Italia en la percepción viajera de Gustavo Vittori

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Sant’Ivo alla Sapienza, obra maestra de la arquitectura barroca, de Francesco Borromini.

 

Por J.M. Taverna Irigoyen

Las crónicas de viaje son merecedoras de lectores devotos. No obstante, válido es reconocer que no siempre las mismas responden a una categoría precisamente literaria, y aun, que en oportunidades sólo consisten en trayectos, reseñas y cronologías hilvanadas con cierta oportunidad de desarrollo.

Hay libros de viaje con valijas cerradas. Lo que equivaldría decir, escritos por autores de limitadas condiciones para tornar revivible el placer de viajar / descubrir / observar / atar cabos sueltos / formular contrapuntos históricos, artísticos, sociales. De Rimbaud a Stendhal, pueden darse los más diversos ejemplos y versiones de viajeros, que tanto se remonten a los fantásticos de Ulyses y Marco Polo, cuanto a los de un inquieto estudiante del siglo XXI.

Con plena conciencia de lo anterior, aunque con pasión no reprimida, Gustavo José Vittori entrega generosamente sus vivencias italianas. Lo hace con la capacidad de un cicerone nato: como si con romántico gesto nos diera la mano para subir escalinatas de palacios y trepar a las siete colinas de Roma. Su prosa elegante y, sobre todo, su lenguaje directo, sin adjetivaciones gesticulantes, contribuyen a que sus experiencias lleguen intensas y luminosas al lector, convirtiendo los escenarios en algo más que continentes de monumentos y de historias.

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“Bajo el cielo de Italia”, de Gustavo José Vittori. UNL. Santa Fe, 2011.

Bajo el cielo de Italia es producto de largos y variados itinerarios de Vittori. En cada uno, por sobre deslumbramientos, la oportunidad de buscar lo que se quiere ver, de descubrir lo que se desconoce, de observar preguntando y preguntándose inquisitoriamente. Porque el autor no es un viajero complaciente. De ahí que sus caminos estén trazados más allá de mapas y cartografías y que cada espacio alcanzado tenga para él (y para sus lectores) el sol exacto para la contemplación. No hay punto de partida ni sitio de llegada, aunque las páginas comiencen por Florencia y se cierren con Roma. En el vuelo narrativo de Vittori (que sí cabe tal concepto) los espacios se concatenan, sin rupturas. Toda Italia es una grandiosa expresión sensorial y sensitiva, una historia que se conjuga en presente aunque esté sustentada en pasado; un territorio en que el arte, las tradiciones y la fantasía pueden alcanzar las más inimaginables alturas. Entonces, el autor conduce y nos muestra la fascinación ante la sonrisa gótica, el reencuentro con los Médici; el triunfo del arte por sobre los siglos, la universalización de lo singular; la apropiación gozosa de lo diferente; los aires miguelangelescos; los reveses de la historia; las santas milicias, entre pontífices y Savonarolas; la mineral dimensión de templos y palacios; el valor de la piedra y el relumbre de los metales, el amor bajo las losas, la urdimbre de la historia tejiendo encuentros y desencuentros; los perfumes, como inequívoca señal de vida, las ciudades tan antiguas como orgullosas. Gustavo Vittori desnuda su mirada para no encandilarse. Y a fe que logra conciliar la explosión de efectos y de estímulos, trasfondos y misterios, sin que su palabra se quiebre en la emoción y pierda elocuencia.

Venecia y Milán, los meandros de callejuelas con puesteros y palacios, los grandes cementos de la contemporaneidad industrial, los escorzos de Oriente y Occidente con sus marcas y sus estigmas de tiempo acumulado, están en la percepción de este observador sin tregua que sabe compartir gozosamente sus andares.

Por ello y por mucho más que sólo cabe para la delectación de quien recorra sus páginas, Bajo el cielo de Italia es un texto polisémico, de ventanas abiertas. Ya que, con palabras del prologuista Enrique Butti, escuchamos con estupor y envidia al viajero que estuvo donde estuvo, con una presencia capaz de absorber las palpitaciones de un lugar.

Bellamente ilustrado con fotografías sacadas por el autor, en su mayor parte, el libro observa un pulcro diseño y una tipografía amable. Con el pie editorial de la Universidad Nacional del Litoral, sus páginas equivalen a un texto pautado en voz alta, como si el viajero quisiera compartir vivamente con el otro, entre inflexiones y deslumbres.


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El Río de la Plata, en la “Fuente de los Cuatro Ríos”, de Gianlorenzo Bernini, en el centro de la romana Plaza Navona.

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Casa degli Omenoni, en Milán.

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Imagen gótica de San Zeno que ríe.

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Ninfa del Parque de Bomarzo.

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Cúpula de la Basílica de San Pedro con escultura moderna en bronce en primer plano.

Fotos: Gustavo Vittori