo. Pero mi papá me dijo: ‘Ya vas a tener una responsabilidad, vas a casarte, se termina la dolce vita’. Fui feliz, viví 64 años en matrimonio, luchando los dos. A las chicas las felicito porque estudian y trabajan; nosotras teníamos que ocuparnos de la educación de los chicos que empezaba en casa, por la familia”.
DE CUNA RADICAL. “Soy de cuna radical, mi abuelo fue de Hipólito Irigoyen, mi papá fue presidente del comité en Villa Guillermina a pesar de que en La Forestal no se hablaba de política, pero todo eso se lo hacía ‘a escondidas’. Entonces, había un amigo íntimo que aparecía como presidente. Fui admiradora del Dr. Balbín en una época en que la oposición era oposición. Cuando murió Perón, Balbín tuvo un gesto de grandeza porque se acercó al féretro, puso la mano y dijo: ‘Un adversario político viene a despedir a un amigo, el ex presidente Gral. Perón’”.
LA EDUCACIÓN. “Mi preocupación siempre fue la educación de mis hijos, que llegaran a ser profesionales, no por mi sino por ellos, para que pudieran desenvolverse en la vida como quisieran. Mi hijo es abogado y mi hija, Prof. de Ciencias Exactas y Psicóloga Social. Para mi todo eso significa más que si hubiera ganado una lotería. Porque el que siembra, recoge”.
COMPAÑERO INSEPARABLE. “Todas las tardes, cuando viene mi hijo, me dice: ‘¿estás esperando el novio?’. Es que ya a las 5 estoy esperando El Litoral y lo leo de punta a punta. Me gusta informarme sobre lo que pasa en la provincia y lo que pasa en la Nación. Sigo todas las noticias”.
VIDA Y OBRA
María Ester Nardi nació en Villa Guillermina, el 18 de junio de 1917. Allí cursó la escuela primaria y, en Santa Fe, el secundario en el Liceo Nacional de Señoritas, y el Profesorado de Música en el Conservatorio Santafesino.
FAMILIA
Tiene dos hijos, Teresa y Terzo, y dos nietos: Fabio y Valentina, por quienes no disimula un enorme afecto.
CASI UN SIGLO
Dice que cuando cumpla los 95 va a ser un día más, “pero falta más de un mes todavía”. “Bastante tengo con que soy de una familia muy grande, tanto materna como paterna, y soy la única longeva, la única que llegó a esta edad”.
así soy yo