Un sonido de vértigo

Un sonido de vértigo
 

Alejandro Zurbriggen

No tiene ascendencia española pero adoptó la gaita asturiana como forma de expresión, y asegura que, por su belleza, la música que transmite este instrumento le da mucho placer y la inmensidad de su sonido le produce vértigo.

TEXTOS. NANCY BALZA. FOTO. LUIS CETRARO.

PRIMER ACERCAMIENTO. “Hice la escuela primaria en el Colegio Nuestra Sra. de Covadonga y un día escuché un sonido que me llamó mucho la atención. Resultó ser una gaita y me quedé sorprendido, porque es un instrumento que no tiene una mecánica tan habitual y, además, emite un sonido distinto a lo que nuestros oídos están acostumbrados”.

ORIGEN. “La gaita tiene orígenes muy inciertos. Existen tres teorías principales. La primera, que también sostienen muchos investigadores, es que deriva de un instrumento griego que se llamaba aulos y que consistía en dos flautas: una emitía un sonido pedal y otra la melodía. Otra teoría sostiene que viene de los árabes, de los antiguos encantadores de serpientes que empezaron con la flauta e incorporaron la bolsa. Y los celtas tenían su propia versión de un instrumento cuyo sonido se renueva constantemente en la bolsa y por eso no se termina nunca”.

DE ALUMNO A DOCENTE. “De chico estudiaba música en el Crei y me contacté con María Fernanda Cantero, quien trabajaba en el Centro Asturiano, para aprender a tocar la gaita. Cuando ella se fue de viaje, quedé a cargo de la enseñanza. Ahora doy clases particulares; en la escuela secundaria (del Colegio Covadonga) estoy a cargo de una currícula que es Música Tradicional, y en la primaria estoy al frente de un taller de gaita que es optativo”.

EN ASTURIAS. “Luego del Crei, empecé el profesorado de Música en el Liceo Municipal pero me surgió una beca para viajar a Asturias y estudiar Música Tradicional. Estuve tres años allá, un lapso por cada año, en un programa que se llama Escuela de Asturianía, con representantes de todos los centros asturianos del mundo. Éramos una promoción de 30 personas, con clases intensivas todo el día, todos los días, de cultura general, idioma, antropología, lengua y gaita, entre otras materias. De Argentina participé con 6 personas. Tenía 18 años y era de los más chicos del grupo. Cuando volví con ese título, pude empezar a ejercer en la escuela Covadonga”.

DIFICULTAD. “Lo más difícil de lograr es la coordinación. Una vez que se aprende a dominar la presión y el manejo del aire, ese aspecto pasa a un segundo plano y se hace de manera automática. Después hay que concentrarse en la digitación y el perfeccionamiento de las notas, que es lo más complicado. En cuanto al repertorio, la gaita es un instrumento muy antiguo y en sus orígenes las melodías eran muy sencillas”.

AMPLIO REGISTRO. “Desde hace un par de años empecé a incursionar con la gaita fuera del repertorio tradicional. Comencé a tocar con un grupo de reggae. Años atrás hice una incursión en música electrónica en la fiesta de San Patricio, y fuera de eso estoy explorando la participación de la gaita en la música académica, clásica. El campo de este instrumento es muy amplio. Si bien en sus orígenes era adecuada para un terreno muy limitado, con el tiempo se temperó, se adaptó el registro y se pueden hacer un montón de canciones. Hasta tengo la adaptación para el Himno Nacional Argentino, y La Cumparsita, aunque tiene un timbre diferente al conocido”.

LA PANOYA. “Es el grupo folclórico del Centro Asturiano. Allí soy director de la banda de gaitas y trabajo en conjunto con César Gutiérrez que es director de baile tradicional. Se van a cumplir 12 años que estoy como integrante y 5 como director. Junto con Gutiérrez lideramos el grupo y, además, ofrecemos cursos de baile y gaita en centros asturianos de todo el país”.

MUJERES, TAMBIÉN. “La Panoya está integrada por hombres y mujeres; somos alrededor de 15 personas en total, y en la banda de gaitas también hay chicas. En Asturias hay más mujeres que hombres en las agrupaciones. Ellas tienen más presencia todavía en la percusión que parece una cosa más ruda y varonil”.

UNA ARTESANÍA. “Las gaitas asturianas se consiguen solamente en Asturias, hechas por luthiers. Son instrumentos artesanales que no tienen número de serie, ni están producidos en masa. La gaita viene preparada para tocar y no se altera nunca, aunque si el cambio de clima la afecta, tenemos técnicas para resolverlo”.

TRADICIONES. “Como todos los años hacemos dos presentaciones que son eje para La Panoya, una es la fiesta de la Virgen de Covadonga, patrona de Asturias, que se celebra en septiembre. Ese día se hace la misa y después una procesión por calle Urquiza, desde la Iglesia de los Agustinos hasta el Centro Asturiano. Es una ceremonia muy colorida. La otra es la fiesta de San Juan que se desarrolla en la Iglesia del Huerto, en la Costanera, con todos los rituales propios de esa festividad religiosa”.

EL FÍSICO. “La gaita requiere de un trabajo interesante de fuerza; va en contra de cualquier técnica desarrollada de respiración. Es un instrumento totalmente rudimentario que necesita fuerza y aire a montones. Llenás primero la bolsa que tiene que llegar a una determinada presión para que empiece a sonar porque, en cuanto flaqueás, deja de hacerlo. El aire tiene que llegar a dos válvulas. Esa fuerza se adquiere con la práctica. Cuando se logra esa presión y llega el momento de respirar, se aprieta la bolsa con el brazo y la presión sigue saliendo de la misma manera. Requiere mucho esfuerzo, primero por el trabajo de coordinación que hay que lograr, y después por la digitación que es compleja y se suma a lo anterior”.

POTENCIA. “La gaita demanda un trabajo de concentración muy importante y suena muy fuerte, por lo que tenemos que tocar protegidos, porque el nivel de decibeles es casi como el de un avión chiquito: el avión alcanza 110 decibeles y la gaita, 80. Por eso nos ponemos tapones en los oídos. Por suerte, tuve vecinos fantásticos a los que les encantaba que toque la gaita así que me pasaba la tarde practicando. Después, empezaron a venir materiales de madera para la práctica de la digitación, pero agradezco haber tenido esos vecinos que, cuando empezaba a tocar la gaita, abrían sus ventanas para escuchar”.

FORMACIÓN

Es santafesino, cursó la primaria en el colegio Ntra. Sra. de Covadonga, y la secundaria en el Ipei. Comenzó a estudiar música en el Crei, siguió en el Liceo Municipal -hasta que llegó la beca a Asturias- y ahora cursa el Profesorado de Música y Licenciatura en Composición en el Instituto Superior de Música de la UNL.

ASCENDENCIA MUSICAL

Por las venas familiares corre música. “Mi papá siempre tocó la guitarra y el piano; mi mamá, la guitarra, además de cantar; mi abuela paterna canta en la iglesia de su pueblo, y el padre de mi abuela materna, que era libanés, fue cantante lírico”.

CONSEJO

A quienes se van a iniciar en el estudio de la gaita les recomienda “paciencia”, porque “no es un instrumento fácil de adquirir ni para familiarizarse, pero una vez que se hace parte de la vida es hermoso. El sonido que se puede lograr te dice muchas cosas: hay mucha historia detrás de eso y lo que transmite es vertiginoso, como cuando estás en un lugar muy grande y te sentís mareado”.