Edición del Jueves 12 de julio de 2018

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Las razones de otro capítulo de este Mundial de las sorpresas

La camiseta “que es un mantel”, el técnico barato y el jugador parecido a Cruyff que escapó de las bombas

Croacia, nación joven, país chiquito y ambiciones grandes. Estuvo a punto de quedarse afuera del Mundial, cambió al técnico que venía dirigiendo desde antes del último Mundial y hace nueve meses contrató a un “desconocido” que lo llevó a un lugar inexplorado.

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Luka Modric, el chico que vio cómo mataban a su abuelo en la guerra y que debió huir con su familia. El jugador que en la cancha sabe todo y un poco más. No estaba entre los candidatos a ser la figura. Pero, como Croacia, está dispuesto a la gran sorpresa. Será un lindo duelo con Griezmann el del domingo.

 

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Moscú, Rusia)

deportes@ellitoral.com

Hay datos que no resisten ningún análisis. Salvo Uruguay, que tiene algo menos de 3 millones y medio de habitantes, todos los países campeones del mundo superan los 40. Sin ir más lejos, Alemania tiene una población de 83 millones. Nosotros superamos ya los 40, pero hace 32 años que no ganamos una copa del mundo. Supongamos que cuente que llegamos a la final en Brasil, hace cuatro años. Y supongamos que Croacia no pueda con Francia el domingo y se quede ahí, haciendo historia pero sin comer el gran banquete. Estamos hablando de una Selección de un país muy chiquito, que, además, se sobrepuso a problemas que van mucho más allá del fútbol y que tiene que ver con su anterior pertenencia al Reino de Yugoslavia y su lucha por la independencia que comenzó a partir de la muerte de Tito, en 1980 y que culminó en 1991 con la declaración como Estado libre y que culminó con aquella gesta denominada Operación Tormenta, que concluyó en 1995, logrando su cometido ante las fuerzas serbias.

Es decir que estamos hablando de hace poco más de 20 años. Con lo cual su historia futbolística es muy chiquita y arrancó muy bien: tercer puesto en el Mundial de Francia, perdiendo justamente con los locales —luego campeones— en la semifinal y ganándole a Holanda en el partido de los perdedores. Después, eliminaciones tempranas, incluida la última en Brasil, con 13 jugadores del actual plantel integrando ese equipo, incluido Mario Mandzukic, el autor del segundo gol con un disparo cruzado que dejó sin chances a Pickford. “No somos conscientes de lo que hemos hecho. No sé qué decir, no es normal, esto es un milagro. Esto solamente lo puede conseguir un gran equipo, un equipo valiente, que está jugando el torneo con un gran corazón”, dijo este hombre que hoy debe ser venerado a la altura de héroe nacional en el país chiquito y esperanzado.

Hay una situación muy particular que no debe ser pasada por alto: la edad de sus jugadores. A diferencia de Francia, que tiene una edad promedio de 25 años y jugadores extremadamente juveniles como Mbappé (apenas 19 años), la realidad de Croacia es diferente. A los 32 años de Modric —su gran figura— se le suman los 32 de Mandzukic, los 30 de Rakitic, los 33 de Subasic y los 29 de Lovren y Vida (silbado por los rusos por aquella declaración “¡Gloria a Ucrania!” que hizo luego de la victoria lograda ante los locales en cuartos de final, que cayeron muy mal y que obligaron a una reprimenda de la Fifa, celosa de que no se expresen cuestiones políticas en una competencia meramente deportiva).

Este tema, el de la edad avanzada de varios jugadores croatas, tiene también un fundamento muy claro y deportivo: mientras Francia consiguió avanzar a la final sin jugar alargues (venció a Argentina, Uruguay y Bélgica en los 90 minutos de juego), Croacia tuvo que jugar los 120 minutos en los tres partidos (a Dinamarca y a Rusia los terminó venciendo por penales, mientras que a los ingleses los derrotaron sin necesidad de la infartante definición desde los doce pasos). Es decir que en apenas dos semanas, mientras Francia comenzará su cuarto partido cuando se dé el pitazo inicial, podría decirse que Croacia iniciará su “quinto” encuentro, pues debió jugar tres alargues que totalizaron 90 minutos más. Y se puede sentir, máxime ante un equipo muy físico y más joven como el francés.

Cacic, el anterior entrenador, había dirigido a Croacia en el Mundial de Brasil. La temprana eliminación (perdió con Brasil y México en la fase de grupos y no alcanzó la goleada ante Camerún), más la salida en octavos de final ante Portugal en la Eurocopa de hace dos años, no hicieron mella en la confianza que depositaban en él. Sin embargo, hace nueve meses y con la clasificación para Rusia en sumo riesgo, resolvieron despedirlo y apareció Zlatko Dalic, este técnico sin muchos pergaminos, de 51 años y uno de los sueldos más bajos del torneo (o el más bajo: 46.000 dólares mensuales) para revertir la situación y clasificarla en el repechaje ante Grecia.

Dalic nació en Bosnia Herzegovina y deambulaba por Medio Oriente, sin que su paso como entrenador sonara firme y “comprador” en algún lado, hasta que recibió el sorpresivo llamado de la Federación croata. Basando su juego en la jerarquía indisimulable de dos verdaderos arquetipos de lo que significa jugar bien al fútbol —Modric y Rakitic—, Dalic hoy es llevado a la categoría de héroe por los croatas y cada tanto se mete la mano en el bolsillo para tocar el rosario que lo acompaña. “Soy muy creyente y Dios está siempre conmigo, no me abandona y me protege”, señaló en varias oportunidades, cuando lo consultan por ese gesto que parece de cábala pero que, en realidad, no es así.

“Y ya lo ve, y ya lo ve, tu camiseta, es un mantel”, cantaban los hinchas argentinos en la cara de los croatas aquella nochecita cálida, esperanzadora y luego frustrante de Hizhny Novgorod. Por el amplio bulevar de césped, plantas y flores impecables llegaba la marea de hinchas con la celeste y blanca impregnada de ilusión, más allá de aquel toque de atención inicial que nos dio Islandia en el estadio del Spartak, el día que Messi marró un penal. Confundidos entre esa multitud estaban los croatas, portando su camiseta tradicional, la de las cuadrículas rojas y blancas que la asemejan a un tablero de ajedrez... ¡o a un mantel! Hoy, esa camiseta es reemplazada por otra que mantiene las cuadrículas, pero con los colores negro y azul, tornándola tan oscura como bella.

Luka Modric es una de las grandes figuras, no la única sino la más relevante. Vivió en carne propia la guerra de Croacia. Había nacido y se criaba en una aldea que debió abandonar cuando era niño. “Luka vio con sus propios ojos cómo mataban a su abuelo. No tuvieron otra opción que huir a Zadar para no ser asesinados a través de los bosques y las montañas”, comenta el director deportivo del NK Zadar, Josip Bajlo.

Al llegar a Zadar y poner a salvo sus vidas, Modric vivió con su familia en el Hotel Kolovare. El dato no es caprichoso: fueron los empleados del hotel los que observaron sus grandes habilidades y se pusieron en contacto con los directivos del NK Zadar para que lo fichen. Algo que ocurrió inmediatamente. Allí se inició una carrera que tuvo sus grandes picos en el Real Madrid, club al que pertenece, y al que llegó por la insistencia de Mourinho luego del pago de 30 millones de euros, en 2012. A partir de allí, titular indiscutible abasteciendo a Cristiano Ronaldo y la friolera de: 3 Champions League, 3 Supercopas de Europa, dos Mundiales de Clubes, 1 Liga, 1 Copa del Rey y 2 Supercopas de España.

Cuando llegamos a Rusia, las discusiones sobre los candidatos se centraban en Alemania, España y Brasil picando en primera línea, Francia como gran rival y Bélgica como “opción de sorpresa”. Algunos, por Messi sobre todo, se animaban a decir que Argentina estaba en esa lista. Nadie mencionaba a Croacia. Y aquí está.

También cuando llegamos a Rusia, la lucha por el Balón de Oro al mejor jugador se circunscribía a Messi, Ronaldo y varias figuras más que se fueron quedando paulatinamente en el camino. Y aparece este chico —hoy no tan chico— al que muchos rechazaban cuando niño porque lo veían enclenque y que, según lo expresaron aquellos conserjes del hotel en el que vivió mucho tiempo con su familia, escapando de la guerra, “rompía más vidrios que las bombas serbias”. Algunos se animaron a decir que es el “Cruyff croata”. Parecido al tremendo jugador holandés de los 70 cuando en aquellos tiempos se ponía la camiseta del Ajax, la del Barcelona o la de la Naranja Mecánica, seguramente ha incorporado “tips” de aquel incomparable jugador, como el de saber moverse por todo el campo de juego, picando con inteligencia a los lugares vacíos y soportando con una entereza increíble los 55 partidos oficiales que lleva jugados en la temporada y que no lo hicieron flaquear en estas definiciones de largo aliento que debió jugar su Selección.



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