Edición del Miércoles 21 de setiembre de 2016

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llegan cartas

Reiterado reclamo por árbol que hace estragos

PATRICIA SCHWARZFELD

Sr. intendente: recibí su respuesta a mi reiterado reclamo por la extracción de un árbol el día 28/08, en donde usted aseguró que en los primeros días de septiembre se iba a realizar el trabajo. Ya estamos en los últimos días del mes y el árbol sigue haciendo estragos en la vereda, no sólo en mis techos, también en el de la vecina y, lo que es peor, sus raíces ya ingresaron a mi domicilio con el perjuicio que ocasiona a mi propiedad. Se trata del Expediente DE-0448-00994511-4, de fecha 03/07/13.

Es mi último reclamo. Muchas gracias por su atención.

Un corte en la costanera, un accidente

JUAN JOSÉ CALLEJO.

juanjosecallejo@hotmail.com

A raíz del accidente en Alte. Brown y R. Godoy del día 19 de septiembre y donde falleciera un adolescente, estimo que el mismo es atribuible a la Municipalidad, que con sus constantes “cortes” hace inviable circular por la ciudad. Es inconcebible que la Costanera Vieja se corte por una semana por los festejos de la primavera, cuando podría realizarse en la Costanera Este y no molestar al 40% de los santafesinos que usamos la costanera (Almte. Brown). El aludido accidente se debió al intenso “desvío” que hay que hacer para reingresar a la costanera y seguir hacia el norte. Es evidente que el intendente nos quiere hacer padecer esta hermosa ciudad, a los santafesinos, con cortes permanentes, baches, etc.

Vivimos en una ciudad “sitiada” por el muy mal accionar municipal.



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Miércoles 21 de setiembre de 2016
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17_20160921_cejas.jpg A los hermanos Kennedy, sus paisanos les reconocían dos o tres virtudes distintivas: radicales de toda la vida, radicales “veneno”, radicales para quienes el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 significó una afrenta que ningún hombre que se preciara como tal podía dejar pasar por alto; domadores, domadores de potros y de toros, domadores capaces de montar a pelo, pero también dueños de una habilidad proverbial para domar a los caballos de abajo, sin necesidad de montarlos, de palabra nomás, como debe ser; tiradores certeros, de una puntería infalible, con el revolver o con el rifle, lo mismo da. Todos en la región saben que los Kennedy donde ponen el ojo ponen la bala. Sus exhibiciones en las fiestas celebradas en la estancia son proverbiales: pueden apagar una cerilla desde veinte metros, disparan parados, sentados o acostados... y no yerran; los paisanos comentan en voz baja: “El que se mete contra los Kennedy muere”. Una exageración porque hasta las jornadas de enero de 1931, los Kennedy están limpios de sangre, como se decía entonces; no han matado a nadie y si alguna vez pelearon lo hicieron con los puños o con el rebenque, pero nunca dispararon contra nadie: son radicales, estancieros y argentinos, no pistoleros; son amigos de los amigos, les gusta compartir copas con los paisanos, de vez en cuando se entusiasman con alguna partida de póker, sus carneadas en las estancias son reconocidas en toda la región, les gusta bailar, cortejar mujeres y disfrutar de la buena música, por esas virtudes los respetan y los quieren. “Los Kennedy no conocen el miedo”, comentan los paisanos con admiración; pero, como dicen quienes lo conocen, Mario sencillamente no cree que el miedo exista.

Los hermanos Kennedy y el honor de ser valientes

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