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Opinión
Edición del Viernes 23 de noviembre de 2012

Opinión / Un Truffaut de la viñeta

ENTREVISTA CON ROBERTO VON SPRECHER

Un Truffaut de la viñeta

Estanislao Giménez Corte

egimenez@ellitoral.com

http://blogs.ellitoral.com/ocio_trabajado/

Roberto Von Sprecher es abogado, licenciado y doctor en ciencias de la Comunicación. Ha trabajado en diversas universidades en distintos lugares del país y ostenta un curriculum vitae académico atravesado por intereses como el estudio de la obra de Pierre Bourdieu y la Sociología de la Cultura. Ello no limita sus muchas inquietudes: la literatura, la música y especialmente la historieta se cuentan entre ellas. Ha estudiado unas y otras; ha trabajado sobre unas y sobre otras. Amén de una aquilatada trayectoria dentro del universo de las viñetas, y más allá de haber trabajado en distintas revistas y en publicaciones especializadas durante los años ochenta y noventa, Von Sprecher publicó recientemente dos libros. Uno, “Ani”, con ilustraciones de Lauri Fernández; otro, “Ruta 22”, con dibujos de Nacha Vollenweider. Ambas son artistas plásticas. Fernández es miembro del equipo de investigación en la materia que funciona en la Universidad Nacional de Córdoba. Vollenweider es “una activa artista que fluye entre la historieta y las artes plásticas” según nos informa el entrevistado. Dialogamos vía correo electrónico con el autor. Aquí, una síntesis de ese intercambio.

—¿Cuándo comienza tu interés por la historieta como objeto de estudio y cómo es pasar de ser un estudioso de la materia a ser un ejecutor de ello? ¿Cómo describirías ese “movimiento” o deslizamiento de tu propia mirada, del tipo interesado en la historieta como discurso (por decirlo así), a la composición concreta de historias a ser desarrolladas?

—Empecé a investigar sobre historietas “realistas” durante el grado de Comunicación. Mi tesina fue sobre el tema, un exabrupto de 1300 páginas dividido en ocho tomos. Un ejemplo de lo que nunca hay que hacer en el grado. Ya desde la primaria he tratado de hacer historietas, terminé en los guiones como tantos dibujantes de historietas frustrados, pero antes fue la literatura, muchos cuentos y alguna mala novela. Entonces, primero vino el interés por la historieta como lector, luego por hacerlas, luego por investigar. He co-dirigido un par de revistas de historietas en los ochenta y en los noventa. Allí empecé en serio con los guiones.

—¿Quiénes serían, dentro de la Argentina, tus referentes/influencias?

—Las influencias de “Ruta 22” y “Ani” son más de la literatura y el cine. En el último cuadro de “Ruta 22” hay una cita de Marcel Proust pero, para no parecer pretencioso, sólo deje la rúbrica M.P. El tema del tiempo central en los dos libros- está muy influenciado por Proust, y aunque parezcan universos totalmente distintos, también por Cormac McCarthy. El montaje debe tanto al cine como a la literatura.

Referentes en historietas: Moebius, Carlos Sampayo y José Muñoz, muchos más: Oesterheld, Pratt, Clowes, Taniguchi, Inoue. Decenas más. De los argentinos de la nueva camada indudablemente un referente inalcanzable es el neuquino Kwaichang Kraneo (“El Cuervo que Sabía”, Llanto de Mudo Ediciones, 2011), un genio poco conocido.

—¿Cómo es, aproximadamente, el proceso de composición? ¿en un principio está el guión original y se va modificando en el trabajo en conjunto con el dibujante?

—Varía según el dibujante, según las condiciones. Con Nacha Vollenweider trabajamos mucho en conjunto, hablamos mucho y nos modificamos mutuamente supongo. Con Lauri Fernández trabajamos por mail y también hicimos un buen trabajo de intercambio pero no cara a cara. Supongo que para mis guionistas es bastante pesado el hecho de que mis guiones no sean escritos, son story boards, con mi pobre dibujo.

Necesito plantar las imágenes como si fuera una película. De cualquier manera, antes de eso, doy vuelta. He dado vuelta a las historias algunos meses en mi cabeza, luego trabajo con esquemas, a veces pequeños cuentos, pienso y cambio- más de una vez la trama, los personajes, divididos en episodios y recién ahí paso al guión o al story board.

Cuando hacíamos revistas en los ochenta y noventa, trabajaba en la forma tradicional. Hoy no me interesa hacer un guión y dárselo a un dibujante y esperar a que lo termine, necesito ese intercambio en el proceso. Tampoco me interesa el profesionalismo que se jacta de producir cientos, miles de guiones, como si fuera lo natural en la historieta. Considero que cada historia se merece el tiempo que ella demande, sin fechas de cierre, como la literatura más autonoma.

—¿Qué es lo más complejo de la escritura de un guión de historieta, la yuxtaposición de lo visual y lo escrito o, mejor dicho, el delicado límite entre qué decir con la palabra y qué con la imagen? ¿el planteo de diferentes temporalidades que “vienen y van” en el relato, la necesidad de síntesis?

—No creo que sea tan complejo, pero demanda tiempo y un trabajo minucioso. Creo que, en todo caso, lo complejo es ensamblar todos esos elementos -texto, imagen, flashbacks, presente, puntos de vista- en una historia más o menos larga. Me hubiera gustado trabajar más “rallentado”, como Jiro Taniguchi: cuatrocientas o quinientas páginas para cada historia. Pero no lo hubiera podido hacer por mi trabajo y porque el dibujante argentino no está habituado a tamañas extensiones. Ni hubiera conseguido fondos para publicarlas.

—¿Qué cuenta, sintéticamente, cada una de estas tiras? ¿Cómo podrías sintetizar argumentalmente lo publicado?

— “Ruta 22” es una mezcla de historieta autobiográfica con falsa autobiografía. La revisión de su vida por un personaje, revisión centrada alrededor de un familiar muy querido. “Ani”, que deriva de una historia corta de chicas sojeras y vampiros, “Dark Soja”, publicada recién este año en La Murciélaga con dibujos de Nacha Vollenweider-... iba a ser otra cosa, pero terminé encariñándome con los personajes... son retazos de la vida cotidiana de algunos personajes que, lateralmente, han sido beneficiados por el boom de la soja. Es sobre todo una historia sobre niñas y adolescentes. Me puse en lugar de unas chicas y (quise) relatar sus vidas entre los ocho y los veinte años, tal vez... No me costó... mis mejores amigos son amigas y años de charla me ayudaron a ello. Más brevemente es una historia de iniciación, como me lo dijo Lauri, la dibujante, de dos hermanas en la zona de Río Cuarto...

—¿Qué nos podes decir de la editorial “Llanto de Mudo”, se trata de una firma que trabaja exclusivamente con autores cordobeses o del interior?

—“Llanto de Mudo” tiene un corazón que es el guionista -poeta, novelista- Diego Cortés. Es un auto-editor que edita a otros autores que le gustan... Si el grueso de lo que ha publicado “Llanto de Mudo”, en sus 17 años de existencia, es de gente residente en Córdoba (yo soy rionegrino, no cordobés), no tiene normas respecto de la radicación de los que edita. También ha editado autores de otros sitios, y algunos muy conocidos como Gustavo Sala o Diego Parés. También edita mucha poesía y narrativa. Siempre lo he visto deber dinero, cuando ganó algo inmediatamente editó otra cosa. Diego Cortés es un marciano y ojalá hubiera muchos más como él.

Un Truffaut de la viñeta
Un Truffaut de la viñeta

“Von Sprecher es un (...) hombre que ha dado sobradas muestras de ser uno de los teóricos que más sabe sobre historieta. Hoy cruza otra vez la frontera (...) se mete de lleno en la práctica y, como si fuera nuestro Truffaut, demuestra que en el terreno sabe tanto o más sobre el asunto”. Del prólogo a “Ruta 22”, por Max Aguirre y Federico Reggiani. Fotos: GENTILEZA LLANTO DE MUDO EDICIONES



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