Periodismo del siglo XXI

La guerra por la atención fuerza el abrazo de medios y tecnológicas

Por Violeta Molina Gallardo

Efe

El periodismo ha recalado en los jardines vallados de Facebook, Snapchat o Apple, compañías que, obsesionadas con ganar la guerra de la atención en Internet, empiezan a poner en cuestión la necesidad de las portadas o la propia naturaleza periodística.

“La tecnología lo ha complicado todo porque se ha enriquecido enormemente el proceso de generación de información, de filtrado, de alcance de la audiencia digital. (...) El mercado informativo se ha fragmentado mucho por las posibilidades tecnológicas de distribuir la información”, explica el director de innovación digital del Grupo Godó, Ismael Nafría.

En un contexto de salvaje transformación digital y omnipresencia del teléfono móvil, el periodismo sufre una crisis estructural y de identidad.

A la vez que prueba nuevos formatos y modelos de negocio, se sienta en el diván para preguntarse “¿quién soy yo?” y “¿hacia dónde me dirijo?”

La ubicuidad de la tecnología y las pérdidas económicas están forzando la experimentación, aunque palabra e imagen siguen siendo las materias primas.

Así, realidad virtual, podcasts, emojis, snaps, gifs, “streamings”, mapas interactivos, whatsapps o tuits son términos ya habituales para el periodista.

“El desafío del cambio del periodismo en la era digital son los modelos de negocio asociados con la tecnología, no la tecnología en sí”, opina el consejero delegado de Chartbeat, Tony Haile.

La escalada de las plataformas sociales, cada vez más dueñas de nuestro tiempo, ha desatado una guerra por la atención. Y en esa contienda, contar con los mejores contenidos -imagen, vídeo, juego, noticias- es una ventaja.

Es por eso que algunas tecnológicas han entrado en el negocio periodístico y asumido funciones antes exclusivas de los medios.

El hogar de las noticias ya no es sólo la portada de una publicación: Instant Articles de Facebook, Apple News o Snapchat Discover se han convertido en destino final, un fenómeno conocido como “contenido distribuido”.

Las informaciones empiezan a tener vida en un entorno ajeno al de su medio matriz. Por ejemplo, los usuarios de Facebook pueden leer artículos de The New York Times -y de otros 349 medios- sin salir de la red social.

Google, por su parte, ofrece a los medios alojar noticias en sus servidores, como parte del proyecto Accelerated Mobile Pages (AMP).

“El periodismo afronta cambios estructurales y necesitará recurrir a una innovación tremenda para sobrevivir. (...) La innovación exige capital y las tecnológicas lo tienen más fácil”, destaca Haile.

¿Pero se puede erigir la tecnología en salvadora del oficio? ¿Se van a convertir las tecnológicas en medios de comunicación?

“El hecho de que Google, Facebook, Apple, Snapchat o Twitter estén compitiendo entre ellas por la atención de los medios es una cosa buena, ¿no?”, opina el responsable de Digital News Initiative de Google, Madhav Chinnapa.

Defiende, en conversación con EFE, que en la economía de la información las fronteras se están desdibujando y que la mejor opción ante el tiempo de “cambios y desafíos” es la colaboración.

Nafría es también defensor de la cooperación para lograr nuevas audiencias e ingresos, siempre que los acuerdos sean “beneficiosos”.

Facebook lo corrobora: “No creamos contenido, somos una plataforma de distribución”, apunta Roberts. Es la constatación del abrazo forzoso entre ambos mundos.

Las tecnológicas albergan, seleccionan, distribuyen y monetizan los contenidos, pero aún no los generan.

“TieneN sentido estratégico: saben que habrá demanda de contenido a diario, pero dejan el riesgo de crear el contenido adecuado en manos de otros”, subraya el responsable de Chartbeat, tecnológica que se dedica a analizar cómo funciona la atención en Internet.

¿Acabará la fragmentación de la información con las portadas y la personalidad de los medios? Distinguir entre infraestructura e institución es clave para entenderlo, según Haile.

“La infraestructura de impresión y de portada como elementos centrales tiene los días contados. Pero la institución como marca en la que la gente confía para conocer la verdad, para identificar lo que es importante, eso no desaparecerá en el corto plazo”.

Pese a los cambios, la experimentación y el futuro incierto, permanece intacta la razón de ser del oficio.

La esencia del periodismo no ha variado ni un ápice, aclara Nafría. Esto va, como siempre ha ido, de identificar y explicar de la mejor manera posible aquello que es relevante para las personas.