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Edición del Sábado 17 de noviembre de 2012

Nosotros / Una vida en el mar

Una vida en el mar

Luis Suárez

Tiene 50 años, es de Ceres y hace casi tres décadas que recorre el mundo a bordo de la emblemática -hoy retenida en el puerto de Tema, Ghana- Fragata Libertad.

Una vida  en el mar
 

TEXTOS. MARINA ZAVALA. FOTO. ceresciudad.com.

CERESINO “Soy de Ceres, provincia de Santa Fe. Tengo 50 años y hace 27 que trabajo en la cantina de la fragata. Hice doce viajes alrededor del mundo, no en forma consecutiva. Yo no soy marino, soy civil, trabajo en la cantina del barco. Empecé en el año 1985; en ese momento estaba terminando el secundario en Córdoba, porque había pedido prórroga para poder hacer el servicio militar -en la época de Malvinas. A la par estaba estudiando idiomas. Resulta que había un señor de Ceres internado allí, muy enfermo, y necesitaba donantes de sangre. Fui con un grupo de personas a dar sangre y entre ellas estaba la hermana de quien, en ese momento, era el cantinero de la fragata. Después conocí a su mamá y fue ella la que me invitó y más tarde me llevó al barco. Fue todo muy rápido, muy de sorpresa, de un día para el otro”.

PRIMERA NAVEGACIÓN “Recuerdo mi primer viaje, claro que si, como si fuera hoy. En mi primera navegación salimos desde Buenos Aires para Recife, Pernambuco, en el norte de Brasil. De ahí nos fuimos a Santa Cruz de Tenerife, después al norte de Europa. Estuvimos en Amsterdam, después en Alemania; volvimos por el mar Mediterráneo e hicimos Málaga, Marsella, Civitavecchia. Hicimos otros puertos más como Malta, Senegal, Dakar; no recuerdo bien. Después cruzamos nuevamente hacia Brasil, ahí estuvimos en Fortaleza, Río de Janeiro, y finalmente volvimos al puerto de Buenos Aires. Ese año no se había podido ir a Estados Unidos porque no había presupuesto, no tengo presente cuál era el problema, pero se hizo un viaje corto”.

AL OTRO LADO DEL MUNDO “En su momento, imaginate 27 años atrás, impactaba mucho más todo lo que uno veía en los viajes, porque el mundo no estaba tan globalizado como lo está hoy, no había la tecnología que existe en la actualidad, ni los medios de comunicación con los que contamos ahora. En estos días, el que no tuvo la posibilidad de viajar, tiene la posibilidad de ver -al menos, a través de imágenes- cómo es Europa, cómo es Asia, cómo es Oceanía o distintos lugares del mundo. En aquella época todo te impactaba mucho más. La tecnología, si bien no era tan avanzada como la actual, que tenía Estados Unidos o Europa, en ese momento no se condecía con la tecnología que había en Sudamérica. Era impactante, nos llamaba la atención un teléfono inalámbrico o un microondas. Lógicamente los viajes especiales que recuerdo son los que me han llevado a Oriente, cuando tuve que hacer el sudeste asiático, cuando me ha tocado estar en China, en Japón, en Corea. Son países tan lejanos, muy diferentes y tan particulares. Además, cuando se viaja a esos países se hacen navegaciones largas, que implican 20 días como mínimo para ir de un lado hacia el otro. Distinto es Europa que salís hoy de España y mañana estás en Francia; salís de Francia y mañana estás en Italia. Son viajes muy distintos, con sus particularidades”.

RECUERDOS Y VIAJES “A mi me llamó mucho la atención cómo es muy querida la fragata en lugares tan lejanos del mundo. Por ejemplo, de repente estar en Tokio y ver que dos horas antes de que se abra la visita tenés tres cuadras de cola porque la gente quiere entrar a conocer el barco. Esto es algo que te llena de emoción y de orgullo como argentino. Otra cosa es ver cómo conocen nuestra cultura en Japón, como les gusta el tango y cuánto conocen de folklore argentino. Hay una ciudad, si no recuerdo mal es en Kioto, en la que hay una especie de peña folklórica, como un festival de Cosquín nuestro. Descubrir todo esto es impresionante y muy lindo. Es muy particular el viaje con la fragata porque uno no va en calidad de turista. No es que vas, te suben arriba de un micro, te llevan, te muestran. Yo no quiero desmerecer eso, pero nosotros estamos a veces una semana, a veces un poco más, y podemos conocer los lugares de otra manera. Hoy por hoy, lógicamente, los puertos son muy costosos, la economía ha cambiado mucho la forma de vivir de la gente en todo el mundo, pero estamos un mínimo de cuatro o cinco días siempre”.

UNA PUÑALADA “La fragata es parte de mi vida, es algo que me ha marcado para siempre. Es un tesoro, como mi madre, algo realmente maravilloso, no lo puedo definir con otra palabra; es un sentimiento que llevo en la sangre. Por eso, lo he dicho públicamente, para mi es una puñalada al corazón que el barco se haya quedado en Ghana y que esté pasando por esta situación tan difícil. Confío en que se solucionará y que nos traerán el barco de vuelta a nuestro país. Fue muy doloroso el momento en que tuvimos que abandonarlo, no fue fácil. Para las personas grandes como yo, que ya peinamos canas y que hemos pasado distintas etapas de nuestra vida navegando en él, fue muy difícil. Nadie se quería bajar, nadie se quería venir, nadie quería dejar el barco allá”.

MAQUETA DE LA ARGENTINA “La fragata es como una maqueta de la Argentina, siempre lo digo porque la mayoría de su tripulación está formada por chicos jóvenes, de entre 19 y 27 años de edad, por decir un promedio; después estamos los de otras edades, pero no somos la mayoría. Y siempre digo lo de la maqueta porque gran parte de la tripulación es del interior. Hay gente de Buenos Aires, por supuesto, pero en su mayoría hay de la provincia de Buenos Aires, del Sur, de Cuyo, del Litoral, del Noreste, del Noroeste. Entonces, la fragata es un fiel reflejo de toda nuestra Argentina federal, y eso es lo que se lleva a todos los lugares del mundo, precisamente para representar al país”.

A BORDO

Luis Suárez es cantinero de la Fragata Libertad, buque escuela de la Armada Argentina retenido en Ghana desde el 1º de octubre pasado. Durante los meses del año en los que el barco no se encuentra en misiones, vende pan casero.

UNA ANÉCDOTA

“Hay muchas cosas especiales que se viven en la fragata. De repente, la primera vez que subí al barco y tuve que acomodar la mercadería en la cantina, armé todo como si estuviera en un supermercado. Cuando salió el barco no quedó nada en pié, voló todo”, recuerda Luis.



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