Los carros de Noé
Los carros de Noé
Susana De Castro es la ideóloga de los Carritos Destrabatrompas, las cajoneras de colores que serán juegotecas móviles. Con ellas, Se busca despertar sonrisas en los niños internados en el Hospital Alassia.
TEXTOS. FLORENCIA ARRI. FOTOS. FLAVIO RAINA.

“Quiero que todos los niños que están internados puedan, como Noé, generar en algún momento una gran sonrisa”, expresó Susana.
Noé abrió sus ojos al mundo en el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia, con una patología compleja y pronóstico dramático: cuatro meses de vida. La incubadora que ocupó en la Neonatología fue su suelo y cielo, la caja de cristal a la que su mamá, Susana De Castro, llevó telas, perfumes y colores. Si bien no estaba segura de si Noé podría percibirlos, “decidí estimularlo, mostrarle otras cosas. Empecé, desde la intuición total de madre, a tratar de provocar el seguimiento de su mirada, el palpar texturas e intentar ver si percibía olores... Fue un trabajo que hice durante tres meses y que me permitió generar un vínculo importante, una maduración en mí misma de todo ese proceso. Siempre supe que iba a morir; era darle algo más, un plus que me terminó gratificando”.
Al mirar hacia atrás, para Susana “el día que él murió fue el día que también nació, porque fue el de su primera sonrisa. Me quedó el vínculo que generamos a través de todos los objetos-medio que trabajamos y esa gran sonrisa final. Por eso siempre repito lo mismo: quiero que todos los niños que están internados puedan, como Noé, generar en algún momento una gran sonrisa. Parece poético y hasta cursi -expresó sin timidez-, pero lo siento así”.
Debajo de sus rulos, Susana concentra un metro sesenta de energía, de docente de nivel inicial con ternura de mamá. A sus 42 años, tiene cuatro varones (Leandro de 21 años, Agustín de 17, Matías de 13 y Felipe de 8) y a Camila, de 20 años, discapacitada con síndrome de Prader-Willi (SPW), joven “tremenda, que nos arranca risas a todos”, contó sonriente. Con estas fibras de tierna luchadora, hace casi una década Susana se formó como ludoeducadora en la Asociación Internacional por el Derecho del Niño a Jugar (IPA, Argentina). Allí conoció a Judith Savino, con quien perfeccionó aquella iniciativa que nació con Noé. “Pensé qué bueno sería tener un carro móvil en la Neo con juegos y juguetes para que las mamás puedan interactuar con sus bebés -contó Susana-. La idea brotó y para el trabajo final del curso de formación presenté la propuesta de un carro móvil hospitalario. Esas ruedas fueron la primera idea que más tarde transformamos en proyecto”.
Sus palabras refieren al proyecto que presentó junto a la agrupación cultural El Andén de la Duermevela y que alcanzó el primer premio en la Bienal de la Fundación Navarro Viola “Jugar, Sanar y aprender”. Con él, el grupo recibió 50 mil pesos para construir los carros que hoy la Campaña del Juguete Público Hospitalario busca llenar. Se trata de cuatro “Carritos Destrabatrompas”: grandes cajoneras de colores, con ruedas, para llevar sonrisas a nenes internados que no se pueden movilizar, que no pueden bajar a jugar al Área Recreativa del hospital. De los cuatro móviles, hay uno en particular que Susana y Judith esperan con ansiedad: el carro de Neonatología y, con él, “nuestro desvelo: el juego directo entre la madre y el niño recién nacido”, contó Judith.
RISAS CON RUEDAS
Aquel sueño que comenzó a forjarse con los tímidos juegos de Noé y su mamá se hizo palpable cuando lo hicieron propio las diez personas que forman El Andén de la Duermevela, agrupación cultural independiente que formaron Susana y Judith y que hoy se nutre del tiempo, creatividad y voluntad también de Rodrigo Cocco, Carlos Vicente, Fabio Deganuti, Lorena Fabre, Mariana Milessi, Cristian Papili, Fabiana Agüero y Dianela Fernández.
Susana, quien conoció el Alassia “primero como mamá”, ideó y construyó junto a ellos los cuatro móviles, “cuatro carritos que para mí son como nuevos hijos; verlos es como ver esa vida que perdí ahí. Es el trabajo de muchos años, de mucha investigación, y de un proceso de resiliencia -agregó Susana-. Aprendí a conocerme a través de esto. La muerte de un hijo es una herida que nunca cicatriza, una marca que siempre está. La posibilidad de hacer un proceso que me permita transmitir esto a otras personas y ayudarlas es muy gratificante. Es encontrar vida y sonrisas en esos carros que sabés que van a llegar a las habitaciones y van a generar alegría en forma espontánea”.
JUGAR ¿POR JUGAR?
La Campaña del Juguete Público Hospitalario es sólo una de las acciones que lleva adelante El Andén de la Duermevela, este grupo de chicos en cuerpos de grandes que proponen jugar en todas las edades y con diferentes fines; en palabras de Judith y Susana, “revalorizar el juego en todos los ámbitos”. Lo hacen de diferentes modos, de la mano de conceptos del filósofo e historiador holandés Johan Huizinga, quien propuso que “el primer hipertexto de la humanidad es el juego; el juego como generador de cultura. El hombre primero jugó y desde allí nació todo lo demás, incluso la guerra”, destacó De Castro.
Sus integrantes también son formadores de otros adultos que adhieren a las diferentes ventajas de jugar: “facilitadores lúdicos”. Se trata de mamás, papás, tíos, abuelos, docentes y todo aquel que desee “trabajar el juego como herramienta para el cambio de paradigma, para empezar a ver las posibilidades que tiene esto de co-educarnos, de mirar al otro desde una perspectiva de la otredad, como dice Octavio Paz”, explicó Susana.
“El otro -incluso el niño, destacó Susana- tiene mucho para dar, tanto saber... La cuestión está en sentarnos a escucharlo, en no concebir a la infancia como única sino a ‘las infancias’, como dice el pedagogo Mariano Narodowski. Debemos entender a los niños y jóvenes como seres humanos diversos, cargados de subjetividades, humanamente únicos, con procesos diferentes. Alimentar, mostrar y trabajar esa subjetividad nos transforma en únicos e irremplazables y a la vez nos hace crecer”. A ese lugar apuntan las miradas de los integrantes de El Andén.
Esta primera etapa de la campaña, que terminará el viernes 31, busca destrabar trompas con sonrisas. A ojos de Susana, “los santafesinos son muy solidarios, creo que vamos a llenar los carros de juguetes”. No parece sosegada. Se llena los ojos de orgullo por lo realizado y por sus compañeros de El Andén. Cuenta nuevos proyectos y dibuja una sonrisa que emociona, tal vez como la de Noé, esa primera gran sonrisa que esta campaña busca multiplicar.
En boca de Susana todavía hay más; El Andén sigue ideando “proyectos que están relacionados con niños. Cuando ellos son protagonistas, todo es maravilloso”.
MULTIPLICAR ES LA TAREA
Los integrantes de El Andén de la Duermevela son también formadores de nuevos facilitadores lúdicos. En diferentes localidades, dictan los cursos de Formación de Facilitadores Lúdicos en la cotidianeidad; Juegos, Juguetes y Juegotecas; y Formación de Facilitadores Lúdicos para el abordaje de la Adolescencia, entre otros que realizan junto a Fundación Bica en Santa Fe.
Algunos de sus integrantes participan también de El Patio, un proyecto socioeducativo del Ministerio de Educación de la Provincia. A ojos de quien fue una de las fundadoras, en El Andén “se genera y se respira un trabajo en equipo del que nos sentimos orgullosos y somos sabedores de todo lo que podemos hacer, dar, generar y transmitir”.
“Es encontrar vida y sonrisas en esos carros que sabés que van a llegar a las habitaciones y van a generar alegría en forma espontánea”, expresó Susana.


LA CAMPAÑA Y LOS “CARROS DESTRABATROMPAS” FUERON PRESENTADOS EN EL HOSPITAL DE NIÑOS, EN CONFERENCIA DE PRENSA. aLLÍ fACUNDO SANTOS RECREÓ A “UN NENE CON TROMPITA”, Y Y DANIELA COMETTO A LA ENFERMERA QUE LE MOSTRÓ LOS CARROS QUE PODRÁ LLEVAR A SU CAMA PARA JUGAR.
La agrupación cultural El Andén de la Duermevela tiene por fin “revalorizar el juego en todos los ámbitos”
