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Edición del Sábado 17 de noviembre de 2012

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La ansiedad ante los exámenes

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Llega la época de exámenes. Este momento del año puede ser para algunos niños, adolescentes y estudiantes adultos uno de los más estresantes del calendario, en especial para aquellos que históricamente han debido convivir con altos grados de ansiedad.

 

TEXTO. LIC. ANDREA BALDANTONI.

Estar un poco nervioso antes de un examen es normal y esperable, ya que cuando la ansiedad se manifiesta en niveles moderados facilita el rendimiento e incrementa la motivación. Sin embargo, la cercanía de un examen a veces se vive como una experiencia incómoda y desagradable. Cuando la ansiedad es muy intensa se refleja en molestos registros somáticos, y puede llegar a provocar cambios y pérdida de control sobre nuestros comportamientos normales.

La ansiedad intensa es una reacción de tipo emocional de carácter negativo que se manifiesta como un miedo persistente frente a la expectativa o la presencia, en este caso, de un examen. Esta situación de evaluación puede sentirse durante exámenes escritos, orales, trabajos, informes, participaciones en clase o una entrevista de trabajo, es decir, cualquier situación en donde la persona sienta que sus capacidades son evaluadas.

La ansiedad ante los exámenes puede ser “anticipatoria” o “situacional”. La primera aparece al momento de estudiar o al pensar en el examen (“me van a bochar”, “me la voy a llevar previa”). La ansiedad “situacional” surge durante el examen propiamente dicho (“esto nunca me va a salir”).

Los problemas surgen cuando en algunas personas el miedo se vuelve tan intenso que interfiere en su capacidad para obtener buenos resultados en sus evaluaciones.

¿CUÁNDO SE PRODUCE?

En muchos casos los malos hábitos de estudio, la poca preparación para el examen o el no poder administrar el tiempo de manera eficiente pueden provocar una respuesta intensa de ansiedad.

En los casos donde la preparación para el examen ha sido la adecuada, la ansiedad puede estar ligada a continuos pensamientos negativos o preocupaciones. Pensamientos como “me van a reprobar otra vez”, “Juan ya escribió 3 hojas y yo todavía no empecé”, “si me reprueban el examen de manejo no podré conducir jamás” atormentan a la persona y no permiten que pueda concentrarse en responder las preguntas de la evaluación.

En otros casos, experiencias previas de bloqueo frente a un examen, el haberse “quedarse en blanco” o haber sido incapaz de recordar las respuestas estudiadas, actúan como detonantes para activar la ansiedad intensa.

Las personas con tendencias perfeccionistas o que se preocupan mucho por las cosas tienen más probabilidades de presentar problemas de ansiedad. También el miedo a la mirada reprobatoria de los padres y maestros interfiere en la capacidad para rendir satisfactoriamente durante un examen.

Encontramos así dos perfiles distintos de personas con ansiedad ante los exámenes: aquellos que presentan déficits en sus habilidades de estudio y aquellos en que a pesar de contar con buenos hábitos de estudio- su rendimiento se encuentra afectado por la ansiedad.

En casos de ansiedad intensa, el estrés inhibe la capacidad de absorber, retener y recuperar información. La ansiedad genera “ruido”, esta interferencia bloquea la habilidad para recuperar lo que está almacenado en nuestra memoria y al mismo tiempo entorpece nuestra habilidad para comprender y razonar.

Es interesante destacar que un estudio publicado en Inglaterra muestra que el impacto de la ansiedad es mayor y tiene un efecto aun más negativo sobre los resultados del examen si el niño no tiene buena memoria. En aquellos casos en que el niño presenta buena memoria, la elevada ansiedad se ha relacionado, en cambio, con mejores resultados en los exámenes.

Los estudios concuerdan que, con el fin de superar este tipo de ansiedad y mejorar la habilidad para preparar y rendir exámenes, es importante proveer a los estudiantes de herramientas y estrategias que ayuden a la construcción de habilidades emocionales, y el ejercicio de hábitos saludables mientras se esta preparando un examen.

ESTRATEGIAS PARA MANEJAR LA SITUACIÓN

¿Qué se puede hacer para manejar mejor la ansiedad ante los exámenes?

- Preparate bien y administrá el tiempo de manera eficiente. Un “atracón” de estudio la noche anterior solo provocará más ansiedad. No evites asistir a un examen por el miedo a quedar en blanco, el desarrollo de habilidades para afrontar la ansiedad es un proceso gradual.

- Cuidado con tu voz interior: Si no te fue bien a causa de la ansiedad, es muy fácil dejarse vencer en un espiral de pensamientos negativos. Debes prestar atención a lo que te dices y aprender a cuestionar y desafiar tus pensamientos. Pensamientos como “tendría que haber estudiado mas”, “debo ser tonto/a”. “me tiene que ir bien, sino es el fin” no ayudan. Es bueno decir basta y encontrar pensamientos alternativos como: “estoy preparado para este examen”, “soy lo suficientemente inteligente para aprobar”, “si no me va bien, no es el fin del mundo”. También es útil participar de un taller que pueda darte herramientas especificas para flexibilizar tus ideas, encontrar alternativas y desafiar tus pensamientos negativos.

- Visualizá el éxito: los atletas profesionales se visualizan a si mismos en la competencia. Se puede hacer lo mismo para superar la ansiedad ante los exámenes. Imaginate sintiéndote seguro, confiado y con la mente clara para rendir el examen.

- Estrategias de relajación: Utilizá ejercicios de respiración y de relajación antes y durante el examen.

- Hábitos saludables: Cuidá tu salud. Para bajar los niveles de estrés, el ejercicio, el buen dormir y la alimentación sana son clave.

- Llegá temprano al examen (por lo menos diez minutos antes). Si la espera te produce nervios, llevá una revista o algo para mantenerte ocupado.

- Focalizá: Durante la evaluación hacé todo lo posible para mantener el foco de atención en el examen. Sacá punta al lápiz, realizá una pregunta, subraya las palabras clave o realiza unas respiraciones profundas. Chequeá el tiempo. Antes de empezar a responder, leé la consigna un par de veces. Comenzá con las preguntas más fáciles.

- Aceptá un poco de ansiedad. Reconocé que un poco de ansiedad antes de un examen es importante para motivarte a dar lo mejor de uno mismo

- Un tropezón no es caída. Si no te va bien, reconocé que es normal que pueda haber algún obstáculo en el camino. Buscá ayuda, aprendé de tus errores y planificá mejor para la próxima vez.

- Planeá un premio para después del examen. Tómate un tiempo para relajarte antes de comenzar a estudiar para el próximo.

SÍNTOMAS A TODO NIVEL

La ansiedad puede afectar a nivel físico, emocional, comportamental y cognitivo.

Los síntomas físicos son: dolores de cabeza, nauseas o diarrea, cambios de temperatura corporal, excesiva sudoración, falta de aire, mareos, desmayos, taquicardia, palpitaciones, tensión muscular y sequedad en la boca.

Los síntomas emocionales incluyen miedo intenso, desilusión, enojo, depresión, llantos o risas repentinos, sentimientos de vulnerabilidad y desamparo.

Los síntomas comportamentales involucran perturbaciones en la conducta motora verbal, tales como temblor de la voz, repeticiones, tartamudeo, y el “quedarse en blanco”. También la aparición de tics, temblores, fumar compulsivamente, comer o beber en exceso, intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.), deambular o quedarse paralizado.

Los síntomas cognitivos principales son la dificultad para concentrarse, para controlar las preocupaciones y organizar las ideas, los pensamientos negativos en relación al rendimiento deficiente, y presentar un estado de confusión. También el miedo a no alcanzar sus expectativas o las de los demás, a consecuencias negativas de un posible bajo rendimiento, a no ser capaz y a ser menos que los demás.

CLAVES PARA EL ÉXITO

Para pruebas escritas:

• Leer todas las preguntas y asegurarse de comprenderlas. Leer más de una vez, si fuera necesario.

• Interpretar la consigna: describir, sintetizar, explicar, argumentar, definir, comparar. No son sinónimos. Cada una de estas palabras, dentro de una consigna, tiene un significado diferente. Hay que asegurarse de responder exactamente lo que se le está pidiendo en cada caso.

• Comenzar a responder las preguntas más fáciles o en las que estamos más seguros. Luego, continuar con aquellas que nos han presentado dudas o dificultades.

• Hacer un desarrollo de cada respuesta en forma ordenada y concisa. El profesor que debe corregir el examen no es precisamente un “lector colaborativo”; es decir, no está interesado en “adivinar” lo que está escrito ni en descubrir la lógica intrínseca del pensamiento de cada alumno, ya que es probable que tenga que corregir cerca de 400 o 500 exámenes. Por lo tanto, es aconsejable mantener una caligrafía legible, contestar exactamente lo que se pregunta y facilitar la lectura de la respuesta ordenando las ideas. Para cada respuesta se puede intentar un esquema de “introducción-desarrollo-conclusión”.

• Para exámenes de opción múltiple, leer cada pregunta o afirmación y tratar de responderla antes de ver las opciones; confiar en el “instinto” (generalmente, es lo correcto); no intentar adivinar (generalmente no funciona).

• Revisar el examen antes de entregarlo: es importante hacer una última lectura antes de entregar el examen, asegurándose del contenido y del formato.

Para pruebas orales:

• Respirar adecuadamente.

• Pronunciar correctamente y articular las palabras.

• Evitar el uso de “muletillas”.

• Evitar movimientos corporales, especialmente, de manos.

• Si se desarrolla espontáneamente un tema, ordenar las ideas del discurso (el esquema “introducción-desarrollo-conclusión” aquí también es válido).

• Si se responde a una pregunta realizada por el profesor o el tribunal examinador, tomar unos segundos antes de contestar, aún cuando se esté muy seguro de la respuesta. Estos segundos servirán para ordenar mentalmente la forma en que se desarrollará la respuesta.

* Fuente: www.estudiante.org

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