Edición del Jueves 22 de setiembre de 2016

Edición completa del día


Vignatti y Cardozo fueron clave en su llegada...

Descansa en paz el hombre que no vendió espejitos de colores

Miguel Ángel Gambier fue líder adentro y afuera de la cancha, fue clave para ascender y pateó uno de los penales con mayor tensión de la historia de Colón. “En Colón fui feliz”, dijo, entendiendo que quien siembra, cosecha. Tenía 57 años.

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1 EL PRIMER GRITO EN LA FINAL ANTE SAN MARTÍN.

De zurda, en el arco de la Jota Jota Paso. Fue el dueño del primer desahogo en aquella tarde inolvidable. Foto: Archivo El Litoral

 

Enrique Cruz (h)

Era una mañana soleada cuando “el Pampa” Gambier llegó a Santa Fe. Al mediodía lo llevaron al tradicional comedor de Bulevar y San Jerónimo, hoy con otro nombre. Se sentó muy cerca de un hombre que fue importante en su llegada, Rubén Cardozo. “Vengo a ponerle punto final al sufrimiento de esta gente”, dijo en un tono quizás desbordante de entusiasmo y optimismo. Años más tarde, cuando él mismo eligió una foto festejando un gol con la camiseta de Colón para que se construya una gigantografía en la entrada a su pueblo bonaerense pero casi pampeano, Pellegrini, dijo: “Colón fue el lugar en el que fui feliz”. Sabía perfectamente al lugar al cual llegaba y los riesgos que corría. Eran tiempos en los que Colón generaba, de entrada, ilusiones y sueños que luego se pulverizaban y se escurrían como agua entre las manos, quedando abiertas grandes heridas de su gente. Estaba muy fresca la derrota del día de los penales en Córdoba, el año anterior. Pero ya José Néstor Vignatti había tomado debida nota en el año y medio de experiencia que llevaba al frente del club. Y armó un gran equipo.

No tengo dudas que Miguel Ángel Gambier y “el Loco” González ocuparon el centro de la escena en aquel Colón de Chabay. Hubo otros que acompañaron en gran forma. Pero “el Pampa” se metió rápidamente a la gente en el bolsillo. Lo hizo a fuerza de goles, de profesionalismo, de sabiduría. No vino a engañar a la gente, como tantos otros que vendían espejitos de colores prometiendo cosas que ellos mismos no podían sustentar con el paso del tiempo y de los partidos. Lo de Gambier fue totalmente distinto. Metió goles, fue un emblema de ese equipo, dejó recuerdos imborrables.

El 29 de julio de 1995, en la segunda final con San Martín de Tucumán, pegó dos gritos gloriosos, uno en cada arco del Brigadier. El primero tranquilizó los ánimos y el segundo —tercero del equipo— fue el que selló la esperada e histórica gesta. Y cuando parecía que su vida útil se agotaba en ese ascenso —ya andaba por los 35 o 36—, Vignatti lo dejó en el plantel para que juegue en Primera. Estaba el Turco García, había llegado Vidal González, aparecía la juvenil y prometedora figura del Tuca Risso, pero también estaba el Pampa.

Hasta que llegó el 23 de junio de 1996. Partido con Belgrano en el Centenario. Mucha gente no quiso mirar el penal del Pampa. Antes, Cuberas había puesto en ventaja al equipo que por entonces dirigía Rezza y Tosello, también de penal, lo había empatado sobre el final de los 90 reglamentarios. Labarre cometió una infracción adentro del área y pocos se animaban a tomar la pelota. Totó García fue uno de los que pretendió hacerlo, pero enseguida llegó “el Pampa” con su voz firme para arrebatársela de las manos y asumir la responsabilidad. Muchos se habían ido de la cancha después del gol de Tosello, algunos volvieron cuando escucharon el grito de la gente y de los que estaban, la mayoría no quiso mirarlo. Lo ejecutó con una precisión de cirujano y con una maestría poco común frente a un momento decisivo y tenso.

El tiempo y la vida lo alejaron físicamente de Santa Fe, pero el espíritu del “Pampa” siempre se quedó. Fundaron una agrupación con su nombre, como para que las generaciones venideras sepan quién fue ese hombre que le puso punto final al sufrimiento y las penurias de tantos años. Hoy descansa en paz. Pero su nombre, sus goles, el afecto y el reconocimiento de la gente, todo eso, nunca morirá.

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2 EL SEGUNDO GRITO DE ESA FINAL QUE TANTO SE FESTEJÓ.

Colón ganaba el partido, pero nadie quería gastar a cuenta. A poco del final del partido, “el Pampa” lo hizo posible. Foto: Archivo El Litoral

análisis

por Enrique Chávez (*)

Era su profe y su amigo

  • Ayer, cuando me enteré, me volví a mi casa porque se me caían las lágrimas y no tenía ganas de hacer más nada. “El Pampa” fue un amigo. Cuando él vino, yo vivía en Arroyo Leyes y la primera casa en la que apareció fue en la mía. Se iba a hablar conmigo y lo acompañaban “el Flaco” Vivaldo y “el Patón” Mainardi.

Recuerdo que la presentación de ese plantel se hizo en Rincón, en la quinta del “Cabezón” de Sanctis. Estaban todos los jugadores, los dirigentes y Rubén Cardozo. La relación con él fue bárbara, confió mucho en mí, calculo que fue porque eran sus primeros contactos fuera de su entorno.

Otro recuerdo fue el de los primeros tres o cuatro partidos, en los que no hacía goles y estaba muy mal. Un día tiró los botines, se sacó la ropa y me dijo: “Profe, yo no vengo a robar acá, yo vengo a hacer goles”. Y se fue. No atendía el teléfono. Estaba viviendo en Obispo entre San Martín y 25. La señora me dijo que no quería saber nada y le dije que se deje de embromar y que baje un cambio. Al otro día lo fui a buscar y me dijo que se iba en su auto al entrenamiento. Se enfrió y ahí empezó a hacer goles.

Yo era su profe y su amigo. Un grande con todas las letras. Así como hacía goles, tenía amigos. Tremendamente simpático, entrador, era el líder de ese equipo, se lo respetaba muchísimo. La sola presencia era para respetarlo. Y cada vez que las cosas no salían, era el primero en hablar, hacerse cargo y decir las cosas de frente. Para mí, su muerte es una gran tristeza.

(*) Preparador físico del equipo que consiguió el ascenso en 1995.

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3 CUANDO VISITÓ "CAFÉ CON FÚTBOL" EN CABLE & DIARIO.

Era un tipo sencillo, de conceptos claros, con mucha personalidad adentro de la cancha y muy afable fuera de ella. Por eso, lo quisieron tanto. Foto: Mercedes Pardo


Así lo despidió Colón

“El Club Atlético Colón, participa con muchísima tristeza y congoja por la partida de un futbolista que forjó una de las páginas más importantes de nuestro club, pero por sobre todo, por el fallecimiento de una persona humilde, sencilla y de un corazón inigualable.

Del mismo modo, la institución acompaña a la familia en este doloroso momento y envía las condolencias para que encuentre consuelo y resignación. Los sabaleros, jamás te olvidaremos ¡Hasta siempre Pampa!”.

TWITTER

Ha fallecido “el Pampa” Miguel Ángel Gambier, goleador al que enfrente muchas veces, mis condolencias y abrazo para su familia y amigos.

@Navarro Montoya

QEPD... pampa Gambier, ¡símbolo colonista!

@cabezonmarini

El Club Unión expresa su más sentido pésame por el fallecimiento de Miguel Ángel “el Pampa” Gambier y acompaña a su familia en este momento.

@clubaunion

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4 CON GABRIELA SABATINI

y compartiendo la foto con “Chupete” Marini y “el Negro” Ibarra, dos reliquias de las inferiores sabaleras. Foto: Archivo El Litoral

En cifras

31

Goles

Fueron los que marcó en Colón, en 62 partidos. Su promedio de un gol cada dos partidos marca a las claras su gran capacidad goleadora.

58

Goles

En Primera División: Independiente, Gimnasia, Platense, Rosario Central, Lanús y Colón.

78

Goles

En el ascenso: Deportivo Morón, Lanús, Colón y Los Andes.

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Aquella tarde de nervios...

Colón jugó un partido clave con Belgrano en Santa Fe y Castrilli le dio un penal al rival y otro a Colón en el final del mismo. “El Pampa” se cargó la responsabilidad y lo ejecutó con maestría. “Che, el arquero casi me lo ataja”, le dijo en sorna a los compañeros en el vestuario. Lejos estuvo Labarre de hacerlo. El festejo es con Cuberas y Muller. Foto: Mercedes Pardo

¿Por qué el apodo “Pampa”?

Miguel Ángel Gambier nació y murió en Pellegrini, provincia de Buenos Aires (sus restos fueron velados hoy a las 10). Pero muchos se confunden creyendo que había sido en La Pampa. De allí la duda que surge con el origen de su apodo.

El 10 de marzo de 1984, por la sexta fecha del torneo de la B, convirtió el gol de la victoria de su equipo (Deportivo Morón) ante Racing Club, quitándole el invicto en la divisional. Finalizado el partido, Víctor Hugo Morales le realizó una nota en el vestuario. Le pidió ubicar su pueblo, muy cercano al límite con la provincia de La Pampa. Ahí nació su apodo: El Pampa.



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