Recuerdos entre tijeras, navajas y espejos
Recuerdos entre tijeras, navajas y espejos

Roberto Antonio Ferraris vive en Estación Matilde y tiene 68 años. El miércoles 2 de mayo cumplió 50 años de profesión. En esta nota, su familia le realiza un homenaje por sus años de dedicación y empeño como peluquero de hombres.
TEXTOS Y FOTOS. MELISA FERRARIS.
La peluquería de Roberto Ferraris abrió sus puertas al público el 2 de mayo de 1962 en la localidad de Estación Matilde, situada a 45 kilómetros de nuestra ciudad, en el extremo sudeste del departamento Las Colonias.
Ambientada al estilo tradicional, donde el hombre se corta el cabello o si hay alguien adelante, se sienta a esperar. También, si así lo deseaba el cliente, tenía la opción de que Ferraris lo afeitara.
Su sillón marca Koken, de origen estadounidense, lo acompañó durante todos estos años de trabajo; es una verdadera reliquia que aún conserva. Un amplio espejo, dividido en tres hojas y sus tijeras, navajas, peines y polvera arriba de un cómodo mostrador con cuatro cajones. Así comenzó su trayectoria: joven, con ilusiones, con expectativas y voluntad para perfilar su futuro que -en definitiva- marcó también el de su familia.
A continuación les presentamos su historia. Transcurría el año 1962 y, en Estación Matilde, Roberto abría la peluquería para hombres. El lugar alquilado para ejercer su oficio resultó ser en una habitación de un domicilio particular perteneciente a la familia Ramonda, ubicado frente a la ex estación de ferrocarril del lado este. Hoy se llama bulevar Iriondo.
Recuerda que eran tiempos muy difíciles, donde estudiar afuera o viajar era casi un imposible. En esta decisión tuvo mucho que ver la influencia de un tío, al que nombra y recuerda con gran cariño: Luis Gudiño, oriundo de la ciudad de Santo Tomé. Por aquel entonces Luisito, vivía en Santa Fe, su profesión era peluquero y le brindó hospedaje en su casa, junto a su familia.
Así, Roberto se quedaba durante la semana y podía realizar los cursos de corte de cabello. Su primer maestro fue Antonio Revechi, con quien estudió un año. Aquella peluquería quedaba en la intersección de 4 de enero y Entre Ríos. Al concluir esta etapa, su propio tío fue quien lo llevó a realizar las prácticas en un Hogar de Niños que quedaba en Urquiza y avenida J. J . Paso, ya que el celador era un conocido de su tío y quien resultó ser su maestro.
MUCHAS ANÉCDOTAS
Roberto Ferraris recuerda con agrado que durante su desempeño como peluquero conserva muchos recuerdos y anécdotas, como el hecho de que afeitó y le realizó un corte de pelo al conocido deportista Pedro Candioti.
Otra de las anécdotas que guarda entre sus recuerdos es que para cada 20 de septiembre, fecha en que se festejaban las fiestas patronales de Estación Matilde, era invitado como autoridad entre las personas más destacadas del pueblo a compartir el brindis que se realizaba para merecida ocasión.
Por supuesto, los comienzos no fueron fáciles. Dos o tres meses fueron suficientes para que tomara la iniciativa de anexar otros rubros en el local de la peluquería. Para ello, viajaba a Santa Fe a comprar en el tren que salía de Matilde a las seis de la mañana y regresaba al mediodía en el colectivo, que lo bajaba en la ruta 11, justo en la entrada al pueblo y allí hacía dedo. El camino no estaba asfaltado entonces y, cuando llovía, el trayecto lo hacía caminando. En tres o cuatro horas llegaba a su casa.
De lunes a sábados cortaba el pelo. Tenía como clientes a personas de Matilde y de ciudades y pueblos vecinos. También estaban aquellas personas que trabajaban el campo y, debido a su actividad, se organizaban para venir un día de la semana todos los hombres de la familia. Roberto comenzaba por el abuelo, continuaba por el hijo y terminaba con el nieto.
LA COLIMBA
En 1965, Ferraris tuvo que cumplir con la Patria y fue soldado en el Batallón de Ingenieros de Anfibios 601, en Santo Tomé. Como no podía ser de otra manera, fue destinado a la sección peluquería.
Sobre estos años, recuerda que una vez al mes debía concurrir a la división barcazas que hacía el recorrido fluvial de Colastiné a Paraná para cortar el pelo a los soldados que se encontraban en ellas. Además, relata que cierta vez le tocó cortar el cabello a 135 soldados en un solo día debido a que debían desfilar para una fiesta patria del 9 de julio. En esa ocasión conoció y utilizó, por primera vez, una máquina eléctrica, ya que siempre se había desempeñado de forma manual. A los seis meses de haber ingresado al Batallón le otorgaron la primera Baja de Honor.
UN SUEÑO HECHO REALIDAD
Con el transcurrir de los años, Roberto Ferraris fue construyendo la casa de familia, junto a su esposa María Esther y su hija Melisa. También edificó su local, adonde además de ejercer su actividad como peluquero, con el tiempo anexó varios rubros como perfumería, regalería, juguetería, zapatillería y relojería.
El 31 de diciembre de 2009 fue su último día de actividad como peluquero. Fue su decisión tras 48 años de oficio. Si bien no continuó realizando cortes al público lo sigue haciendo con los más íntimos. Sin embargo, las puertas del local siguen abiertas como comercio de los demás rubros. A lo largo de todos estos años de trayectoria tuvo que sortear momentos de penurias y zozobras económicas pero siempre salió adelante y logró sus objetivos. Su familia está orgullosa y es un verdadero ejemplo.

A veces
Por Melisa Ferraris (A mi padre)
Manos que trabajaron
no la tierra
sino los cabellos de la gente;
no el arma
sino la tijera.
Dedos que mueven
este filo de acero,
el sillón que soporta
el peso del cuerpo,
un espejo que observa
y repite;
imagen devuelve:
el malhumor o la alegría.
La sombra de la persiana que se cierra,
tan débil como un parpadeo
donde nace una lágrima,
como esta sorda manera
de mirar a veces.