Edición del Sábado 22 de diciembre de 2012

Edición completa del día

Misivas de escritores

6.jpg
 
4.jpg

John Maxwell Coetzee. Foto: Archivo El Litoral

5.jpg

Paul Auster. Foto: Archivo El Litoral

Por Luis Grandis

“Aquí y ahora. Cartas”, de J.M. Coetzee y Paul Auster. Anagrama & Mondadori. Buenos Aires, 2012.

J.M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) y Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) son autores prestigiados, premiados (Coetzee con el Nobel de Literatura; Auster con el Príncipe de Asturias) y admirados por muchos lectores de todo el mundo. Los une la amistad, y más allá de que la agitada vida internacional que ambos llevan los reúne a menudo, son las misivas las que parecen suplir con creces los largos períodos de desencuentros. Esas cartas, al menos las intercambiadas entre 2008 y 2011, se publican ahora bajo el título de Aquí y ahora, y no es casual que empiecen “hablando” del fenómeno de la amistad.

John Coetzee recuerda en la primera carta (julio, 2008) al gran Ford Madox Ford, que hace que uno de sus personajes sentencie: “Uno se acuesta con una mujer para estar en condiciones de hablar con ella”. Y tras algunas consideraciones, el sudafricano concluye: “Si realmente cuesta tanto decir algo interesante sobre la amistad, entonces se materializa otra idea: que a diferencia del amor o de la política, que no son nunca lo que parecen, la amistad sí es lo que parece. La amistad es transparente”.

Auster entonces le contesta largamente sobre el tema. Escribe sobre cómo es posible ser amigo de alguien sin conocerlo profundamente, sin adivinar sus secretos; sobre cómo las mejores amistades, las más duraderas, se basan en la admiración; sobre la posible amistad entre hombres y mujeres, y sobre la amistad en el matrimonio. Cita a Joubert: “No sólo debe cultivarse el trato con los amigos, también hay que cultivar su amistad dentro de uno mismo: conservarla con esmero, cuidarla, regarla... Siempre perdemos la amistad de aquellos que pierden nuestra estima... Sólo debes elegir por esposa a la mujer que escogerías como amigo, si fuera hombre”.

Coetzee responde que no está de acuerdo con la admiración como base de la amistad y se asombra de que el orden habitual de las relaciones entre un hombre y una mujer sea ser primero amantes y después amigos. “Hay gente que piensa así: el curso del amor erótico es impredecible, dicen, no dura, se puede convertir de forma inesperada en su opuesto; la amistad, en cambio, es constante y duradera, puede estimular a los amigos para que se conviertan en mejores personas”, aunque termina la misiva resistiéndose a aceptar estas afirmaciones con demasiada facilidad.

A continuación, la correspondencia se inclina sobre otro tema de menor interés general: los deportes atléticos. Más adelante los temas que ocuparán la atención de ambos serán, entre otros: el incesto, las lenguas y las traducciones, el nombre de los personajes, las palabras y sus connotaciones (Coetzee anota: “No es infrecuente que los escritores, a medida que envejecen, se cansen de la llamada poesía del lenguaje y busquen un estilo más desnudo”, a lo que Auster apela al ejemplo contrario de Joyce cuyo estilo al principio “es tardío y a medida que pasa de un libro a otro se hace cada vez más elaborado, complejo, barroco, culminando en un libro final tan complicado que nadie es capaz de leerlo”).

Coetzee y Auster “hablan” también sobre Borges, la memoria, la comida, sobre el cambio que a finales de los setenta o principios de los ochenta provocó que las artes perdieran su papel protagonista. “Me da la sensación de que ni escritores ni artistas consiguieron en general salir airosos del desafío que sufrió su rol protagonista, y que este fracaso nos ha hecho a todos más pobres”, escribe Coetzee. Y Auster: “No sé si los culpables de tal pérdida son los propios artistas. Probablemente intervengan demasiados factores para que pueda echarse la culpa a alguien en particular. Una cosa es segura, sin embargo: la estupidez se ha incrementado en todos los frentes. Si se leen las cartas de soldados de la Guerra de Secesión norteamericana, resulta que muchas de ellas están mejor expresadas, son más cultas, más sensibles a los matices del lenguaje que las escritas hoy día por muchos profesores de inglés. ¿Mala calidad de la enseñanza? ¿Malos gobiernos que permiten la mala calidad de la enseñanza? ¿O simplemente demasiadas distracciones, demasiadas luces de neón, demasiadas pantallas de ordenador, demasiado ruido?”.

Un libro inteligente y entretenido, en suma, probablemente porque ambos escritores intuían, ya que escribían no solamente para un destinatario exclusivo sino para una difusión masiva; de manera que en sus mejores momentos logra inmiscuir al lector en el centro de una amistad que, como querían los filósofos griegos, se juega en las regiones de la excelencia.

 


Compartir:
Imprimir Compartir por e-mail
  
Sábado 22 de diciembre de 2012
tapa
Ir Ediciones ANteriores
Todo el diario

TODOS LOS DÍAS.
• El Litoral
• Deportes
• Espectáculos
MIÉRCOLES
Motores y tendencias
SÁBADOS
CampoLitoral
Nosotros
DOMINGOS
Clasificados
Necrológicas Anteriores

Otras Noticias de Artes y Letras
Lo más visto
Ahora En Portada