Edición del Sábado 03 de enero de 2015

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Aunque usted no lo crea

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Aunque parezca increíble, las posibilidades de que caiga una tostada del lado de la manteca han sido estudiadas científicamente.

¿Por qué la tostada cae casi siempre del lado de la manteca? ¿Es posible adelgazar delante del televisor? ¿Qué capacidad tiene la piel de la banana para provocar un resbalón? Estas cuestiones, que parecen surrealistas, han llegado a ser estudiadas científicamente y algunas de esas investigaciones, incluso, han sido premiadas.

 

TEXTO. REVISTA NOSOTROS. FUENTE. CATALINA GUERRERO. FOTOS. EFE REPORTAJES.

Para distinguir investigaciones en apariencia absurdas o desconcertantes están los Premios Ig Nobel, una parodia estadounidense de los galardones escandinavos que se entregan cada otoño, desde 1991, a diez grupos de científicos que “primero hacen reír a la gente, y luego le hacen pensar”.

Están organizados por la revista de humor científico Annals of Improbable Research (AIR) y se entregan en una ceremonia en el Sanders Theatre, de la Universidad de Harvard en Cambridge (EE.UU.).

Sus propuestas, aunque a primera vista resultan ridículas o hilarantes, tienen un propósito serio y han aparecido en publicaciones de prestigio del ámbito científico.

Entre los premiados de 2014 figura un estudio sobre la capacidad de la piel de banana para provocar un resbalón (Ig Nobel de Física); sobre el peligro para la salud mental de tener un gato (Salud Pública); sobre el uso de la panceta para cortar hemorragias nasales (Medicina); o sobre la utilización de bacterias del ácido cáctico en heces de bebé para curar salchichas (Nutrición).

El de Neurociencia fue para una investigación que trataba de entender qué pasa en los cerebros de las personas que creen ver el rostro de Jesús en una tostada, y el de Psicología para otro que trató de acumular pruebas de que la gente que trasnocha es, por lo general, más narcisista, manipuladora, y más psicópata que las personas que madrugan.

TOQUES DE HUMOR

El de Biología fue para un equipo que documentó, con sumo cuidado, que cuando los perros defecan y orinan prefieren alinear el eje de su cuerpo con las líneas norte-sur del campo geomagnético terrestre; mientras que el de Arte fue para otro que comparó el dolor que siente la gente cuando mira un cuadro feo con el que siente cuando mira un cuadro bonito y le disparan con un láser en la mano.

La cosecha de este año se completa con el Ig Nobel de Ciencia Ártica a un estudio de cómo reaccionan los renos al ver a seres humanos disfrazados de osos polares.

Y el de Economía, concedido al Instituto Nacional de Estadística de Italia, por tomar el liderazgo en cumplir con el mandato de la Unión Europea de aumentar el volumen de sus respectivas economías nacionales incluyendo en estas los ingresos por prostitución, drogas, contrabando, y otros tipos de transacciones ilegales.

Todos los laureados desde 1991 ilustran a las mil maravillas, según Pierre Barthélémy (1967), autor de un exitoso blog en el diario francés Le Monde, la manera “humorístico-poética” en la que él prefiere contemplar la ciencia improbable.

PREGUNTAS TONTAS, BUENAS RESPUESTAS

“Lo improbable no solo suele ser más divertido, sino que es posible y casi siempre necesario”, añade Barthélémy en el prólogo del libro “Crónicas de ciencia improbable”, en el que compila medio centenar de textos que, desde 2011, ha ido colgando en su blog.

Barthélemy advierte que, bajo la aparente tontería de una prueba chiflada, se encuentra ante todo el profundo deseo de los científicos de hacer avanzar la ciencia.

Porque “bajo la bata del investigador más sabio se oculta, a veces, un payaso en potencia”. Es lo que piensa este escritor y periodista, convencido de que “las preguntas más tontas suelen exigir las respuestas más inteligentes”. Un enfoque que preside su aclamado blog “Passeur de sciences”, que ya ha superado los veinte millones de visitas y se ha convertido en uno de los lugares más visitados de la web del diario francés Le Monde.

“Popularizar la ciencia sin traicionarla” es el objetivo de Barthélémy, quien abrió su blog coincidiendo con la decisión de acometer un cambio radical de vida: dejar París por Cognac, un bello pueblo fortificado situado en el curso del río Charente, en plena ruta de peregrinación del camino francés de Santiago de Compostela.

Allí vive con su mujer y sus cuatro hijos, y desde allí trabaja como periodista independiente para varios medios, incluido Le Monde, donde inició su carrera en 1990 y fue director del departamento de ciencia y fundador del suplemento “Planète”.

Grandes dosis de humor y rigor componen la fórmula de éxito de su blog, que en 2013 obtuvo el Premio “Le goût des sciences”, otorgado por el Ministerio francés de Investigación y Educación Superior.

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Entre los premiados de 2014 figura un estudio sobre la capacidad de la piel de banana para provocar un resbalón.

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La portada del libro de Barthélémy.



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