El día del huevo

El día del huevo

Por nobles y oblongos motivos que no me corresponde descascarar, el 12 de octubre es el día del huevo. Por supuesto que se refiere al “huevo huevo” y no a socarronas y bajas (o medias, según) interpretaciones, que nosotros igual asumimos. Un poco porque tenemos los homenajeados llenos de tanta puritana hipocresía...

TEXTOS. NÉSTOR FENOGLIO. [email protected]. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI. [email protected].

 

¡Hay que estar al cohete y haciendo huevo para instituir un día -encima mundial- del huevo! Movedizos como son cualquiera de los adminículos referidos, ese día mundial no es fijo, sino que cae el segundo viernes de octubre -este año el 12; el año pasado fue el 14, el anteaño el 8: qué manera de romper los esquemas- y es reconocido por 150 países, o sea casi todo el mundo.

Las relaciones entre el huevo huevo y el huevo escroto no las inventé yo, felizmente, ni tampoco su traslación hacia el ocio o la pereza. Hasta la identificación de ambas estructuras por la similitud de las formas, podríamos manifestarnos y apoyarnos en bibliotecas clásicas: Toynbee, Hauser y otros sostienen que el dibujo animista pretende poseer la cosa misma y en rigor es la cosa misma. Hasta allí entiendo la identificación.

Es más compleja en cambio la traslación del significado hasta llegar al ocio. Otros autores creen que se trata de la quietud, del hombre sentado, que hace “nada”. E incluso se llega a asociar con aporte nulo, o como algo negativo. Puede venir de la idea de empollar que tienen las aves, pero entonces entran a jugar otros conceptos, como el de la vida futura, el cambio, la evolución. Hacer huevo, o incluso rascarse, o incluso tener muñones de rascarse, no incluye esa noción de proactividad y esa pulsión vital.

La traslación, y la relación con la masculinidad, no explica -ni anula- la posibilidad de que las chicas “hagan huevo”, como metáfora de hacer o no hacer nada. Algunas señoritas consultadas reivindican para sí la posibilidad de hacer huevo como un bien ganado no exclusivo de los hombres. Otras denuncian la primacía machista y se niegan a hacer huevo y hasta postulan el poco agraciado hacer ovario. Como se advierte, son temas de candente actualidad.

Sucede lo mismo con bola. Antes, el betún venía en bolas y en los cuarteles había “que darle bola” a la visita del general fulanito. Dar bola es dar importancia. Hasta allí todo bien, pero en algún momento las bolas designaron a las bolas. Y así estamos. Es difícil andar por el mundo -que tiene una sorprendente forma mundana que habilita a nuevas correlaciones- supliendo y reemplazando pero exhibiendo al mismo tiempo.

El pobre huevo entró en el terreno deportivo por aquello de que hay que poner huevo, un poco más de huevo, más de hue.. (etcétera), con los sentidos explícitos de poner y de huevo sin metáforas posibles. Allí el huevo tiene carácter activo y no el pasivo hacer huevo. Rara dualidad del objeto.

En la educación, “me pusieron un huevo”, o incluso más directamente “me comí un huevo” hace fresca referencia al cero, cuya forma también comparte. Ese alumno fue reprobado. Lo siento mucho.

Tenerlos llenos o que te los rompan son dos metáforas groseras también, pero de indudable utilización cotidiana e impacto visual inmediato. El refranero también usa al huevo: hay que romper algunos o unos cuantos para hacer una tortilla. Aquí el significado vira hacia los daños colaterales, o las cosas o sacrificios que hay que hacer para obtener algo. Y justifica esa masiva rotura hueval en pos de los resultados. Maquiavelo puro.

Yo creo que por ahora, apenas inicialado un tema tan redondo pero lleno de aristas como el propuesto, podemos ir retirándonos honrosamente. Puede ocurrir que a muchos, que han mantenido una modosita mueca de disgusto, malestar o reprobación lisa y llana -o lisa y ovoide- con la lectura de estas líneas, no estén de acuerdo con el tratamiento del tema. Se me ocurre una grosería relacionada para ellos. Pero, por otro lado, estoy tan concentrado en la tarea, tan esforzado en no derrapar, que prefiero mantenerme dentro de la delicada e inestable frontera de lo correcto. Me costó un esfuerzo y la mitad del otro.