A 100 años de su nacimiento

Leda Valladares se erige como la célula primaria del folclore argentino

La tradición oral y el canto anónimo, célula primaria de la música popular argentina, encontraron en la poetisa e investigadora tucumana, cuyo cumpleaños es el sábado, la forma de persistir y vencer al olvido.

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Leda Valladares, en una imagen obtenida en el año 1998.

Foto: Archivo El Litoral

 

Redacción de El Litoral

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Télam

A modo de celebración se realizará un “Gran Bagualazo Nacional”, en el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, el sábado de 16 a 19 en Moreno 350. La cantante, música, actriz y educadora popular Miriam García, elegida por Valladares como su heredera y discípula, describió a Télam aquello que -para su maestra- constituía el acto de cantar.

“Para ella era como arrancarse los costados, entrar para afuera y salir para adentro. Era como darse vuelta en un canto desnudo”, afirmó.

“Elevó a las cantoras y los cantores originarios, con la caja bagualera en alto, como ofreciendo una luna preñada de coplas, salvándolas del olvido. Las preservó y las transmitió”, agregó.

Más cercana al oficio del antropólogo que al perfil del músico profesional, Valladares protagonizó un inmenso trabajo de rescate del patrimonio musical argentino, acaso la mayor herencia de la poeta que, tras padecer durante años el Mal de Alzheimer, murió el 13 de julio de 2012.

“Mi misión en la vida es reivindicar y desempolvar la historia de los héroes anónimos de la cultura popular: empleadas domésticas, peones rurales, músicos de desconocidas bandas municipales... El pueblo campesino nos enseña lo que los libros no dicen, lo que la cultura oficial ignora, lo que la petulancia desoye. Desde la experiencia de vida se hace temblar los cánones del docto”, reveló ella misma.

Leda, hermana de Rolando “Chivo” Valladares -otra figura indispensable del folclore- nació el 21 de diciembre de 1919 en Tucumán y aprendió de su padre a entrenar su oído musical.

Con ideas de libertad estética, Leda formó su primer grupo antes de cumplir los 20 años, acompañada por talentosos amigos y con un sentido lúdico como guía. Así creó F.I.J.O.S (Folklóricos, Intuitivos, Jazzísticos, Originales y Surrealistas) con Adolfo Abalos, Manuel Gómez Carrillo, Enrique “Mono” Villegas, Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Louis Blue.

Descubrimiento

Formada en lenguajes musicales ajenos a la tradición de su tierra, Leda siempre evocaba su primer contacto con la baguala: “Estaba en Cafayate, una noche de Carnaval y tenía 21 años. Me desvelaron tres mujeres que se detuvieron frente a mi balcón. Yo nunca había oído hablar de la baguala. Después de escucharlas me prometí recuperar semejante regalo de la tierra”.

“Tomé una especie de conciencia bastante trágica. Un país que estaba al borde de perder su historia, sus tradiciones, y nadie se daba cuenta que todo eso se estaba muriendo o ya estaba muerto”,recordaba.

Su etapa más difundida como intérprete y compositora fue la forjada con María Elena Walsh. Se instalaron en Francia en 1952 y trabajaron un patrimonio conformado por carnavalitos, bagualas y vidalas; además de desarrollar composiciones propias, un oficio que ambas cultivaron con originalidad.

En París grabaron sus primeros álbumes y se relacionaron con otros artistas, como la chilena Violeta Parra o la estadounidense Blossom Dearie.

De regreso a la Argentina, en 1956, Valladares y Walsh realizaron una extensa gira por el Norte argentino, en donde reunieron varias canciones que luego formaron parte de sus primeros discos: “Entre valles y quebradas I y II”, ambos de 1957, muy celebrados por el ambiente folclórico de la época.

Un aporte medular fue condensado en “Mapa musical argentino”, una recopilación de obras populares editadas entre 1960 y 1974 por el sello Melopea dirigido por Litto Nebbia. Fue una serie de 11 álbumes que documentaban la música del norte argentino.

“Con mi modesto grabadorcito a cuestas fui recogiendo el folclore desde Ecuador hasta Santiago del Estero. Con mucha paciencia, fui reconstruyendo el mapa musical del país, arrancando esos cantos de callejones, ranchos, valles, quebradas o corrales”, explicaba.

Esa antigua huella de canto y caja -que recogieron artistas contemporáneos como Liliana Herrero o Raúl Carnota-, Valladares también se la enseñó a músicos de las orillas del rock como Fito Páez, Pedro Aznar, León Gieco y Gustavo Santaolalla.

Con sentido crítico asistió al florecimiento de la presunta ‘renovación‘ folclórica que las discográficas promovieron en los 90.

“¿Quiénes son los que representan la renovación folclórica? Si (Soledad) quiere ponerse en contacto con las raíces, tiene que cambiar de ruta”, advertía con severidad.Afectada por el Alzheimer, Valladares se retiró de la vida pública en 1999.

“El aporte de Leda Valladares al folclore fue infinito pero nunca valorado”, evalúa Miriam García, su discípula, con mirada crítica sobre ese espacio natural y a la vez esquivo.‘Antes de mirar el mundo me puse a oírlo‘, dijo una vez Valladares. Esa posición atravesó su obra y su vida.