Mesa de café
Mesa de café
¿Garantías para quién?
Abel está furioso. Está furioso y no lo disimula. Ha llegado temprano, pidió un café cargado y sin azúcar y se puso a leer los diarios. Después habló por teléfono con algunos amigos del gobierno y lo que le dijeron no debe haber sido agradable, porque su malhumor fue creciendo. Cuando llegó José, la furia continuaba. José le preguntó lo que le estaba pasando y le respondió con monosílabos. José insistió y entonces le dijo a boca de jarro:
-No sé por que me preguntás cosas que vos sabés muy bien.
José lo miró como si estuviera loco. -¿Que es lo que yo sé muy bien?
-El sabotaje que los peronistas le están haciendo al gobierno de Bonfatti, no tiene nombre.
-¿Podés explicarte un poco mejor?
-No te hagás el distraído.
-Y vos no te hagás el misterioso.
-¿Necesito explicarte que ustedes están detrás de la fuga del violador, que algunos de ustedes le puso plata al policía para que el violador se escape, para entonces pedir la cabeza del ministro de Seguridad y sus colaboradores?
-Vos estás completamente loco.
-Y vos te hacés el loco.
La discusión prometía seguir por ese andarivel, pero en ese momento llegamos Marcial y yo. Fue Marcial el que preguntó qué estaba pasando y la única respuesta de Abel fue mostrarle las notas publicadas por los diarios.
-No sé por que estás tan enojado -dijo Marcial después de leer los artículos.
-¿Te parece poco?
-¿Qué me parece poco?
-Que el violador se haya escapado con el consentimiento de la policía.
-No es la primera vez que ocurre algo parecido -digo yo- si la policía no fuera corrupta la mitad de los problemas de seguridad estarían resueltos.
-No metamos a todos en la misma bolsa -dice José- algunos policías no son corruptos.
-Con que un tres por ciento de policías sean corruptos -respondo- estamos en el horno.
-No nos vayamos del tema -reclama Marcial- el violador se escapó, pero antes de las 24 horas estaba detenido.
-Gracias al coraje y la decencia de una policía, no lo olvidemos -recuerda José.
-Todo está muy lindo -dice Marcial, que acaba de hacerle señas a Quito para que le sirva el té -pero lo que importa saber, en este caso, son dos cosas: por qué un personaje de esta calaña estaba en una seccional y por qué se pudo escapar como si estuviera en su casa.
-Estaba en una seccional porque a los violadores no los mandan a la cárcel común porque corren el riesgo de ser violados.
-Mal no les vendría -dice Quito, mientras le sirve el té con galletitas a Marcial.
-Lo que estás diciendo es un salvajada -dice Abel.
-Que salvajada ni salvajada -contesta Quito -¿vos viste como quedó la chica violada? ¿Vos viste todo lo que hizo ese tipo? Ahora resulta que la víctima es él -dice Quito levantando la voz, para después agregar a modo de sentencia: -Yo no sólo lo pondría en la jaula de los leones, sino que lo entregaría a los violadores para que sepa por un ratito lo que se sufre en estos casos.
-Convengamos -digo- que al señor le cabe el principio de presunción de inocencia.
-¿Vos tenés alguna duda de que el hombre es culpable?
-Esa no es la pregunta que se hace el derecho -responde Marcial.
-Pero es la pregunta que se hace el hombre de la calle -contesta José- El derecho es muy bueno, muy lindo, pero en nombre del derecho se termina dejando afuera a los delincuentes más peligrosos.
-No es así -contesto- las cárceles están llenas de presos y por algo será que están llenas. Además, si no se respetara el principio de presunción de inocencia, retornaríamos a la barbarie.
-La barbarie la expresa este sujeto: violador, torturador, sádico, eso es barbarie.
-La pregunta que se hace el derecho -interviene Marcial- no es sobre un caso particular, sino atendiendo situaciones generales: ¿Qué pasa si el condenado fuera inocente? -esa es la pregunta.
-Esa es la verdadera pregunta -repito yo- recuerdo que hace unos años fueron asesinadas dos chicas en Río Negro y la policía detuvo a tres sospechosos. La indignación de la gente era tal, que asaltaron la seccional policial para lincharlos. A duras penas la policía logró sacarlos por la puerta de atrás. Un mes más tarde se descubrió al verdadero asesino, un personaje que no tenía nada que ver con esos sospechosos.
-Con el razonamiento de Quito y de José -dice Marcial- esos tipos hubiera sido linchados, pero después, ¿qué hacemos cuando descubrimos que nos equivocamos? ¿Linchamos a los linchadores?
-Yo insisto -dice Abel- que en este caso alguien intentó hacerle la cama al Ministro de Seguridad.
-Fue lo que él declaró, además -digo.
-Y ya que declaró eso -dice José- seria bueno que este caballero dé más datos sobre lo que acusa o afirma.
-Ya los va a dar -contesta Abel- quedate tranquilo que ya los va a dar.
-Yo estoy tranquilo -responde José -no sé si vos podés decir lo mismo -refuta.
-Ya que están tan tranquilos -reitera Abel- sería bueno entonces que no pierdan la calma y se dejen de conspirar contra el gobierno.
-Nosotros no conspiramos, nosotros somos opositores y cumplimos con el rol que cualquier democracia le asigna a los opositores: oponernos.
-La oposición tiene un límite- repite Abel.
-Yo diría -interviene Marcial- que el peronismo en la oposición a ese límite lo está respetando. Por lo tanto, me parece injusto decir que desestabilizan, me parece injusto decir que conspiran o bloquean. El que tiene que preocuparse por no boicotearse a sí mismo, con no conspirar en su contra, es el gobierno, no la oposición.
-No comparto - dice Abel.