Editorial
Debate por la pirotecnia
Editorial
Debate por la pirotecnia
Algunos debates se repiten cíclicamente. Entre ellos, la discusión sobre los problemas generados por la venta de pirotecnia.
Entre 2000 y 2011, el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia debió atender un total de 281 casos de lesiones provocadas por estos artefactos. En lo que va de 2012, y a pesar de que aún faltan varias semanas para las fiestas de Navidad y Año Nuevo, 14 chicos llegaron al nosocomio con heridas de distinta gravedad causadas por este motivo. Los especialistas advierten que la mayor cantidad de accidentes se producen en la franja etárea que va de los 7 a los 14 años.
Tal como se explicara en un informe reciente publicado por El Litoral, la discusión sobre esta problemática llegó hasta los ámbitos legislativos.
En el Concejo Municipal de Santa Fe, existen en estos momentos dos proyectos que abordan el tema. Uno de ellos apunta a prohibir de manera total la venta de artefactos de pirotecnia. El otro, en cambio, plantea la necesidad de generar un marco de mayor control y regulación.
Seguramente, las opiniones estarán divididas. Quienes estén a favor de la prohibición total pueden esgrimir el argumento de que resulta inconveniente que la población continúe exponiéndose a los riesgos que devienen de la manipulación de materiales peligrosos. De hecho, se trata simplemente de una cuestión cultural y no de productos de primera necesidad.
De todos modos, el tema merece una lectura más profunda. En primer lugar, de aplicarse la prohibición, los ediles deberían evaluar los mecanismos necesarios como para reducir el impacto sobre los comercios dedicados a la venta de estos artefactos. Sólo durante 2011, la Municipalidad habilitó 85 locales de venta de pirotecnia. Esto significa que numerosas familias viven gracias a la comercialización de este rubro. Y que muchas familias demandan estos productos.
El Centro Comercial de Santa Fe acaba de emitir un comunicado en este sentido. Si bien la entidad reconoce que la fabricación y venta de estas mercaderías deben estar debidamente reguladas, advierte que los negocios habilitados en la ciudad cumplen y respetan con una profusa normativa al respecto.
Frente a este contexto, el organismo insiste en que la acción del Estado debe estar dirigida al control del cumplimiento de las reglamentaciones existentes y, fundamentalmente, a evitar que prolifere la venta callejera, como sucede todos los años.
Pero la prohibición total podría chocar con otro inconveniente: la pirotecnia podría ser adquirida en localidades vecinas.
En este sentido, la Cámara de Diputados se apresta a tratar un proyecto tendiente a prohibir la venta de estos productos en toda la provincia.
Sin embargo, habría que analizar cuidadosamente si tal prohibición no podría desencadenar un mercado clandestino que resultaría mucho más difícil de controlar para el Estado.
El tema no es menor. La cantidad de vidas en riesgo merece un debate profundo que, afortunadamente, comienza a darse tanto en la ciudad, como en la provincia.