Cuando los niños están enfermos y hospitalizados, se privan de muchas cosas: de su casa, de su cama, de estar con su familia, de comer su comida y, principalmente, de jugar. En definitiva la hospitalización implica una pausa en la vida del niño o niña en situación de enfermedad.
En nuestra ciudad, en el Hospital de Niños Alassia, un grupo de facilitadores lúdicos llevó a cabo el proyecto de crear carros llenos de color, magia, juguetes y juegos para asistir a los niños internados que no tienen posibilidades de moverse libremente por el piso, ya sea porque están conectados a vías de sueros o respiratorias, o deban guardar estricto reposo.
De esta manera se crearon los Carros Destrabatrompas. Esta experiencia es única en Latinoamérica, pero pronto empezará a replicarse para que niños de todos los hospitales puedan seguir jugando.
PRIMER PASO
Los cambios que provocan en la infancia una enfermedad y una hospitalización pueden tener importantes repercusiones en el desarrollo biológico, psíquico y social del niño. Ante esta realidad, pacientes y familiares solicitaban al personal del equipo de salud, juguetes, libros de cuentos o lápices de colores a modo de entretenimiento. El hospital de Niños Orlando Alassia no contaba con un ámbito donde contener y satisfacer esta clase de necesidades.
En el año 1999, Mirta Quiroga, una enfermera de la institución, presentó un proyecto para la creación de un ámbito lúdico, donde el niño pudiera conectarse con su propia identidad a través del juego. Existía un espacio dentro de la estructura edilicia que estaba vacío; sólo faltaba transformarlo, asignarle condiciones que dieran cuenta del mundo infantil desde su estética y sus componentes. Tomando como referencia el contenido y la transmisión de valores de la película “Pach Adams”, el 10 de agosto de 2000 se inauguró una sala de juegos gracias a la colaboración de toda la comunidad que donó juguetes, mobiliario y material didáctico para constituirla.
En el año 2006 se hizo realidad el proyecto de creación de la biblioteca “Sana, Sana... Colita de Rana” para los niños, adolescentes y familiares, como fruto del trabajo conjunto de tres instituciones: Universidad Nacional del Litoral (UNL), Acción Educativa y el Hospital de Niños. Desde entonces, el Área Recreativa del hospital cuenta con dos ámbitos estables destinados a reducir, en el niño y sus acompañantes, la sensación de extrañamiento propia de la hospitalización. De este modo, el niño paciente (que fue niño antes de ser niño paciente) encuentra en “el jugar” un hecho cotidiano que representa lo que ya conocía y realizaba antes de ingresar al ámbito hospitalario.
La humanización del ámbito hospitalario, fue y es una tarea que debió y debe fortalecerse día a día, interesándonos por el otro y viendo en ese otro a un ser íntegro y semejante, que necesita de una caricia, de una sonrisa, de establecer un vínculo reparador y sanador, como cada uno de nosotros.
OTRAS NECESIDADES
Sin embargo, existía un amplio margen, constituido por la infancia hospitalizada o con tratamientos ambulatorios, que carecía de acceso a dichas instancias lúdicas al no poder desplazarse hasta el lugar en el que se halla situada el Área Recreativa. La estructura edilicia del hospital se caracteriza por ser muy extensa y amplia (posee una superficie de 12.000 metros cuadrados); esto provoca que la mayoría de los padres de niños hospitalizados ejerzan una guarda preventiva que retiene a los niños a su lado bajo estricta vigilancia, y si bien la sala de juegos Arco Iris está localizada en la zona central del hospital dentro de la planta baja, es una opción de difícil acceso para los niños hospitalizados debido a la distancia que debe recorrerse para acceder a la misma.
Si un adulto desea buscar un juego, juguete o un libro para su hijo, debe disponer de alguien que vigile al niño durante un tiempo prolongado, ya sea un familiar de relevo u otro adulto del entorno, por lo cual hay un amplio margen de familiares de pacientes que descartan la opción.
Existe un grado de extrema responsabilidad en el adulto sobre el niño hospitalizado que los lleva a articular sus acciones a partir de los siguientes supuestos: “como un familiar nadie los cuidará”, “si nos alejamos les puede pasar algo”, “si no estoy puede descompensarse, llorar, caer, desconectarse (en el caso que estén viabilizados) e incluso morir (en los casos más graves)”.
El niño hospitalizado, se encuentra en situación de vulnerabilidad respecto de su salud; esto provoca en los adultos cuidadores un efecto tendiente a sobreproteger privándolos del contacto con otros niños y adultos con el propósito de evitar contagios, posibles golpes o desbordes emocionales.
EL JUGUETE VA AL NIÑO
De este modo fue posible detectar la necesidad de estructurar espacios lúdicos móviles que llegaran hasta ellos y facilitaran el juego en todas las áreas del hospital, atendiendo a la especificidad y cuidado de las mismas.
Fue así como, desde el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia, junto a la Agrupación Cultural El Andén de la Duermevela, se decidió concursar en el XV Premio Bienal de Educación 2009/10 “Jugar para Aprender” de la Fundación Navarro Viola de la ciudad de Buenos Aires, obteniendo el 1º premio en orden de mérito por un valor de $50.000 para la construcción de los “Carritos Destrabatrompas”, dispositivos móviles diseñados para el depósito, transporte y administración especializada de una variedad de juegos, juguetes y material lúdico destinado al niño hospitalizado que no tiene posibilidad de desplazarse dentro del nosocomio.
Los autores teóricos del proyecto son Susana De Castro, Franco Citroni y Judith Savino. Los realizadores son Carina Ortíz, María Nelda Díaz, Leonor Paz, Mirta Guchieri y Mónica Sánchez.
Ahora, a través de la Campaña del Juguete Público Hospitalario (ver La Campaña), la comunidad está invitada a sumarse a este proyecto, a través de la adquisición de un bono solidario en los comercios que decidieron adherir a esta propuesta y apostar por el derecho de los niños a seguir siendo niños.
JUDITH SAVINO CUENTA
“Se presenta en Buenos Aires el libro ‘Proyectos en juego: experiencias infantiles, espacios y lugares para jugar’. con nuestro proyecto del Hospital De Niños Dr. Orlando Alassia (y cuando digo ‘nuestro’ digo de la Agrupación Cultural El Andén de la Duermevela, digo mis amigos del alma, digo gente que está cambiando las cosas. ¡“Síííí, salen a la luz nuestros queridos Carros Destrabatrompa, nuestras entrañables ludotecas móviles y su abordaje teórico en un libro que recorrerá latinoamérica entera!
Intenten pensarlo como un gran sueño cumplido que tanto a mí como a mis compañeros nos llena el alma de emoción. Quiero contarles que, personalmente, este libro me calma, porque en él se democratizan saberes emergentes de una praxis impecable (impecable porque tuvo tantos aciertos como errores), que ha sido posible gracias a un equipo de trabajo que supo encarar la complejidad de una práctica manteniendo una mirada entera y constante sobre el marco teórico construido; que pudo retornar a esa práctica potenciando los aciertos y analizando los errores para que, como proceso, el proyecto pudiera fluir y sincronizarse teorizando con mayor especificidad. De este modo, volver al territorio implicó directamente acertar en el centro de las problemáticas.
“Trabajamos duro, sufrimos pérdidas, vimos de cerca (muy de cerca para mi gusto) el dolor de los niños, entendimos el mundo desde puntos de vista que ni sabía que podrían tener existencia, pero crecimos y aprendimos tanto que no me alcanzarían las palabras del universo para poder explicar lo íntegra que me siento, lo llena que está mi alma.
“Estoy feliz porque ahora, a través de nuestra experiencia hecha libro, podremos llegar a personas que necesitan librar batallas similares y podremos ayudar y prevenir fallas y desaciertos; el ala dura a la que pertenece la salud infantil, podrá alivianarse y alzar vuelo hacia las infancias que jugarán sin interrupciones.
Sí se puede, aunque nos digan que no”.