Edición del Miércoles 11 de enero de 2017

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Reseña de “La ballena”, de Cecilia Moscovich

Travesura de navegación en el litoral

Por Diego Oddo (*)

“La ballena” (Iván Rosado, 2016) narra dos cosas a la vez: la peripecia de un ballenato austral encallado en las aguas del río Uruguay y el duelo que un joven docente llamado Marcos atraviesa por la reciente muerte de su padre. El relato, al mismo tiempo, contrapone a su brevedad la espesura propia de las palabras significativas, lo que lo convierte en un texto cuya virtud radica más en la hondura que en la extensión. Las dos historias se intercalan a lo largo del texto hasta que empiezan a operar conjuntamente. De ahí en más, se convierten en una y la misma.

La ballena aparece por primera vez en una diapositiva que Marcos encuentra en el museo del colegio en el que acaba de conseguir trabajo. La imagen lo desconcierta y fascina al mismo tiempo: se trata de dos hombres con sombreros parados al lado de una ballena que no se sabe si está viva o muerta. En sus horas de soledad e insomnio, en pleno tránsito de su duelo, Marcos se entrega a la tarea investigar sobre esta diapositiva. La imagen funciona para el protagonista al modo de un jeroglífico, disparándole enigmas que lo impulsan a investigar todo lo posible sobre ballenas. Tiempo después escucha en la radio la noticia de que en el río Uruguay había aparecido una ballena. En el instante mismo, algo se enciende en Marcos: llama a su amigo Pablo para decirle que tienen que ir a verla. Ahí comienza una travesía que los vuelca a navegar en kayaks hasta lograr el avistaje. La escritura de Cecilia Moscovich tiene la capacidad de arrancar a los objetos de su trivialidad mundana y ubicarlos a la altura de su valor simbólico. A lo largo de la nouvelle abundan los ejemplos. No es cualquier tarea a la que Marcos se dedica en la escuela. Tiene a su cargo ordenar el museo, que es el lugar adonde van a parar las cosas que de alguna manera han muerto. Al mismo tiempo la ballena es un animal pesado y enorme que se encuentra indefenso y perdido en el agua dulce del litoral argentino. Un animal perdido que no encuentra la salida al mar, en un laberinto de ríos. Tal es la situación de Marcos en la travesía de su duelo.

Pero también encontramos presente un simbolismo en el título de la nouvelle. La ballena no es cualquier animal para la literatura ni para la mitología. Inmediatamente, recordamos la travesía del capitán Ahab tras la ballena Moby Dick, texto clásico de la novela de navegación. Este género, absolutamente desaprovechado en nuestras tierras y aguas del Litoral, encuentra en “La ballena” algunas resonancias que valen la pena rescatar. Cabe señalar también que la novela de navegación tuvo, no hace mucho tiempo, otra encarnación en “El espíritu del joven Borja” de Fernando Callero. La novela narra la aventura de Marco, un joven argentino que consigue trabajo como marinero en el Alba, una embarcación de burgueses españoles que recorren las islas de Ibiza una y otra vez en aparentes paseos de vacaciones que en realidad, poco a poco, se revelan a los ojos de Marco como la obsesión del viejo capitán por encontrar el cuerpo de su hijo desaparecido en las aguas del mediterráneo. La obsesión de Ahab tras la ballena encuentra reverberación en la obsesión del viejo español tras el cuerpo de su hijo. A su modo, Cecilia Moscovich introduce una continuidad y una diferencia: la travesía es también navegando, pero esta vez en kayak, por los ríos del Litoral con la finalidad lúdica del avistaje del animal. Si algo reúne a estas tres aventuras es que en cada una, la pérdida (el duelo) opera como motor de la travesía. El capitán Ahab quiere cazar a Moby Dick para vengar la pérdida de su pierna; Don Rodrigo (capitán del Alba) busca el cuerpo perdido de su hijo en las paradisíacas islas del Mediterráneo, y Marcos, poco después de la muerte de su padre, se propone la insólita aventura del avistaje.

Podemos afirmar entonces que el gigante marítimo hace tiempo merodea las aguas del Litoral y que la nouvelle de Cecilia Moscovich reúne elementos que la ubican en un extraño y original territorio entre la aventura marítima y la travesía/travesura litoraleña. Al mismo tiempo, como ya está anunciado en su poemario “Barranca”, la autora supera la mera presencia del paisaje como un exterior pasivo e inmutable, incluyéndolo, más bien, como el territorio mismo en donde se desenvuelve la experiencia de los personajes.

(*) Licenciado en Psicología. Escritor.

La escritura de Cecilia Moscovich tiene la capacidad de arrancar a los objetos de su trivialidad mundana y ubicarlos a la altura de su valor simbólico.



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