Edición del Sábado 29 de junio de 2013

Edición completa del día

Ni tan tenso, ni tan relajado

Actualmente un 20% de la población sufre trastornos de ansiedad sin siquiera saberlo, afectando su calidad de vida y poniendo en riesgo su salud.

Por Lic. Solange García Bardot. foto. archivo

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El estrés está relacionado con nuestro sistema de adaptación, todos portamos uno que funciona durante toda nuestra vida. Cuando damos una respuesta adaptativa lo hacemos desde lo psicológico y desde lo corporal. Frente a cada una de las experiencias y cambios de nuestras vidas este sistema hace un esfuerzo para adaptarse y a su vez, cada una de esas experiencias va dejando marcas en nuestro sistema adaptativo.

El estrés es la fuerza que tenemos que hacer para adaptarnos a todos y cada uno de los cambios -es indistinto si son buenos o malos- que vamos atravesando durante la vida. Cada adaptación implica un desgaste vital y la velocidad de ese desgaste vital es el estrés. Es como si dijéramos, que el estrés es la velocidad con la que se nos apaga la vela.

Estamos permanentemente adaptándonos, pero hay etapas en las que se tiene un enorme gasto adaptativo y si bien somos flexibles y venimos equipados para afrontar cambios realmente importantes, cuando la demanda es mayor a la capacidad de adaptación, o se prolonga demasiado en el tiempo, es cuando se comienza a sufrir distrés. Es como si intentara, torcer mi brazo, lo puedo torcer un poco o bastante sin ningún problema, pero si sigo torciendo empieza a doler, si tuerzo más me lastimo y si tuerzo más se quiebra. Esto es porque somos flexibles, pero no de goma. Similar es lo que pasa cuando no regulamos la presión que nos ponemos a nosotros mismos. Todos tenemos una cierta capacidad adaptativa que varía de acuerdo a cada individuo, en general somos capaces de adaptarnos a numerosos y grandes cambios. La diferencia entre una persona y otra, además de cuánto hay que afrontar, es el cómo se afronta.

AUTOBSERVACIÓN Y REGISTRO

La regulación del estrés está en relación a: cómo, cuánto y cuándo afronto una situación y qué recursos tengo. Entonces aquí la situación se vuelve más específica y personal, y solo uno puede saber por lo que se está pasando. Es importante destacar la función de la autobservación y el registro. Una mirada lo más completa posible del mundo interno -cuerpo, emociones y pensamientos- y del mundo externo -conducta, situaciones, demandas, etc.-, es la información que necesito para regular mi estrés.

Se debe tratar de ampliar la mirada para ver al mundo y a nosotros mismos de manera más completa, ya que cuanto más completa es la mirada también será más realista, y por lo tanto, se obtendrá una mejor respuesta adaptativa.

Hay personas que se ven más afectadas que otras frente al estrés, y esto muchas veces está relacionado con qué tan lúcida es la manera de mirar. Leer los límites internos y hacer los cambios necesarios no es algo a lo que se esté acostumbrado. Hay personas a las que les es muy difícil registrar una situación completa, otras no pueden respetar los límites, y hay quienes encuentran dificultades para llevar a cabo lo que tienen que hacer. En general las personas esperan resolver situaciones sin hacer cambios y así no funciona.

SINTOMAS FÍSICOS Y PSICOLÓGICOS

Cuando se sufre de distrés, éste genera síntomas cognitivo-emocionales, el pensamiento y las emociones se vuelven rígidas. No se pueden sacar ideas de la cabeza, hay pensamientos alarmantes y aparece la angustia, el miedo, el enojo y la ansiedad; lo que provoca mayor distrés. Comienza así a generarse un círculo vicioso, que si no se regula puede crecer hasta la enfermedad, tanto física como psicológica.

Los síntomas físicos del distrés, tienen que ver con un cambio en la neuroquímica del cerebro, una vez que superó la capacidad de adaptación, el cuerpo colapsa (la cabeza también) y aumenta en sangre los niveles de cortizol, adrenalina y noradrenalina. El cuerpo va a hacer síntoma allí donde esté la vulnerabilidad biológica. Por ejemplo: si habitualmente se padece de contracturas, estas serán más fuertes; si se tienen problemas digestivos podrán aparecer úlceras o colon irritable; si se tienen problemas de piel podrán aparecer eczemas o soriasis.

En el campo psicológico pasa lo mismo, se colapsa por el “lado flaco”, es así que bajo estrés podemos tener variedad de síntomas. Por ejemplo, una persona sana e inteligente puede estar funcionando por debajo de sus capacidades intelectuales y asertivas o puede desarrollar trastornos de ansiedad, como el pánico, síntomas de TOC (trastornos obsesivos compulsivos), preocupaciones excesivas, depresión, etc.

La solución no pasa por unas vacaciones, un día de spa o una cura de sueño. Ya que eso está bien para una mejora momentánea, pero se necesita una cuota de estrés que permita ir a trabajar, aprender cosas nuevas, etc. Entonces la idea es aprender a regularlo para que permita estar lo suficientemente tenso como para seguir creciendo y aprendiendo pero lo suficientemente relajado como para no enfermar. Es encontrar un punto medio donde quede un margen de movimiento.

QUÉ HACER

Para regular el estrés hay diferentes caminos y cada uno debe buscar el que más se adecue a sus necesidades:

- Realizar técnicas de respiración, relajación o meditación. Estas tienen muchos beneficios todos ellos ayudan a regular el estrés (entre otros beneficios) y generar este margen que hay que tener para poder moverse con mayor libertad y no estar al límite todo el tiempo.

- Tener buenos vínculos, que son básicamente nuestra red y soporte en la vida.

- Equilibrar horas trabajo con horas esparcimiento.

- Flexibilizarse tanto física como mentalmente. Es importante aprender a salir y entrar de las escenas de la vida.

- No quedarse rumiando en un tema más tiempo del necesario, ni hacer más de lo que la situación merezca; soltar cuando se pueda.

- Hacer ejercicio físico.

- Alimentarse saludable y ordenadamente.

- Consultar con un especialista. Es muy útil que alguien nos enseñe y guíe para lograr nuestro objetivo, como siempre el entrenamiento que un profesional nos puede brindar suma para optimizar los resultados.

- Desarrollar el área social en el caso que sea necesario.

- Ordenarse, establecer prioridades, poner límites claros.

- Dormir bien, que el sueño sea reparador.

Regular el estrés hoy es el desafío ineludible que afrontamos todas las personas, de cualquier estrato social, ocupación, sexo y edad; vale la pena aprender a hacerlo.



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