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Miércoles 22.07.2015 - Última actualización - 10:50
10:48

El pedido de los chicos del barrio

"Señor intendente: ¿nos regala una placita?"

En La Nueva Tablada no hay plazas. Los chicos se las ingenian de distintas maneras para no aburrirse. Hay quienes sacan sillas y se ponen a escribir y quienes agarran una gomera y salen a “cazar” pajaritos. Pero todos desean lo mismo: una placita con juegos para el barrio.

Son chicos y quieren jugar. Noelia, Yuliza, Nicole y David, los cuatro chicos que estaban “practicando las letras” en el predio donde desean tanto un espacio con juegos. Foto: Mauricio Garín




El pedido de los chicos del barrio "Señor intendente: ¿nos regala una placita?" En La Nueva Tablada no hay plazas. Los chicos se las ingenian de distintas maneras para no aburrirse. Hay quienes sacan sillas y se ponen a escribir y quienes agarran una gomera y salen a “cazar” pajaritos. Pero todos desean lo mismo: una placita con juegos para el barrio. En La Nueva Tablada no hay plazas. Los chicos se las ingenian de distintas maneras para no aburrirse. Hay quienes sacan sillas y se ponen a escribir y quienes agarran una gomera y salen a “cazar” pajaritos. Pero todos desean lo mismo: una placita con juegos para el barrio.

A las diez de la mañana, las calles de La Nueva Tablada estaban vacías. Es que hacía frío, mucho frío. Según la radio, 12º C de temperatura. De repente, cuatro chicos entraron en escena. Estaban lejos, va... del otro lado de una manzana verde donde seguramente en los orígenes del barrio se proyectó la construcción de un centro de salud, una escuela y una plaza.

Desde unos cien metros de distancia, se veía que estaban concentrados. Parecía el aula de una escuela, nada más que a la intemperie y con un mobiliario escolar completamente diferente: sillas plásticas en lugar de mesas y cubiertas de autos como sillas. Los chicos estaban en fila, y cada uno haciendo lo suyo sobre un papel. Al menos eso era lo que podía observarse desde lejos.

Ya con ellos, Crónicas de Barrio corroboró lo que veía. Los cuatro chicos estaban “practicando las letras”. Tenían El Litoral y elegían títulos que luego plasmaban en su papel. Ellos eran Noelia, Yuliza, David y Nicole.

“Somos amigos y estábamos aburridos. Por eso nos pusimos a practicar las letras. Lo hacemos seguido, y también dibujamos”, contó Nicole, una de la más grande del grupo.

Los cuatro chicos son alumnos de la escuela Ravera, de barrio San Agustín. Van de tarde, por lo que todas las mañanas se juntan en ese pulmón verde para jugar o, mejor dicho, para ver qué pueden hacer para no aburrirse.

“A nosotros nos gustaría que nos regalen una plaza”, dijo en voz baja y tímidamente uno de los chicos. Hablaba en nombre de todos. Las caritas de los demás afirmaban sus palabras. Es que sí, son chicos. Y quieren jugar.

“Sería muy lindo porque podríamos divertirnos. Practicar las letras nos gusta, pero llega un momento en que nos aburrimos y no sabemos qué hacer”, aportó Nicole. Ese es el momento en que algunos chicos, sobre todo varones, agarran una gomera y salen a “cazar” pajaritos.

El espacio lo tienen. Es el pulmón verde de la Nueva Tablada, un sector que incluso años atrás fue noticia por un intento de usurpación que la Municipalidad frenó. Sólo faltan los juegos. Hamacas, toboganes, sube y baja, calecitas... juegos comunes en las plazas de los barrios más céntricos, pero que en La Nueva Tablada las generaciones más chicas no conocen y que son fundamentales en cualquier infancia.

A las 10.30, Crónicas de Barrio los dejó. “Practicando las letras”, como ellos dijeron; pero ahora con una esperanza al haber hecho público su mayor deseo de una plaza para los chicos: “Que un camión cargado de juegos los sorprenda alguno de estos días.”




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