EDITORIAL
EDITORIAL
Deuda pendiente en materia de salud
Las estadísticas no siempre alcanzan para describir un fenómeno en profundidad. Sin embargo, ayudan a generar señales que, correctamente decodificadas, develan situaciones que pueden ser el punto de partida para la búsqueda de soluciones.
En las últimas semanas, el Sedronar dio a conocer un estudio realizado en la provincia de Santa Fe durante el año pasado. Básicamente, se trató de una encuesta entre estudiantes de 1º, 3º y 5º año de la escuela secundaria, tendiente a cuantificar el consumo de drogas lícitas e ilícitas entre adolescentes y preadolescentes.
Según este relevamiento, el 2,7% de los chicos consultados reconoció haber consumido cocaína en el último año y, de ese total, el 40% dijo que consume frecuentemente.
Una lectura apresurada de estas cifras puede generar la equivocada idea de que el consumo de cocaína entre adolescentes y preadolescentes santafesinos es un problema menor. Sin embargo, el hecho de que aproximadamente diez de cada mil chicos de estas edades puedan ser adictos a esta droga -porque reconocen consumir de manera frecuente-, no es un dato irrelevante.
El relevamiento realizado por el Sedronar también reveló que el 1,1% de los consultados en la provincia dijo haber consumido pasta base o paco durante el último año. Otra vez, el porcentaje de consumidores parece casi insignificante.
Sin embargo, existen dos elementos que deberían encender una luz de alerta. El primero es que, cuando en 2001 se realizó en la provincia la misma encuesta, el consumo de pasta base o de paco era nulo entre los consultados. Por aquel entonces, se trataba de un fenómeno circunscripto al conurbano bonaerense.
El segundo hecho preocupante se produjo hace pocos días. En el barrio de Colastiné Norte de la ciudad de Santa Fe, la policía descubrió una cocina de cocaína y decomisó allí pasta base, la materia prima del paco. Lo mismo ocurrió en la ciudad de Rosario.
Las autoridades deberán seguir con atención este problema para detectar con premura las primeras señales de consumo extendido de estas sustancias altamente adictivas y nocivas para los consumidores. Además, al ser una droga de bajo precio, el paco se extiende velozmente entre los sectores marginales y más empobrecidos de las grandes ciudades.
El problema de la venta y consumo de drogas ilícitas debe ser abordado por el Estado desde sus políticas de seguridad. Sin embargo, una vez instalado el flagelo, se requieren también respuestas inmediatas en materia de salud pública y planes de mediano y largo alcance en materia de integración social.
Por lo general, los gobiernos parecen poner el acento en la acción policíaca. Con grandes titulares, se anuncian los operativos que derivan en el decomiso de estupefaciente y en la detención de narcotraficantes.
Pero, mientras tanto, las políticas tendientes a la recuperación de los adictos siguen siendo insuficientes. Los recursos y la infraestructura necesarios para abordar este verdadero problema de salud pública no acompañan el crecimiento del flagelo. Al menos por ahora, es una deuda pendiente.