Pensionado
Un robo de nada
Sucesos / Un robo de nadaPensionado Un robo de nada Redacción de El Litoral Un robo que para algunos parece insignificante en lo material, puede significar un golpe insoportable para una persona mayor que privada de mayores recursos atraviesa problemas de salud. El último domingo, Guido Zeballos, un pensionado de 65 años de edad que vive en una piecita ubicada en Dr. Zavalla 5147, vivió una experiencia que agravó su estado y ahora está muy angustiado. El hombre perdió a manos de algunos ladrones que frecuentan el vecindario toda su ropa, el calzado, los pocos electrodomésticos que tenía y al decir de la dueña del espacio que él ocupa “no le dejaron ni un tenedor para comer. Lo dejaron con lo puesto”. Esa mujer, Alberta Fleitas, fue quien refirió el despojo y aseguró que su inquilino “enfermo como está”, sufre ante el temor de que en cualquier momento la patota invada nuevamente su casa con peores consecuencias para él. Alberta Fleitas, al igual que un vecino de Zeballos, dijo que algunas personas que viven en las inmediaciones están en condiciones de decir quiénes fueron aquellos que alrededor de las siete y treinta violentaron las aberturas de la casa. Afortunadamente, el robo se produjo mientras Zeballos estaba ausente porque apenas salió el sol y después de las presiones sufridas durante la noche por los miembros de la patota que le exigía que abriera la puerta “fue a ver a un enfermero para que le tomara la presión”. Fleitas dijo además que el hecho fue denunciado en la Seccional 9na. pero todo lo que ocurrió hasta el día de hoy se limitó a una inspección que según su descripción hicieron los peritos de la URI. Fuimos a la Seccional pero nos hicieron notar que era domingo y en consecuencia el comisario no estaba, tampoco pudimos llegar al juez o al fiscal. “Quizás si hubieran matado a una persona nos habría atendido alguien, pero como se trata del robo que sufrió este hombre enfermo y sin recursos, no encontramos a nadie dispuesto”. Alberta Fleitas quien el domingo se trasladó desde su casa en el barrio El Pozo recibió la sugerncia de regresar por la tarde pero en la comisaría dejó su número telefónico. “Pero nadie me llamó desde entonces -el galpón al que barretearon las puertas es mío- y nadie se interesó en el caso”, concluyó. |



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