Edición del Miércoles 21 de setiembre de 2016

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Crisis en el viejo continente

De todo un poco para Europa

Barbara Wesel

Deutsche Welle

Un Jean-Claude Junker frío y sin emociones leyó su discurso sobre el estado de la Unión Europea con el entusiasmo con que se leería la cotización bursátil. No queda rastro del apasionado europeísta de antes. El presidente de la Comisión Europea suprimió el énfasis en la solidaridad y en la unidad y dio marcha atrás tanto retórica como políticamente.

Quien tiene visiones debe ir al médico. Fiel a este dicho del ex canciller Helmut Schmidt, la temperatura emocional de este inventario quedó apenas sobre cero. Sin hablar más acerca de continuar la integración en Europa, Juncker resaltó la diversidad de las naciones y dio la impresión de que quería, de alguna forma, tomar en cuenta a los populistas y su palabrería. Pero nunca ha servido de nada intentar congraciarse con ellos.

Muchos proyectos pequeños

Por lo demás, el jefe de la Comisión les ofreció a los ciudadanos una colorida mezcla de caramelos: Internet gratuito, protección para los trabajadores del acero, dinero para productores de leche, proyectos contra el desempleo juvenil, lucha contra la evasión fiscal y un nuevo derecho de autor: cada uno podrá elegir lo que más necesite. Pero es difícil que se vaya a reencantar con esas medidas a aquellos que ya se dejaron atraer por los populistas de extrema derecha.

La única iniciativa política de la directiva de la UE se refiere a la seguridad y la defensa: los ciudadanos están desconcertados y temerosos, dice el diagnóstico. Ahora, los primeros guardias fronterizos de la UE deben entrar en acción dentro de dos meses en Bulgaria. Cuando la presión de la opinión pública es lo suficientemente fuerte, se puede ir muy rápido en Europa. Lo mismo vale para un sistema conjunto de control de las fronteras exteriores.

Y finalmente está el camino libre para un viejo proyecto franco-alemán: París y Berlín pueden comenzar a fraguar una unión defensiva bajo la premisa de que todos son bienvenidos y conformar, de este modo, un Ejército europeo. Todo esto serviría para apoyar a la Otan, no para hacerle sombra. Los ciudadanos celebrarían el ahorro en Defensa. La votación del brexit, y con ello el fin de la resistencia británica, podría dar alas a ese viejo anhelo. Finalmente, hay algo positivo en el brexit.

El brexit no nos destruirá

“El brexit no nos destruirá”, afirmó Juncker ante su público. La frase es correcta, porque el brexit sólo es una expresión -y no la causa- de la crisis europea. En muchos países de la UE, existen dudas similares, similar rechazo a la unidad europea. En muchos lugares, es una amenaza el regreso al nacionalismo, a las vallas fronterizas y a una nueva división en Europa. Si hay algo que puede destruir la Unión es la resurrección de los fantasmas del ayer.

Jean-Claude Juncker cree que es el momento de hornear bollos pequeños en Europa. Los jefes de gobierno probablemente lo seguirán. “La historia no recuerda sino nuestros errores”, dijo el jefe de la Comisión. La UE tiene sólo un par de meses para superar su depresión y luego enfilar hacia nuevos horizontes.

En muchos lugares, es una amenaza el regreso al nacionalismo, a las vallas fronterizas y a una nueva división en Europa. Si hay algo que puede destruir la Unión es la resurrección de los fantasmas del ayer.

Europa está en una crisis existencial, según el presidente de la Comisión Europea. Pero en lugar de ofrecer un gran proyecto político, ofrece proyectos de pequeña escala. Una retirada calculada.



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17_20160921_cejas.jpg A los hermanos Kennedy, sus paisanos les reconocían dos o tres virtudes distintivas: radicales de toda la vida, radicales “veneno”, radicales para quienes el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 significó una afrenta que ningún hombre que se preciara como tal podía dejar pasar por alto; domadores, domadores de potros y de toros, domadores capaces de montar a pelo, pero también dueños de una habilidad proverbial para domar a los caballos de abajo, sin necesidad de montarlos, de palabra nomás, como debe ser; tiradores certeros, de una puntería infalible, con el revolver o con el rifle, lo mismo da. Todos en la región saben que los Kennedy donde ponen el ojo ponen la bala. Sus exhibiciones en las fiestas celebradas en la estancia son proverbiales: pueden apagar una cerilla desde veinte metros, disparan parados, sentados o acostados... y no yerran; los paisanos comentan en voz baja: “El que se mete contra los Kennedy muere”. Una exageración porque hasta las jornadas de enero de 1931, los Kennedy están limpios de sangre, como se decía entonces; no han matado a nadie y si alguna vez pelearon lo hicieron con los puños o con el rebenque, pero nunca dispararon contra nadie: son radicales, estancieros y argentinos, no pistoleros; son amigos de los amigos, les gusta compartir copas con los paisanos, de vez en cuando se entusiasman con alguna partida de póker, sus carneadas en las estancias son reconocidas en toda la región, les gusta bailar, cortejar mujeres y disfrutar de la buena música, por esas virtudes los respetan y los quieren. “Los Kennedy no conocen el miedo”, comentan los paisanos con admiración; pero, como dicen quienes lo conocen, Mario sencillamente no cree que el miedo exista.

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