Tribuna ciudadana
Opinión / Guadalupe sin “Truccos”Tribuna ciudadana Guadalupe sin “Truccos” ![]() ![]() César Trucco y Padre Edgardo Trucco. Fotos: Archivo El Litoral Mariano Figueroa Guadalupe es un barrio de contrastes, tal vez como todos. Ocurre que al ser un observador sumergido en sus instituciones, es posible que me aparezcan más pronunciados los claroscuros. Tenemos un sector mayoritario, comprometido con la lucha contra las injusticias, sensible al dolor del prójimo (próximo), activo integrante de una riquísima red de ONGs, vecinales, clubes y de nuestro orgullo: la Cooperativa Setúbal. No son muchas las capitales de provincia o grandes ciudades que tienen una cooperativa con una red de gas natural que presta servicios a 14.000 abonados y a mil teléfonos de telefonía fija, además de proveer de internet a 300 vecinos. César Trucco, no sólo era uno de ellos, sino que fue el motor o el copiloto de muchos de estos proyectos. Siempre alentando, siempre escuchando, siempre acompañando, siempre participando. Nunca midió el éxito con la vara de lo material, siempre dijo que había que darle para adelante. Fue un pilar fundamental de todas las iniciativas que fortalecieran el único capital que aumenta con el uso: nuestro capital social. Y es justamente desde allí que vienen los nuevos vientos, ha sido el movimiento ecologista el que ha puesto el tema del medio ambiente en la agenda, ha sido el movimiento de mujeres el que ha logrado avances en la problemática de género, entre otros temas importantes de nuestro tiempo. ¿Qué padres han sido los de los Trucco? Dieron un cura comprometido con su barrio, a César y una familia que ha marcado a fuego la historia de Guadalupe. ¿Qué maravillosos valores les inculcaron? A tal punto que fueron ellos los que impregnaron Guadalupe de solidaridad. Cuando hablaba de César, en broma decía “mejor que el cura”, como una forma de remarcar cómo estos dos Trucco “competían” como abanderados de la solidaridad. César era capaz de ir al rancho de doña Rosa, porque no había comido y llevarle una caja de arroz. Era capaz de caminar junto a los desposeídos, intentando empoderarlos para que defiendan sus derechos, ordenaba -junto a su esposa y compañera- la ropa en Cáritas y la distribuía, estaba atento a las necesidades de medicamentosàEl presidente de la cooperativa, Cacho Frutos, preguntaba: ¿Y ahora quién lo reemplazará? César es irremplazable, era único e irrepetible como todos nosotros y ha dejado un aporte, una impronta que ¡eso sí! dependerá de nosotros profundizar. Cuando trajeron los restos del padre Trucco, expresamos que lo habíamos dejado solo cuando denunció hechos negativos para la seguridad de Guadalupe. Sigo pensando que, a pesar de que muchos estamos comprometidos con las instituciones, nos falta dar un paso adelante: conocernos y reconocernos, valorarnos, unir fuerzas -no sólo en beneficio del barrio y la ciudad- sino, lo que es fundamental, en beneficio de cada uno de nosotros. El mejor momento que viví de mi barrio, fue Guadalupe Estratégico. Todas las vecinales trabajando juntas, la Universidad ayudándonos a realizar una planificación estratégica, las escuelas acompañando la preclasificación de residuos, la Iglesia -con el cura a la cabeza- apoyándonos. Hoy no los tenemos más: ni al cura ni a César, y el desafío es mayor. Me gustaría hacer un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de Guadalupe y -por qué no decirlo- de mi ciudad. No dejemos que estos valores se pierdan. Como nos enseñó el Principito “lo esencial es invisible a los ojos”. Tenemos que fortalecer una contracorriente de los valores del mercado. Tenemos que unir nuestras fuerzas como ocurre con la lupa cuando concentra los rayos de luz para agujerear una chapa. El consumismo, el individualismo, el sálvese quien pueda, nos han llevado a esta situación. Tal vez en Guadalupe tengamos a la Familia Trucco como nuestro mejor ejemplo, pero no tengo dudas de que en todos los rincones de nuestra querida ciudad y de todo nuestro país, hay ejemplos como éstos que merecen que nos detengamos un instante para evaluarlos en su real magnitud. La anomia, el aislamiento, solo traen patologías sociales. De allí la importancia de la tarea que cumplen estas personas al motorizar lugares de encuentro, de debate, lugares en los que podemos compartir momentos inolvidables y donde encontramos esas redes de contención y solidaridad que tanto bien le hacen al espíritu y a la salud colectivos. Estos lugares de encuentro, en los que la palabra circula y donde una opinión es un voto, han sido el mejor legado de nuestros antepasados. Así, a partir de una mutual se construyó el Hospital Italiano, por nombrar solo un ejemplo entre muchos emprendimientos que han cumplido 100 años. Tal vez, si se valora en su justa medida la importancia que tuvieron aquellos que, como ‘los Trucco‘, sacrificaron tiempo familiar para fortalecer las iniciativas colectivas, obtengamos la fuerza que nos permita -también a nosotros- ser motores de la transformación que tanto hace falta. Estos lugares de encuentro, en los que la palabra circula y donde una opinión es un voto, han sido el mejor legado de nuestros antepasados. |


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